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Prevenir la obesidad infantil es una tarea urgente

Diabetes, hipertensión y otras enfermedades pueden ser consecuencia del sobrepeso en los niños

La salud nutricional de los costarricenses se ha convertido en un tema preocupante, estudios han colocado a Costa Rica como el segundo país con mayor aumento en los índices de obesidad de la región. Situación que también está impactando a la población infantil.

Según información del Censo Escolar de Peso y Talla del 2016, un 34% de los niños presentaban problemas de sobrepeso, de los cuales el 14% ya mostraron una condición de obesidad.

“Un niño que a la edad de 5 años llegue con sobrepeso u obesidad va a presentarlo muy probablemente en la edad adulta. Ya desde que son niños están presentando enfermedades crónicas como por ejemplo la hipertensión, la diabetes, problemas cardiovasculares, entonces es sumamente preocupante”, explica Cinthya Rodríguez Rojas, nutricionista y vocera del Colegio de Profesionales en Nutrición.

Para incentivar un cambio en la comunidad costarricense, el Patronato Nacional de la Infancia en conjunto con el Colegio de Profesionales en Nutrición y el centro Territorio Psicológico, han desarrollado la campaña Cuídame Nutritiva-mente, para impulsar los buenos hábitos de alimentación desde la niñez. 

Nutricionista Cinthya Rodríguez Rojas. Vocera del Colegio de Nutricionistas.

En primer lugar, es necesario aclarar varias creencias que se tienen respecto a la alimentación de los niños. Una de las más populares es que un niño gordito o rellenito es sinónimo de un niño sano. Sin embargo, la nutricionista explica que “la forma en que vemos al niño no necesariamente nos indica el estado de salud que presenta este niño”.

Por ello es necesario realizar un trabajo de conciencia sobre la forma en la que se está alimentando la familia y considerar la opción de acudir a una consulta con una nutricionista.

Cambiar los hábitos en familia

Tanto por prevención como en caso de que ya exista una situación de sobrepeso, es importante que el cambio de hábitos sea un proceso que se lleve en familia, incluso verlo como una oportunidad para que todos mejores su salud.

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“Los padres madres o cuidadores lo que pueden hacer es empezar a comprar y adquirir productos más saludables. ¿En qué vamos a ayudar con eso? Que si vamos a abrir el refrigerador el niño pueda encontrar frutas y alimentos nutritivos y no comprar tanto los productos industriales que son los que tienen más cantidad de azúcar y grasa”, aconseja la nutricionista.

Además indica que es recomendable “hacer las comidas en familia, evitar los juegos electrónicos, darle a los niños las porciones adecuadas para su edad, el consumo de agua es muy importante para ellos y la actividad física”.

Priorizar el aspecto psicológico

Los desórdenes en la nutrición pueden estar muy ligados a los procesos psicológicos del niño o la niña. Por ello a la hora de considerar cambios en los hábitos alimenticios hay que acompañar el proceso de manera integral con una conciencia por el aspecto emocional del infante.

Para la psicóloga Paola Vargas Gómez de Territorio Psicológico, es innecesario y muy negativo hacer comentarios despectivos o comparativos referentes al estado físico del niño o la forma en que se alimenta. .

Vargas insiste en comprender este proceso de manera integral. Explica que “tiene que haber un balance entre actividad física, nutrición y psicología, no podemos separar ninguno porque si yo solamente fomento actividad física, en la parte nutricional que pasa, si yo solamente estoy con la parte de nutrición y me siento ansioso, y el comer diferente me genera estrés yo necesito a alguien que me enseñe y que me de herramientas”.

Psicóloga Paola Vargas Gómez. Territorio Psicológico.

Desde la psicología, además se debe comprender dónde nace la sensación de la culpa al comer. Vargas amplía en que “la culpa es una emoción que no tiene porqué estar ligada a un alimento, ninguna emoción debería asociarse con un alimento. Lo que pasa es que cuando yo siento culpa es porque como en exceso. Si yo comiera simplemente para satisfacer la necesidad de nutrientes que tengo no tendría culpa. La culpa se presenta cuando yo experimento hambre emocional y el hambre emocional empieza en la cabeza”.

Las especialistas aconsejan atender esta situación de manera responsable y cuanto antes, incluso aprovecharla como una motivación para toda la familia y proyectar unos hábitos más saludables y sostenibles en el corto y largo plazo.

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Karla Olivares Hidalgo
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Periodista y productora audiovisual graduada de la Escuela de Ciencias de la Comunicación Colectiva, estudiante de la Facultad de Letras de la Universidad de Costa Rica.

 

Sobre el autor Karla Olivares Hidalgo

Periodista y productora audiovisual graduada de la Escuela de Ciencias de la Comunicación Colectiva, estudiante de la Facultad de Letras de la Universidad de Costa Rica.
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