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Gracias a quienes me sostuvieron durante la crianza de mis hijos

Sin la red de apoyo no lo hubiese logrado

cuidar hijos

cuidar hijosPor: Azucena Tejera González

Hoy quiero dar gracias a todos aquellos que durante muchos años sirvieron de red de apoyo en la crianza de mis hijos, porque sin ellos no lo hubiese logrado.

¿Por qué doy las gracias? Porque siendo muy joven, con 23 años, tuve a primera hija Tania y pude estar con ella tiempo completo hasta los dos años de edad, momento en el que tuve que comenzar a trabajar no solo porque se requería el dinero en mi familia, si no, también porque sentía que debía desarrollarme profesionalmente. Siendo abogada de profesión rápidamente comencé a trabajar tiempo completo.

Es en ese momento, fue cuando comencé a darme cuenta que solos no podíamos, recurrimos entonces a mis padres y de manera incondicional ellos nos apoyaron.

El apoyo de mis padres fue de diferentes maneras: buscando a mi hija en el colegio, teniendo con ella una rutina diaria; educándola, enseñándole modales como, por ejemplo, comer sentada en la mesa, hacer silencio cuando los adultos hablaban, hacer su tarea a tiempo, entre otras cosas. Pasaba mucho tiempo con ella…

Cuando yo llegaba del trabajo mi hija, por lo general, ya estaba bañadita solo necesitaba que se le diera la cena y, en muchos momentos, ya había cenado.

A medida que mi hija fue creciendo las responsabilidades aumentaron y además llegó mi segunda hija, Emiliana. Por fortuna, pude pasar 8 meses cuidando de ella, pero para cuando me tocó reintegrarme, la dinámica ya era más exigente.

Debo decir que así como mis padres nos ayudaron, sin el padre de mis hijos no lo hubiese logrado, porque cuando sentía que no podía más, él tenía la fortaleza y la decisión para seguir adelante.

La ayuda durante la crianza de mis hijos

También tuve jefes en mi trabajo que me apoyaron. Cuando solicitaba permisos para ir a los actos en el colegio, me los facilitaban; cuando llamaba de manera repentina que no podía ir a la oficina porque iba camino al pediatra porque alguna de las dos estaba enferma, la respuesta de mi jefa en ese momento era: “no te preocupes ve tranquila” y no me descontaban el día de trabajo. Hoy el apoyo en cosas más de adultos es brindándome días de permiso para acompañar a mi hijo a la universidad fuera del país.

Así fueron transcurriendo los años y llegó un tercer miembro a la familia. Vino mi hijo varón, Carlos Emilio, y el trabajo en casa aumentó: uniformes limpios, loncheras al día, revisión de tareas, regalos para las piñatas, más abrazos, más atención mía hacia ellos y toda una coordinación para cada uno, porque vivían etapas distintas y cada hijo es único y requiere de sus padres un trato diferente.

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Mis hijos contaron siempre con su papá para que los llevara al colegio. Por lo general iban tarde, corriendo los cuatro, era como una maratón. Sin embargo, hoy lo recuerdo agradecida porque me permitía a mí prepararme con más tranquilidad para salir a la oficina. No siempre fue así, hubo  momentos que teniendo un sólo carro salíamos corriendo todos a la vez.

También conté con el apoyo de Eloísa. Siempre voy a recordar a la señora que le hacía transporte a mis hijos y me salvo más de una vez. Inclusive, cuando a ella no le tocaba buscar a mis hijos por las tardes, y yo la llamaba y le decía: “Elo estás cerca del colegio, estoy atrapada en el tráfico y no llego a buscar a Tania a volleyball a las 5:00 p.m.”, ella me respondía: no te preocupes ya voy por ella y la dejo en casa de tu mamá. Y así: mil detalles.

Los campamentos de verano también fueron de ayuda, sobre todo en tiempo de vacaciones escolares, así puedo decir que en mi país esto está muy arraigado, por lo que nos permitió como padres darle la oportunidad a mis hijos de poder pasar tres semanas al año compartiendo con otros niños de su edad y realizando diferentes actividades. Descansaban ellos del corre corre diario y nosotros también.

Yo tenía mi red de apoyo, y eso es lo que quiero destacar y hacer mención. Para construir una familia necesitamos nuestra red de apoyo, compuesta y variada, tan variada como familias hay.

Mi red de apoyo no fue perfecta, pero fue única, el padre de mis hijos y yo no lo habríamos logrado solos. Siempre nos sostuvimos cuando la carga nos sobrepasaba, y así mis padres también son parte medular de este camino.

Los animo a que seamos agentes de coherencia y consecuencia con el apoyo a la familia, porque si queremos construir sociedades sanas debemos apostar por la familia y eso comienza por apoyar la maternidad en todas sus dimensiones y esto abarca a todas las madres que desempeñan posiciones el mercado laboral.

Ahora mismo, me preparo para ser parte de ese sistema de apoyo que mi hija va necesitar ya que pronto será madre.

“La realidad, por paradójica que parezca, es que los hijos lejos de humillarnos nos engrandecen -nada te prepara para ser madre, pero ser madre te prepara para todo- y nos conceden libertad; la libertad de atarnos por amor. Es la máxima independencia a través de la máxima dependencia escogida (María Calvo 2025).

¿Lo volvería a hacer? Sin duda lo haría de nuevo, solo que esta vez no buscaría ser la mamá perfecta si no solo la mamá de Tania, Emiliana y Carlos Emilio disfrutaría mucho más el camino.

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