
La investigación, publicada en la revista Environment International, encontró que la intensidad de uso de plaguicidas en los cultivos costarricenses supera ampliamente los promedios mundial y centroamericano. Limón registra los niveles más elevados, mientras que los investigadores advierten sobre el deterioro de indicadores de peligrosidad para organismos acuáticos.
Costa Rica utiliza, en promedio, 21,91 kilogramos de ingredientes activos de plaguicidas por hectárea de terreno cultivado al año, una intensidad que supera más de 10 veces el promedio mundial y triplica el de Centroamérica, según una investigación científica publicada en 2026 en la revista internacional Environment International.
El estudio, titulado Grounding pesticide use intensity and hazards with real-world data: Toward correcting global models in tropical agriculture (Fundamentación de la intensidad y los peligros del uso de plaguicidas con datos del mundo real: hacia la corrección de los modelos globales en la agricultura tropical), analiza el uso de estos productos en Costa Rica y cuestiona algunas de las estimaciones nacionales e internacionales que se utilizan para medir la dependencia de los sistemas agrícolas de los agroquímicos.
La investigación fue elaborada por Soledad Castro Vargas, vinculada a la Universidad de Zúrich, Santiago Alvarez Fernandez, investigador independiente, y Ryan E. Galt, de la Universidad de California en Davis, Estados Unidos.
Los resultados muestran que el uso promedio de plaguicidas en las tierras de cultivo costarricenses alcanza los 21,91 kilogramos por hectárea, frente a un promedio mundial de 2,18 kilogramos y uno centroamericano de 7,16 kilogramos.
Esto coloca a Costa Rica entre los países con mayor intensidad de utilización de agroquímicos, una situación que adquiere especial importancia por las implicaciones que puede tener para los ecosistemas, los organismos que no son el objetivo de las aplicaciones y la salud humana.
La investigación también encontró diferencias importantes entre los indicadores utilizados para calcular el consumo de plaguicidas en el país. Estas discrepancias responden, principalmente, a las superficies agrícolas que se incluyen en cada cálculo.
¿Por qué el estudio reporta una cifra mayor que la oficial?
Uno de los aspectos más relevantes de la investigación es la explicación de por qué el promedio de 21,91 kilogramos por hectárea difiere de las cifras utilizadas por las instituciones nacionales.
El Ministerio de Agricultura y Ganadería (MAG) estimó un promedio anual de 11,04 kilogramos de ingredientes activos por hectárea de área agropecuaria para el periodo 2017-2023.
Por su parte, el Ministerio de Ambiente y Energía y el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) habían reportado estimaciones de 32,56 y 34,45 kilogramos por hectárea de tierras cultivadas, respectivamente, para el periodo 2012-2020.
Los investigadores explican que estas diferencias no necesariamente significan que alguna de las instituciones esté contabilizando incorrectamente las cantidades utilizadas. El problema está, en buena medida, en que no todas consideran la misma superficie para establecer el promedio.
Para comprenderlo, el estudio calculó que, cuando se incluyen tanto los cultivos como los pastos manejados, la intensidad promedio de uso de plaguicidas es de 11,07 kilogramos por hectárea, una cifra prácticamente igual a la estimación del MAG.
Sin embargo, los pastos representan aproximadamente la mitad de la superficie agropecuaria considerada y tienen una utilización considerablemente menor de estos productos: alrededor de 1,04 kilogramos por hectárea.
Al excluir los pastos y analizar exclusivamente las tierras destinadas a cultivos, el promedio aumenta hasta los 21,91 kilogramos por hectárea.
Por eso, los autores consideran importante que las estadísticas nacionales distingan claramente entre el uso de plaguicidas en cultivos agrícolas y en pasturas. De esta manera, las comparaciones entre países e instituciones pueden realizarse utilizando criterios equivalentes.
Banano, piña y arroz entre los cultivos con mayor utilización
La investigación identificó diferencias importantes en la intensidad de uso de plaguicidas según el tipo de cultivo.
El banano encabeza la lista, con un promedio de 78,88 kilogramos de ingredientes activos por hectárea. Le siguen la piña, con 34,07 kilogramos; el arroz, con 33,88 kilogramos; el tomate, con 32,04 kilogramos, y la papa, con 30,42 kilogramos por hectárea.
Estas cifras corresponden a promedios estimados por cultivo y no deben interpretarse como cantidades aplicadas en todas las fincas o en cada ciclo productivo.
Los cinco cultivos mencionados representan una proporción importante de la superficie agrícola analizada y reflejan las diferencias que existen entre las actividades productivas en cuanto a sus necesidades de control de plagas y enfermedades.
El banano y la piña, dos de los principales productos agrícolas de exportación de Costa Rica, destacan por sus elevados niveles de utilización de agroquímicos.
El estudio también identificó que los fungicidas tienen un peso particularmente importante dentro de la carga de plaguicidas utilizada en el país, con especial protagonismo del mancozeb.
Limón concentra los niveles más elevados
La distribución geográfica del uso de plaguicidas es otro de los hallazgos relevantes.
Los investigadores encontraron una mayor intensidad de utilización en la región Caribe, particularmente en la provincia de Limón, donde predominan actividades agrícolas de exportación como el cultivo de banano y piña.
Según los resultados, Limón presenta niveles superiores a 30 kilogramos de ingredientes activos por hectárea cuando se incluyen los pastos en el cálculo, y cercanos a 60 kilogramos por hectárea cuando se consideran exclusivamente las tierras de cultivo.
Esta diferencia evidencia la importancia de analizar la distribución territorial de las aplicaciones y no limitarse a los promedios nacionales.
Los autores señalan que los modelos globales pueden pasar por alto características propias de la agricultura tropical, donde las condiciones de temperatura y humedad, la presencia de plagas y enfermedades y los sistemas de producción pueden generar patrones de utilización de agroquímicos diferentes a los de otras regiones.
Por esa razón, utilizar información nacional más detallada permite identificar zonas y actividades productivas que podrían quedar subrepresentadas en las estimaciones internacionales.
Los plaguicidas modernos no muestran una reducción consistente de la peligrosidad
Además de calcular cuánto se utilizan los plaguicidas, la investigación analizó la peligrosidad de 275 ingredientes activos utilizados en Costa Rica.
Este componente resulta especialmente importante porque la cantidad de productos aplicados no es el único indicador para determinar sus posibles efectos ambientales.
Dos plaguicidas pueden utilizarse en cantidades similares y, sin embargo, presentar características toxicológicas muy diferentes. Por eso, los investigadores evaluaron distintos indicadores relacionados con sus efectos potenciales sobre organismos y ecosistemas.
Los resultados contradicen la idea de que la incorporación de ingredientes activos más modernos necesariamente se traduce en una disminución general de los riesgos asociados con los plaguicidas.
Aunque algunos indicadores de peligrosidad mostraron mejoras, otros empeoraron durante el periodo analizado, particularmente los relacionados con la toxicidad para organismos acuáticos.
El estudio advierte que la carga de plaguicidas está dominada por fungicidas y destaca el papel del mancozeb en la utilización de estos productos en Costa Rica.
También señala que los indicadores de peligrosidad ecotoxicológica acuática presentaron un deterioro a lo largo del tiempo, lo que plantea interrogantes sobre los efectos potenciales de las prácticas agrícolas en los ecosistemas acuáticos.
Los autores aclaran que las estimaciones de peligrosidad no equivalen a mediciones directas de contaminación ambiental ni demuestran, por sí solas, que una persona o un ecosistema hayan sufrido daños. Se trata de indicadores que permiten identificar sustancias y tendencias que requieren mayor vigilancia e investigación.
Una base de datos con más de 71.000 registros
Para desarrollar el análisis, el equipo investigador construyó la Base de Datos Integrada de Plaguicidas de Costa Rica (CRIPD, por sus siglas en inglés).
Esta herramienta reunió información de distintas fuentes públicas, entre ellas registros comerciales del Servicio Fitosanitario del Estado (SFE), datos de importaciones y exportaciones, productos autorizados y estadísticas sobre superficies agrícolas.
La base incorporó más de 71.000 registros comerciales. Según la información presentada por los investigadores, el cruce con datos del Ministerio de Hacienda permitió corregir más de 30.000 errores, entre ellos registros duplicados y cantidades digitadas incorrectamente.
A partir de esta información, los científicos estimaron las cantidades de ingredientes activos que permanecieron en el país y distribuyeron su utilización entre los diferentes cultivos mediante información sobre productos autorizados, dosis, frecuencias de aplicación y áreas cultivadas.
El análisis permitió reconstruir tendencias de uso y peligrosidad a lo largo del tiempo, así como establecer diferencias entre actividades agrícolas y regiones del territorio nacional.
No obstante, los investigadores reconocen limitaciones metodológicas. Entre ellas, que las dosis y frecuencias máximas contempladas en los registros no necesariamente corresponden a las prácticas utilizadas por todos los productores. Asimismo, parte de la información geográfica sobre los cultivos se apoya en datos del Censo Agropecuario de 2014, que no refleja necesariamente todos los cambios posteriores en la distribución de las actividades agrícolas.
También existe una carencia de información toxicológica sobre determinados organismos de ambientes tropicales, lo que dificulta evaluar completamente los efectos potenciales de algunas sustancias.
Investigadores piden mejorar el acceso a la información
Entre las principales recomendaciones del estudio figuran:
- Mejorar la disponibilidad y transparencia de los datos sobre utilización de plaguicidas.
- Publicar indicadores separados para cultivos y pastos, con el propósito de evitar comparaciones entre cifras construidas con metodologías diferentes.
- Avanzar hacia sistemas de información pública que permitan conocer las aplicaciones de plaguicidas por cultivo y región, una herramienta que facilitaría el seguimiento de las tendencias y la identificación de zonas que requieren mayor atención.
- Fortalecer el monitoreo ambiental y los estudios de exposición, especialmente en la región Caribe y en áreas cercanas a plantaciones de banano y piña.
- Prestar atención a ingredientes activos de utilización elevada, como el mancozeb y el diazinón, y profundizar en sus posibles efectos sobre los organismos acuáticos.
Los investigadores sostienen que disponer de información detallada constituye un primer paso para establecer políticas públicas más efectivas y evaluar si las medidas destinadas a reducir los riesgos de los plaguicidas están produciendo resultados.
El caso costarricense también tiene implicaciones para otros países tropicales, donde la falta de estadísticas detalladas podría estar ocultando patrones de utilización y peligrosidad que los modelos internacionales no logran representar adecuadamente.
El estudio concluye que contar con datos nacionales verificables no solo permite calcular con mayor precisión la intensidad de uso de plaguicidas, sino que también fortalece la rendición de cuentas sobre las acciones del Estado para reducir los riesgos ambientales asociados con la producción agrícola.
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