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Sobrevivir a la ley de la selva

La competencia y la búsqueda de la realización personal han ido acabando con la felicidad de muchos.

Vivimos en un mundo altamente competitivo y cargado de exigencias, el tener ha superado al ser. Debemos tener un título profesional, unos bienes, unas aptitudes deseables y además ganarle al otro.

Sin embargo, cada día más personas en búsqueda de esta realización personal se encuentran con altos niveles de estrés, frustración ante la realidad y hasta depresión.

¿Somos presa de nuestra propia lucha?

Para el filósofo de la Universidad de Costa Rica (UCR), Luis Diego Cascante, el punto central de esta dinámica está en la negación de nuestra propia naturaleza. En un principio nuestros genes responden a un sentido de la comunidad más que de la individualidad:

“No somos islas, somos archipiélagos, y entender que vivimos en conjunto y que pertenecemos a una especie que es un phylum, es decir que es un conglomerado, nos hace entender mejor nuestra condición de especie. ¿Dónde nos realizamos plenamente? En la unión o con la unión de los otros. No hay otra manera.”

Sin embargo, esta premisa no parece ser la norma. Salimos al espacio social y tenemos un constante estado de urgencia por alcanzar logros para acceder a un supuesto estado de bienestar.

“En lugar de estimular la solidaridad es la ley de la selva, y esto es un insulto para los animales porque dependiendo de las especies, en general entre ellas, son absolutamente solidarias”, afirma Cascante.

Cascante explica que la empatía propia de nuestra naturaleza humana se ha modificado por una permanente exposición a un lenguaje de violencia y competencia como criterio de vinculación entre pares. Lo cual resulta beneficioso para los intereses de las esferas económicas.

“Todo se reduce a un problema de carácter económico que tiene que ver con tener éxito económico y todos los demás éxitos se subordinan a este. Cuando yo creo que el éxito económico es la prioridad yo no puedo ver amigos y personas cercanas, veo enemigos y competidores” asegura el filósofo.

Repensar la solidaridad

Luis Diego Cascante, filósofo de la Universidad de Costa Rica

Re-configurar nuestra percepción de la realidad, es una necesidad para liberarnos de la presión causada por la idea de que venciendo al otro voy a encontrar algún grado de felicidad o plenitud.

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“Cuando yo entiendo mis condiciones, mis posibilidades y las de las demás, despliego como mecanismo de protección la solidaridad”, explica Cascante.

Liberarse de esta búsqueda, que no tiene un punto final -pues nunca llegaremos a tal grado de satisfacción bajo un comportamiento de defensa e individualismo- permite entender que la realidad vivida es compartida y no existe necesidad de calificar la propia existencia o posicionarse en un escalón superior de perfección sobre los demás.

“Ninguna vida es perfecta, simplemente es una vida, y cuando yo hablo de la idea de perfección es una idea límite, demasiado redonda”, dice el filósofo.

La solidaridad hacia los demás inicia con un sentimiento de compasión hacia mi propia persona. Comprender que mi desarrollo social, económico o emocional es un proceso, me permite una vivencia sin agredirme ni violentar al otro.

El filósofo, profesor de Cosmología en la UCR, profundiza sobre reconocimiento de nuestra condición humana y lo que implica. “Hemos nacido sin que nos hayan preguntado, hemos crecido unos más acompañados que otros, algunos se han reproducido, si tienen suerte, y finalmente todos moriremos. Darse cuenta por capricho de que no estamos llamados naturalmente a la inmortalidad puede ser una de las maneras de aprender a tolerar a través de la religión, a través de los momentos hermosos, a través del amor o a través de otras circunstancias, que aunque las cosas no estén como un quisiera que estén, es posible mirar algún encanto en medio de esa turbulencia que implica vivir”.

Cortar con la frustración

Visualizarnos como comunidad y aceptar la necesidad de una dinámica colaborativa es un primer paso, pero ciertamente amerita una reconfiguración de la percepción de mundo.

Cascante recomienda expandir nuestro entendimiento a través del hábito de la lectura que “siempre es un buen modo de recrear escenarios, de repensar situaciones, de reestructurar vidas. La literatura siempre, o por lo general, le dice algo a la persona”.

Además, asegura que la filosofía como herramienta de análisis crítico “permite entender mejor dónde estoy, qué debo hacer y hacia donde voy, sin dar recetas, es decir de una manera abierta”.

Finalmente, la ley de la selva es solo una concepción creada en la mente del humano, liberarnos de este yugo opresor que nos roba los momentos hermosos, la convivencia sana y la vida misma, es nuestro trabajo y el camino hacia una verdadera realización.

Karla Olivares Hidalgo
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Sobre el autor Karla Olivares Hidalgo

Periodista y productora audiovisual graduada de la Escuela de Ciencias de la Comunicación Colectiva, estudiante de la Facultad de Letras de la Universidad de Costa Rica.
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