
Por: Ing. Sergio Zamora Sauma, Máster en Política Económica
El 27 de marzo pasado, el Instituto Costarricense de Electricidad (ICE) aprobó la inversión de US$400 millones para la nueva Planta Térmica Moín IV cuya potencia instalada es de 200 MW. El proyecto se ubicará en Limón y busca asegurar el suministro eléctrico nacional, especialmente durante la estación seca, cuando la generación hidroeléctrica disminuye.
Este anuncio se da en un contexto internacional marcado por la volatilidad en los precios del petróleo, producto de conflictos geopolíticos y tensiones en los mercados energéticos globales. Costa Rica, aunque ha avanzado en la diversificación de su matriz con fuentes renovables, sigue siendo vulnerable a estos escenarios de precios inciertos.
Cabe destacar que el proceso de contratación de la Planta Térmica Moín IV se realiza bajo un procedimiento especial de licitación, en el cual participarán únicamente dos oferentes, dado que se considera que solo esas empresas cuentan con la tecnología requerida para este tipo de planta térmica. A mayo de 2026, el proyecto no se ha adjudicado definitivamente, sino que se encuentra en un proceso acelerado de contratación donde el ICE ha invitado únicamente a dos empresas potenciales para la construcción de la planta, argumentando urgencia por el suministro eléctrico.
La oportunidad con los residuos sólidos municipales
En paralelo, la Gran Área Metropolitana (GAM) enfrenta un desafío urgente: la gestión de más de 3.000 toneladas diarias de residuos sólidos municipales. Este “combustible” está disponible y su aprovechamiento no es solo una oportunidad, sino una necesidad.
El costo de manejo de residuos para las municipalidades se ha duplicado en los últimos dos años, asfixiando sus presupuestos.
La GAM enfrenta restricciones severas para nuevos rellenos sanitarios, con Uruka en cierre técnico y Aczarrí con vida útil limitada.
Un problema histórico sin liderazgo
El problema de los residuos sólidos municipales no es nuevo. Sin embargo, ha faltado liderazgo del Ministerio de Salud, el Instituto de Fomento y Asesoría Municipal (IFAM) y el ICE para apoyar a las municipalidades en soluciones técnicas. En los últimos 3 años, me he dado a la tarea de visitar múltiples ferias internacionales y plantas de generación con residuos en América y Europa, y he realizado viabilidades económicas que demuestran que ya es viable para una municipalidad implementar tecnologías de pequeña escala con las tarifas actuales del sistema oligopólico de manejo de residuos.
Escenario alternativo: 5 plantas de gasificación en la GAM
Plantear la instalación de 5 plantas de gasificación distribuidas estratégicamente en la GAM sería aún más rentable que las viabilidades financieras que he corrido personalmente. Lo que falta es conectar la necesidad urgente de tratamiento de residuos con las necesidades energéticas del país. A continuación, se muestra un caso comparativo desarrollado para efectos de este artículo.
Planta Térmica Moín IV vs. 5 plantas de gasificación
| Proyecto | Potencia instalada | Inversión estimada (US$) | Beneficios |
| Moín IV (ICE) | 200 MW | 340–400 millones | Respaldo a renovables variables, pero dependiente de combustibles fósiles |
| 5 plantas de gasificación (GAM) | 170 MW | 760–800 millones | Energía firme, reducción de residuos, ahorro municipal, encadenamientos productivos |
Política energética y falta de incentivos
Hoy, la política energética del país no contempla incentivos para proyectos de generación con residuos sólidos municipales. Los procedimientos están diseñados para otras renovables (solar, eólica, hidro), dejando de lado una fuente que atiende simultáneamente dos problemas: energía firme y gestión de residuos.
Evaluar opciones ante la Planta Térmica Moín IV
La evaluación de proyectos de generación no debe limitarse a un ejercicio financiero. Debe incluir costos y beneficios externos, así como los encadenamientos productivos que generan actividades como la valorización de materiales reciclables.
Invertir US$400 millones en una planta térmica fósil de 200 MW, frente a invertir en 5 plantas de gasificación de 170 MW que atienden un problema ambiental urgente y generan energía firme, muestra claramente que el mejor costo-beneficio está en las plantas de gasificación.
Ya he comprobado en mis análisis que, incluso con tarifas menores a las que pagan hoy las municipalidades por el manejo de residuos, las plantas tecnificadas de aprovechamiento energético son rentables. El error surge cuando los proyectos se evalúan sin considerar externalidades y con sectores de gobiernos desconectados entre sí.
Costa Rica necesita seguridad energética, sí, pero también necesita resolver el problema de los residuos sólidos municipales. Apostar por gasificación en la GAM sería una decisión más acertada y sostenible que seguir ampliando la generación térmica fósil.

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