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Migrar, una decisión muy compleja

Al migrar se crean efectos psicológicos y mentales ante la incertidumbre de encontrar trabajo, la nueva cultura, el lenguaje y sus modismos

Por: Ernesto González, Licenciado en Ciencias Pedagógicas

Los símbolos nacionales o símbolos patrios son aquellos que representan a estados, naciones y países; así, son reconocidos por otros estados y países que representan la identidad nacional y arraigan un sentimiento de pertenencia que busca la unión de aquellos que habitan el país

Por leyes suelen ser comunes: el himno, el escudo y la bandera, símbolos que se formulan a partir de representaciones visuales o verbales que pretenden difundir los valores de la historia o de los personajes célebres del país. Pero también, hay otros (símbolos no oficiales o atributos) que son considerados genuinos representantes del país por su tradición, origen, uso o presencia particular, por ejemplo: aves, flores, árboles, monumentos, espacios físicos, entre otros.

¿Símbolos – migración? Aclaro algo antes de continuar y son las siguientes definiciones: la migración humana se puede observar como un único proceso visto desde dos puntos de vista: inmigración y emigración. Inmigración es el proceso por el cual un individuo o grupo llega a un país diferente de su lugar de origen para establecer su residencia.

La emigración se refiere a la salida del lugar de origen para asentarse en otro sitio. ¿Listo?, ¡seguimos!

Cobijarse bajo nuevos símbolos patrios

En el primer párrafo mencionábamos al final “…que busca la unión de aquellos que habitan el país”, ¿y por qué no a los que estamos fuera de ellos?; ¿qué sucede cuando te cobijas bajo nuevos símbolos nacionales o patrios?

Cobijarse bajo nuevos símbolos resulta evidente hablar de emigrar, por los motivos que fuesen: económicos, guerras, políticos, desastres naturales, culturales, familiares, ausencia de trabajo, estudios y otros.

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¿Hay consecuencias? Efectos psicológicos y mentales ante la incertidumbre de encontrar trabajo – donde del poder adquisitivo dependerá todo – y a partir de ello la búsqueda de alimentos básicos, dónde habitar, la adaptación (o rechazo) a la nueva cultura, el lenguaje y sus modismos, donde una palabra puede convertirse en lo contrario o de una palabra indebida puede generarse una falta de respeto, aunque sea castellano y en el peor de los casos un nuevo idioma, los que nos puede poner en una situación muy incómoda donde simplemente no se entiende nada.

Una emigración puede ocasionar depresión, angustia, crisis de pánico, ansiedad, desórdenes alimenticios o muchas otras situaciones circunstanciales que son consecuencia del proceso migratorio y que se refuerzan si es abrupto.

Factor edad

Otro elemento en las emigraciones, es el factor edad donde suelen predominar las personas más jóvenes, que cuentan con más fuerza física y vigor emocional para emprender una nueva vida en un lugar diferente mientras que en el caso de los adultos, que a pesar de la profesionalidad, títulos, entre otros, deben atenerse a las leyes del país que los recibe, además la competencia desleal de jóvenes graduados que allí son oriundos, que si bien no tienen la experiencia profesional suficiente, el empleador contrata con un salario mucho más bajo.

En América Latina es común ver en los medios escritos sección clasificados: empleos, se necesitan “…entre 25 y 35 años y con buena presencia”, mientras que en Europa suelen solicitarse personas sumamente bien preparadas con años de experiencia, contradictorio ¿no?

Un factor más que denominaría “interesante” es la xenofobia, entiéndase rechazo al extranjero, aspecto que cuando se siente, duele y es real. Aunque realmente no todo es bueno o malo, se crean agrupaciones, colonias, barrios, zonas donde habitan por nacionalidades y en ella, se conservan factores culturales como: fiestas y alimentos que para algunos es un cierto paliativo.

Es cierto que en todo esto, donde prima la añoranza -sin importar los años-, difícilmente alguien pueda olvidar el terruño, pero que complejamente habrá que adaptarse, las nuevas tecnologías “nos acercan”, lo que hace reducir la distancia emocional entre las personas.

Y antes de terminar por hoy un consejo: donde quiere que esté en su condición de emigrante – aunque se nacionalice, a pesar que en su pasaporte o cédula (ID) queda registrado país de origen -, conserve su idioma, su cultura, al menos en el seno de la familia o sus coterráneos en reuniones, encuentros casuales. Tenga presente al menos los colores de su bandera, el himno. ¡Debe llevarlo en la sangre! ¿Está de acuerdo conmigo?

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