Por: MBA Ángel Jiménez Segura, especialista en contratación pública

En un contexto cada vez más dinámico, complejo y exigente, la contratación pública ha dejado de ser una actividad meramente administrativa orientada a la adquisición de bienes y servicios. Hoy constituye una función estratégica que impacta directamente la eficiencia del Estado, la calidad de los servicios públicos, la generación de valor público y el desarrollo económico del país.
La entrada en vigor de la Ley General de Contratación Pública N°9986 y su reglamento impulsó un cambio significativo en la forma de concebir las compras públicas en Costa Rica. La nueva normativa introdujo procedimientos, principios y herramientas tecnológicas, pero también exige una transformación cultural y una mayor profesionalización de todos los actores involucrados.
La contratación pública y el criterio técnico
Durante muchos años, la contratación pública fue considerada una función eminentemente jurídica o procedimental. Sin embargo, ninguna ley, por moderna que sea, puede sustituir el criterio técnico, la capacidad analítica y el compromiso de quienes la aplican. El éxito de un proceso depende, en gran medida, de las competencias de las personas responsables de planificar, gestionar, adjudicar, administrar y supervisar los contratos públicos.
Por ello, la profesionalización no puede ser únicamente una responsabilidad institucional. Las organizaciones deben crear condiciones, promover la capacitación y fortalecer las capacidades de sus equipos. Pero cada profesional también debe asumir un papel activo en su propio desarrollo. La pregunta ya no es solamente qué están haciendo las instituciones para profesionalizar la contratación pública, sino también qué estamos haciendo nosotros para ser mejores profesionales.
Contratación pública y las competencias personales
La primera competencia es la curiosidad intelectual. Un profesional comprometido no se limita a preguntar qué dice la norma. También se pregunta por qué se hace algo de determinada manera, si existe una alternativa mejor, qué prácticas se desarrollan en otros países y qué riesgos podrían estar pasando inadvertidos. La curiosidad permite cuestionar procesos tradicionales, identificar oportunidades de mejora y anticipar riesgos.
Esta actitud resulta especialmente importante en un entorno donde surgen constantemente nuevos desafíos relacionados con la innovación, la sostenibilidad, la transformación digital, el análisis de mercados y la administración contractual. La contratación pública moderna exige profesionales dispuestos a formular preguntas y buscar respuestas más allá de las soluciones conocidas.
La segunda competencia es el aprendizaje permanente. La evolución normativa y tecnológica, la contratación electrónica, el valor por dinero, la sostenibilidad, la innovación y la gestión de riesgos exigen una actualización constante. La capacitación no debe entenderse únicamente como un requisito institucional o una actividad ocasional. Cada profesional tiene también la responsabilidad de buscar conocimiento, mantenerse actualizado y aprender de la experiencia propia y ajena.
La profesionalización no comienza únicamente cuando una institución diseña un programa de capacitación. Comienza también cuando una persona decide leer, investigar, participar en espacios de intercambio y reconocer que siempre existe algo nuevo por aprender.
Finalmente, está la colaboración. La contratación pública es interdisciplinaria y ningún profesional posee individualmente todo el conocimiento necesario para gestionar de manera efectiva cada etapa del ciclo de contratación. Las mejores decisiones surgen cuando las áreas técnicas, jurídicas, financieras, administrativas y operativas comparten información, experiencias y conocimientos.
La colaboración también permite transformar la experiencia individual en conocimiento colectivo mediante comunidades de práctica, espacios de diálogo y redes profesionales. De esta forma, las instituciones fortalecen sus capacidades y reducen la dependencia de conocimientos aislados.
El motor de la contratación pública son las personas
En definitiva, el verdadero motor de la contratación pública no son únicamente las leyes, los procedimientos o las plataformas tecnológicas. Son las personas quienes sienten curiosidad por mejorar, mantienen una actitud permanente de aprendizaje y comprenden el valor de trabajar en conjunto.
Las instituciones tienen una responsabilidad fundamental en la profesionalización del sector. Pero cada profesional también debe asumir la suya. Porque las mejores compras públicas no nacen únicamente de una buena ley, de un buen sistema o de un buen procedimiento. Nacen de personas que deciden prepararse, cuestionar, aprender, colaborar y mejorar continuamente.
La contratación pública del futuro no será construida únicamente por nuevas normas o tecnologías. Será construida por profesionales que comprendan que su desarrollo no puede depender exclusivamente de otros. La profesionalización también es una decisión personal y comienza cada vez que un profesional decide que todavía tiene algo nuevo que aprender.
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