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Sustancias químicas se relacionan con obesidad infantil

Estudio relaciona la exposición temprana a sustancias químicas, pesticidas, metales y otros disruptores endocrinos con obesidad infantil y adolescente

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La exposición durante el embarazo y la infancia a mezclas de sustancias químicas podría estar relacionada con un mayor riesgo de obesidad en niños y adolescentes, según una investigación publicada recientemente en la revista científica Environment International.

El estudio analizó a 1.301 parejas de madres e hijos pertenecientes a seis cohortes europeas, con el objetivo de investigar la relación entre la exposición temprana a sustancias químicas disruptoras endocrinas y diferentes indicadores de adiposidad durante la niñez y la adolescencia.

La investigación publicada en ScienceDirect fue retomada por Children’s Health Defense y destacó la posible relación entre la exposición a estos compuestos y el exceso de peso infantil.

¿Qué son los disruptores endocrinos?

Los llamados disruptores endocrinos son sustancias capaces de interferir con los sistemas hormonales del organismo. Algunas de ellas están presentes en productos y contaminantes ambientales a los que las personas pueden estar expuestas desde etapas tempranas de la vida.

En la investigación se analizaron 45 sustancias químicas pertenecientes a nueve clases, entre ellas sustancias perfluoroalquiladas y polifluoroalquiladas (PFAS), ftalatos, pesticidas organoclorados, bifenilos policlorados (PCB), retardantes de llama, metales, parabenos y fenoles como el bisfenol A (BPA) y el triclosán.

El interés de los investigadores está relacionado con que las exposiciones durante el embarazo y los primeros años de vida pueden coincidir con períodos de rápido desarrollo y cambios metabólicos.

Pesticidas, PFAS y metales aparecen entre las asociaciones estudiadas

Uno de los principales hallazgos fue que determinadas mezclas de metales y pesticidas organoclorados durante el embarazo estuvieron asociadas con mayores valores de índice de masa corporal (IMC) durante la infancia y la adolescencia.

Los investigadores calcularon además un aumento de entre 47% y 48% en las probabilidades de sobrepeso asociado con determinadas exposiciones prenatales.

La exposición prenatal a PFAS, conocidos popularmente como “químicos permanentes” por su persistencia ambiental, también se relacionó con un mayor porcentaje de grasa corporal tanto durante la infancia como en la adolescencia.

Debido a su uso masivo en la industria desde la década de 1940, las PFAS están presentes en numerosos productos de uso cotidiano y en el medio ambiente tales como:

  • Utensilios de cocina: Sartenes y ollas antiadherentes (como el teflón).

  • Envases y alimentos: Envoltorios de comida rápida, cajas de pizza o papeles encerados que repelen la grasa, así como en alimentos cultivados en suelos o con agua contaminada.

  • Textiles y ropa: Prendas impermeables, alfombras y telas tratadas para repeler manchas.

  • Productos de higiene y hogar: Hilos dentales, cosméticos (maquillaje resistente al agua), ceras para pisos, pinturas y limpiadores.

  • Espumas contra incendios: Utilizadas frecuentemente en aeropuertos y bases militares, siendo una fuente importante de contaminación del agua subterránea.

  • Agua y fauna: Se han detectado rastros de PFAS en el agua potable de muchas regiones, así como en peces y animales silvestres debido a la acumulación progresiva en la cadena alimentaria.
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Por otra parte, determinadas exposiciones ocurridas durante la infancia —entre ellas a fenoles y ftalatos de alto peso molecular— estuvieron asociadas con mayores indicadores de adiposidad durante la adolescencia.

Los ftalatos y los fenoles son sustancias químicas sintéticas que se usan mucho en la industria y actúan como disruptores endocrinos (alteran las hormonas del cuerpo). Los ftalatos son compuestos químicos añadidos a los plásticos (sobre todo al PVC) para darles flexibilidad, suavidad y durabilidad. También sirven como disolventes en fragancias. Se encuentran, por ejemplo, en:
  • Envases de plástico, botellas de agua, recipientes de comida y películas adherivas (film transparente).
  • Juguetes infantiles, mangueras de jardín y pisos de vinilo.
  • Productos de cuidado personal y cosméticos como esmaltes de uñas, lacas de cabello, champús y perfumes.

La investigación analizó diferentes etapas de la vida

Una particularidad del estudio es que no se limitó a observar el peso de los niños en un único momento.

Los investigadores estudiaron indicadores de adiposidad durante la infancia, entre los 6 y 11 años, y la adolescencia, entre los 12 y 18 años. Además del IMC, consideraron la circunferencia de la cintura y el porcentaje de grasa corporal.

Los resultados sugieren que algunas exposiciones ocurridas antes del nacimiento pueden estar relacionadas con características metabólicas que permanecen durante años. El estudio también encontró evidencia de que determinadas proteínas relacionadas con procesos inflamatorios y metabólicos podrían participar en parte de estas asociaciones.

En el caso de la exposición prenatal a metales, los investigadores estimaron que un patrón de proteínas inflamatorias y metabólicas podría mediar aproximadamente 30% de la asociación observada con el IMC durante la adolescencia.

¿Significa que estos químicos causan obesidad?

No necesariamente.

El estudio encontró asociaciones estadísticas, pero sus resultados no permiten afirmar que una exposición específica sea, por sí sola, la causa de la obesidad de un niño.

La obesidad infantil es un fenómeno complejo en el que intervienen múltiples factores, entre ellos alimentación, actividad física, condiciones sociales, genética, sueño, ambiente y otros elementos metabólicos. Precisamente por eso, los investigadores estudiaron mezclas de sustancias químicas en lugar de analizar únicamente un compuesto aislado.

Los autores señalan que los resultados aportan evidencia sobre posibles mecanismos mediante los cuales las exposiciones ambientales tempranas podrían relacionarse con el desarrollo de obesidad, pero también plantean la necesidad de continuar investigando estos vínculos.

Un problema que trasciende la alimentación

El estudio pone el foco en una dimensión adicional de la obesidad infantil: el ambiente químico en el que se desarrolla una persona.

La investigación forma parte del proyecto Human Early Life Exposome (HELIX), que estudia exposiciones ambientales durante las primeras etapas de la vida. Los investigadores consideran especialmente relevante analizar los efectos combinados de diferentes sustancias, debido a que las personas no están expuestas normalmente a un único compuesto.

El trabajo publicado en Environment International concluye que las mezclas de sustancias disruptoras endocrinas durante períodos tempranos de la vida podrían estar relacionadas con cambios en procesos metabólicos e inflamatorios asociados con la adiposidad.

Estos resultados abren una línea de investigación que podría tener implicaciones para la prevención de la obesidad infantil y para la evaluación de sustancias químicas presentes en el ambiente, particularmente durante el embarazo y los primeros años de vida.

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