
Por: Dr. Juan Carlos Fallas, MBA en Gerencia
Escena sin niños es cada vez más común
En muchas escuelas de Costa Rica hay aulas con menos niños que hace una década. Algunos centros educativos incluso han tenido que cerrar grupos por falta de estudiantes. Mientras tanto, cada vez más parejas postergan —o renuncian— a la idea de formar una familia.
Detrás de esa realidad hay un dato preocupante: Costa Rica registra una de las tasas de natalidad más bajas de América Latina. Hoy el país tiene apenas 1,12 hijos por mujer, muy lejos del nivel necesario para reemplazar la población.
El fenómeno no solo cambia la estructura familiar; también transformará la economía, el mercado laboral y el sistema de pensiones durante las próximas décadas.
El invierno demográfico ya comenzó
Durante años, el debate sobre la baja natalidad parecía un tema lejano. Ya no lo es.
Menos nacimientos significan menos trabajadores jóvenes, menos cotizantes para sostener las pensiones y una población cada vez más envejecida. Sectores como educación, vivienda, consumo y salud ya empiezan a resentir estos cambios.
Países como Japón y Corea del Sur muestran hacia dónde podría dirigirse Costa Rica si la tendencia continúa: economías envejecidas, crecimiento lento y sociedades más solitarias, más viejitos sin familia, sin quien les cuide.
¿Por qué las familias son cada vez más pequeñas?
Las razones son múltiples: incertidumbre económica, alto costo de vida, dificultad para conciliar trabajo y familia, cambios culturales y una visión del éxito centrada cada vez más en lo individual.
Sin embargo, el debate va más allá de los números. También obliga a preguntarnos qué lugar ocupa hoy la familia dentro del proyecto de vida de las nuevas generaciones.
Durante décadas se habló del crecimiento profesional y la independencia como metas prioritarias, mientras la maternidad, la paternidad y la vida familiar fueron perdiendo reconocimiento social. ¿Será que nos toca hacer campañas publicitarias de lo lindo que es vivir la familia en grande?
Volver a valorar los vínculos
Fortalecer a la familia no significa mirar al pasado con nostalgia, sino reconocer que las sociedades necesitan vínculos sólidos para sostenerse emocional, cultural y económicamente.
Las políticas públicas pueden ayudar con vivienda, conciliación laboral y apoyo a la crianza. Pero también hace falta recuperar una cultura que valore el compromiso, la estabilidad y el tiempo compartido.
Bien lo dejo escrito el pensador Gilbert Keith Chesterton con una frase que hoy cobra especial vigencia:
El lugar donde nacen los niños y mueren los hombres, donde la libertad y el amor florecen, no es una oficina ni un comercio ni una fábrica. Ahí veo yo la importancia de la familia.”

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