
Entrevista de Ericka Phillips a la directora de la Biblioteca Nacional, Laura Rodríguez
Hay un aroma específico en los lugares donde los años se acumulan. No es el olor del polvo, exactamente, ni el del papel viejo: es algo más parecido a la esencia del pensamiento sedimentado, de las palabras que esperaron décadas para que alguien llegara a buscarlas.
La Biblioteca Nacional de Costa Rica huele así.
Desde la calle, su fachada es solo arquitectura. Pero adentro, entre los anaqueles y las salas de lectura, ocurre algo que pocas instituciones del país pueden reclamar: aquí, todos los días, alguien descubre algo que le cambia la vida o agrega un valor extra a su estudio. Una persona que encuentra el material ideal para la tesis, un adulto mayor que anhela recordar con nostalgia un evento de su juventud, una niña que abre un libro ilustrado y decide, sin saberlo todavía, que quiere ser escritora.
Este reportaje es sobre ese lugar. Y sobre las personas que lo cuidan.
LA FUNDACIÓN Y EL TIEMPO
“Un país que decide recordar”
Fundar una biblioteca nacional es un acto político. Es la declaración de que un país tiene memoria propia, que sus hechos históricos y arte escrito merecen ser guardados, que lo que se escribe hoy importará mañana.
Costa Rica tomó esa decisión el 13 de octubre de 1888.
La directora de la Biblioteca Nacional, Laura Rodríguez Amador, nos responde a continuación algunas preguntas importantes cuyas respuestas narran el legado de esta institución, además de ayudarnos a conocer un poco más sobre lo que muchos ignoran y que ahora podrán visualizar más detalladamente con explicaciones, fotografías y videos.
¿En qué contexto histórico nació la Biblioteca Nacional, qué necesidades buscaba atender y cuál ha sido la relación entre el Estado y esta institución?
La Biblioteca Nacional fue fundada en 1888, una época en la que nacieron muchas de las grandes instituciones de Costa Rica. Poco antes se había creado el Museo Nacional y lo que hoy es el Instituto Meteorológico Nacional. Muchas de nuestras entidades más importantes surgieron durante ese período, caracterizado por un gran auge educativo y cultural.
La visión de Miguel Obregón Lizano, fundador de la Biblioteca Nacional, fue precisamente crear una institución encargada de preservar la memoria documental del país. Debemos recordar que existen bibliotecas nacionales en todo el mundo y que, en América Latina, muchas de las bibliotecas nacionales de América del Sur y México cuentan con más de doscientos años de historia. Ya existía, por tanto, el referente de una biblioteca nacional dedicada a recopilar, conservar y resguardar la memoria de una nación.
Creo que esa fue la gran aspiración de don Miguel Obregón Lizano. Entre los hitos que han marcado y transformado la historia de la Biblioteca Nacional, sin duda destaca su fundación y la incorporación del Archivo de Rezagos y la Oficina de Canje.
Aunque la Biblioteca Nacional fue creada en 1888, gracias a estas incorporaciones conserva colecciones que van más allá de las provenientes de la Biblioteca de la Universidad de Santo Tomás. Al integrar los fondos documentales del Archivo de Rezagos y de la Oficina de Canje, fue posible reunir una gran cantidad de documentos producidos desde la llegada de la imprenta a Costa Rica. Del mismo modo, se incorporaron publicaciones sobre Costa Rica editadas en el exterior, en países como Nicaragua y Guatemala, así como en diversas naciones europeas. La recopilación y preservación de estos valiosos documentos, muchos de ellos publicados mucho antes de la fundación de la Biblioteca Nacional, constituye uno de los hitos más importantes de su historia.
Otro momento fundamental fue la transformación de la Biblioteca Nacional en una institución moderna, dotada de un edificio propio en 1971. Esto permitió albergar colecciones cada vez más amplias y fortalecer su misión de recopilar, conservar y proteger el patrimonio documental del país.
Otro hito relevante ha sido el desarrollo de programas de difusión patrimonial mediante actividades culturales y educativas, así como la producción de contenidos sobre la historia y la cultura de Costa Rica. A ello se suma el aprovechamiento de los avances tecnológicos y de las redes sociales para llegar a públicos que anteriormente no tenían acceso a estos servicios.
En este contexto, la creación del portal institucional de SINABI, impulsado desde la Biblioteca Nacional, ha sido un proyecto de gran relevancia. La biblioteca digital, las exposiciones virtuales y los diversos servicios en línea forman parte de este esfuerzo por ampliar el acceso a las colecciones y recursos de la institución.
La incorporación de estas herramientas tecnológicas ha permitido optimizar los servicios ofrecidos, pasando de una atención exclusivamente presencial a una oferta que también incluye servicios virtuales. Gracias a ello, la Biblioteca Nacional ya no está limitada a su edificio físico, sino que puede llegar a los usuarios a través de sus computadoras, teléfonos móviles, redes sociales, biblioteca digital y plataformas virtuales, estando presente allí donde sus usuarios la necesiten.
La relación entre el Estado y la Biblioteca Nacional ha sido estrecha desde sus orígenes. La institución nació bajo la tutela de lo que hoy conocemos como el Ministerio de Educación Pública, entonces denominado Secretaría de Instrucción Pública. Desde su fundación, la Biblioteca Nacional ha formado parte de la estructura estatal y ha desempeñado un papel fundamental en la preservación y difusión del conocimiento.
En 1971, con la creación del Ministerio de Cultura, la Biblioteca Nacional pasó a integrarse a esta nueva cartera. Posteriormente, en el año 2000, se creó el Sistema Nacional de Bibliotecas (SINABI), del cual la Biblioteca Nacional forma parte. A lo largo de toda su historia, ha estado vinculada al Estado como una institución nacional encargada de resguardar una parte esencial del patrimonio histórico, cultural y documental de Costa Rica.
Las colecciones de la Biblioteca Nacional reflejan el desarrollo del país desde la Independencia hasta nuestros días. A través de sus fondos documentales es posible recorrer la historia de Costa Rica durante los siglos XIX, XX y XXI, y esta labor continuará en el futuro, ya que sus colecciones se enriquecen constantemente con las nuevas publicaciones y producciones documentales que se generan en el país.
Esta documentación constituye un fiel reflejo de la evolución nacional y también de los acontecimientos mundiales que han influido en Costa Rica. Sus colecciones son testimonio de los grandes logros del país, de los desafíos enfrentados, de los errores cometidos y de las lecciones aprendidas. Conservan la memoria de momentos de alegría y prosperidad, pero también de períodos difíciles, tragedias y acontecimientos que han marcado la vida nacional.
Por otra parte, la Biblioteca Nacional continúa siendo testigo de los retos que Costa Rica enfrenta en el presente y enfrentará en el futuro. Por ende, sus colecciones no solo preservan la memoria histórica del país, sino que también constituyen una expresión viva de la identidad costarricense y de la construcción permanente de nuestra historia como nación.
Desde aquel inicio hasta hoy, la institución ha sobrevivido gobiernos, crisis económicas, cambios culturales y la revolución digital. Ha cambiado de sede, ha perdido materiales y ha recuperado otros. Ha pasado de ser un depósito de libros a convertirse en uno de los organismos culturales más complejos e interesantes de nuestra nación, solo que muchos no lo saben.
Lo que una biblioteca acumula a lo largo del tiempo no son solo libros, periódicos, revistas, mapas y más. Son decisiones sobre qué vale la pena guardar. Y esas decisiones dicen mucho sobre quiénes somos como país.

EL ALMA DE PAPEL
“Las cosas que no deben perderse”
[Fotos y videos — recorrido por los depósitos / sala de colecciones especiales – Comentario de Ericka Phillips]
Hay documentos en esta biblioteca que nadie ha pedido en años. Hay otros que se solicitan con prioridad para diferentes trabajos de investigación. Hay páginas que han sobrevivido el paso del tiempo siendo protegidas y restauradas. Este oasis de lectura hospeda tesoros que el público general ni siquiera sabe que existen y se pueden solicitar en calidad de préstamo: algunas primeras ediciones, periódicos de hace más de cien años y tomos tan antiguos como un ejemplar del siglo XV.
¿Existe algún documento o libro que pueda considerarse una “joya” de la colección, como, por ejemplo, primeras ediciones y otros documentos valiosos? ¿Cuál es el papel que juega la tecnología en la conservación de estos ejemplares?
Claro, aquí se encuentran las primeras ediciones de prácticamente todos los libros publicados en Costa Rica. Digo “prácticamente” porque sabemos que existen algunas excepciones: hay obras cuya primera edición no forma parte de la colección, pero son muy pocas.
Además, conservamos los primeros periódicos y las primeras revistas del país. Es decir, contamos con una parte fundamental de la memoria documental de Costa Rica. A esto se suma una importante colección extranjera, que incluye materiales provenientes de lo que fue la biblioteca de la Universidad de Santo Tomás, así como documentos muy valiosos que datan del siglo XVII. La Biblioteca Nacional ha continuado enriqueciendo este patrimonio a lo largo de los años.
La biblioteca digital inició con 600 documentos en abril de 2006. Hoy alberga más de 250.000 documentos, entre ellos periódicos, revistas, libros, fotografías, planos, mapas, partituras, archivos sonoros, dibujos y grabados, entre muchos otros materiales. Es un proyecto en constante crecimiento.
Ponemos a disposición del público todo aquello que la ley nos permite. Como Biblioteca Nacional, respetamos estrictamente la legislación sobre derechos de autor y derechos conexos. Sin embargo, existe una gran cantidad de documentos que pueden publicarse libremente o cuyos autores y herederos nos han otorgado autorización para difundirlos.
Además, las redes sociales se han convertido en importantes plataformas de servicio. Actualmente tenemos presencia en Facebook, Instagram, YouTube, Spotify, TikTok y, más recientemente, X. Las utilizamos para acercarnos al público y difundir nuestro trabajo.
Todos los días publicamos contenido. Además de promocionar nuestras actividades —que son gratuitas y abiertas a todo público—, transmitimos en vivo muchos de nuestros eventos. Lo hacemos porque somos una biblioteca nacional y queremos llegar a todos los rincones del país. Por ejemplo, el concierto que realizaremos próximamente será transmitido en vivo y quedará disponible para quienes deseen verlo posteriormente.
Gracias a estas plataformas también trascendemos fronteras. Nuestra cultura llega a muchas partes del mundo, desde donde las personas siguen nuestras actividades. También publicamos videos y programas propios, como Páginas Vivas, La Lectura te Transporta, Al Pie de la Letra y Pioneros de la Crítica, además de otros ciclos especiales que hemos desarrollado. Todo este contenido es producido y difundido por la Biblioteca Nacional.
Las redes sociales son, por tanto, herramientas fundamentales para acercarnos a nuestros usuarios. Lo mismo ocurre con la inteligencia artificial, que estamos utilizando para optimizar procesos y facilitar servicios. Como cualquier tecnología, debe aprovecharse con criterio y responsabilidad.
Las personas interesadas en realizar investigaciones pueden hacerlo tanto de manera presencial como en línea. La inteligencia artificial puede servir de apoyo para generar o mejorar contenidos, pero considero que sigue siendo responsabilidad de cada persona investigar, verificar la información y utilizar fuentes confiables. De lo contrario, corremos el riesgo de difundir datos incorrectos.
Además, existe una creciente preocupación en torno a los derechos de autor. Como bibliotecas nacionales, somos especialmente cuidadosos y respetuosos en este aspecto. Por eso siempre recomendamos investigar y consultar fuentes verificadas.
La tecnología ha permitido que la Biblioteca Nacional ya no esté limitada a este edificio. Ahora puede acompañar a los usuarios en sus hogares, vehículos, escuelas, universidades o cualquier lugar donde la necesiten. Nuestro portal ofrece, además de la biblioteca digital, exhibiciones virtuales, diversos contenidos especializados y múltiples servicios en línea.
Incluso hemos desarrollado una aplicación móvil que incluye parte de estos recursos. Aunque no hemos podido ampliarla por limitaciones presupuestarias, sigue siendo una herramienta valiosa para nuestros usuarios.
En definitiva, considero que estamos ante una gran oportunidad. El mundo cambió, las necesidades de los usuarios también, y las bibliotecas han evolucionado junto con esos cambios, incluidas las bibliotecas nacionales.

¿Qué tipo de hallazgos y aportes han convertido a la Biblioteca Nacional en un espacio fundamental para la investigación, la preservación de la memoria histórica y la construcción de la identidad costarricense?
Creo que las personas que investigan constantemente en las colecciones de la Biblioteca Nacional suelen sorprenderse por los hallazgos que realizan, porque aquí se encuentra gran parte de la memoria documental del país. Cada investigador descubre información valiosa dentro de sus áreas de interés, pero también el público en general disfruta conocer cómo era la vida en la época en que crecieron sus padres o abuelos, cómo se formó su comunidad, su región o su pueblo. Siempre hay algo nuevo por descubrir.
Por esa razón, estamos poniendo a disposición una parte importante de nuestras colecciones a través de la Biblioteca Digital, porque estamos convencidos de que todas las personas encontrarán contenidos que les sorprenderán y que podrán resultarles de gran interés e importancia.
En cuanto a documentos con historias particularmente misteriosas o singulares, no podría señalar uno en específico; sin embargo, sí existen materiales que circularon de manera clandestina o muy limitada. Recientemente, por ejemplo, recibimos la donación de un periódico que no formaba parte de nuestras colecciones, muy probable porque en su momento circuló de forma privada entre grupos reducidos de personas. Gracias a la generosidad de un destacado investigador, este valioso material pudo incorporarse al patrimonio documental que resguarda la Biblioteca Nacional.
Además, continuamos recibiendo colecciones de enorme relevancia. Entre ellas destaca la colección musical de Walter Ferguson, así como la de don Max Goldenberg. También hemos incorporado importantes fondos documentales pertenecientes a escritores, investigadores y otras figuras destacadas de la vida cultural del país.
La Biblioteca Nacional atiende a una gran diversidad de usuarios. Recibimos desde investigadores y académicos hasta personas del público general que buscan información sobre temas muy variados. Todos ellos encuentran aquí recursos únicos, ya que muchas de nuestras colecciones son irremplazables y constituyen fuentes fundamentales para la investigación y el conocimiento de la historia nacional.
Incluso, en momentos en que Costa Rica ha debido defender sus intereses en instancias internacionales, las colecciones de la Biblioteca Nacional han aportado documentos de gran valor. Aquí se conservan laudos, tratados, mapas y numerosos materiales históricos que han servido como respaldo documental en distintos procesos de interés nacional.
De igual forma, en los últimos años muchas personas han consultado nuestros documentos para reconstruir su historia familiar y acreditar sus orígenes. Estas investigaciones les han permitido, en algunos casos, gestionar el acceso a la ciudadanía española, alemana, italiana u otras nacionalidades.
La Biblioteca Nacional continúa trabajando activamente en la recuperación y preservación de materiales documentales. En consecuencia, hacemos un llamado a la ciudadanía para que, si poseen documentos, publicaciones, fotografías, grabaciones o cualquier otro material que consideren valioso o poco común, se comuniquen con nosotros. De esta manera podremos determinar si forman parte de nuestras colecciones o si pueden ser donados. En aquellos casos en que no sea posible la donación, al menos podríamos colaborar en su digitalización para garantizar su conservación y acceso futuro.
En cuanto a tradiciones, costumbres y manifestaciones culturales que muchas veces no quedan registradas en documentos escritos, existe un trabajo minucioso y permanente por parte del personal de la Biblioteca Nacional para recopilar y preservar este patrimonio. Nuestro objetivo es asegurar que la historia y la identidad de Costa Rica continúen resguardadas y disponibles para las generaciones presentes y futuras.
Además, mediante actividades culturales, proyectos de investigación y programas de difusión, se está recopilando una gran cantidad de patrimonio cultural inmaterial que de otra manera podría perderse. Todo este esfuerzo también pasa a formar parte de la memoria que custodia la Biblioteca Nacional.
Finalmente, deseo destacar el invaluable apoyo de numerosas instituciones, centros de investigación, universidades, fundaciones, colectivos artísticos y ciudadanos que han colaborado con la Biblioteca Nacional a lo largo de los años. Gracias a estas alianzas y contribuciones ha sido posible fortalecer la preservación de nuestra memoria colectiva.
La Biblioteca Nacional es de todos, y la memoria histórica también nos pertenece a todos. Por consiguiente, invitamos a toda la ciudadanía a conocerla, utilizarla y apoyarla para que continúe cumpliendo esta importante misión al servicio del país.
Pero el patrimonio no es solo lo antiguo y lo peculiar. También es lo que aún no sabemos que necesitaremos. La Biblioteca Nacional recibe, cataloga y preserva materiales que hoy parecen ordinarios y que en cincuenta años serán irreemplazables.

MEMORIAS VIVAS
“Lo que no está en los catálogos”
Las bibliotecas tienen una vida paralela que no se ve a simple vista. Sucede entre las mesas, en los pasillos, en las conversaciones breves que nadie documenta. Y existen libros dentro de El Sanctum Librorum (nombre que le puse a título personal al área protegida de la biblioteca en donde se encuentran los ejemplares y periódicos más antiguos) que únicamente están registrados en las tarjetas de papel y no en el catálogo digital.
Ejemplares de gran tamaño, así como libros que estéticamente hablando mucha gente ha logrado admirar solo en películas, son algunos de los tesoros que los usuarios pueden solicitar para leer, ver o estudiar dentro de esta área.
Y también existen tesoros que quedan resguardados tras una sala de vidrio, pero que se puede apreciar de cerca, como el Catálogo elaborado por Adolfo Blen, director de la Biblioteca Nacional desde 1918 hasta 1920.
El catálogo reúne cerca de 30.000 referencias bibliográficas, obtenidas de los documentos de la Biblioteca, del período comprendido entre 1820 y 1930.
Se escribió a mano, en diferentes tipos de papel, en su mayoría papel del tipo “kraft”. En la actualidad tienen gran valor como fuente primaria de información de carácter único.
Pero toda memoria carga también con el peso del tiempo que se transforma. Y la Biblioteca Nacional, como todas las bibliotecas del mundo, está viviendo su momento más decisivo en siglos, ya que la era tecnológica representa, hasta cierto punto, un rival en términos de herramienta para consultar, aunque no así en temas de conservación, pues ahí la ciencia digital es un aliado para mantener vivos los registros, documentos y libros valiosos.
ÁREAS DE LA BIBLIOTECA
Cuando el público visita esta enigmática institución, muchos no saben lo que sucede tras bambalinas. A pesar de que el trabajo que hay que hacer diariamente supera la cantidad de personal con el que cuenta actualmente la biblioteca, los guardianes de las letras que laboran ahí actualmente tienen una gran responsabilidad con la historia de Costa Rica y su salvaguarda.
En este recinto existen varios departamentos que requieren atención al detalle, cuidado y ojo crítico. Algunos de ellos son:
- Departamento de Fonoteca: es el departamento más nuevo que existe, inaugurado en el año 2014. Tiene alrededor de 17 000 archivos que se pueden disfrutar directamente en el área especializada. Su objetivo principal es la recopilación y conservación de material sonoro y audiovisual costarricense.
- Departamento de Investigación y Bibliografía: se encargan de indexar periódicos y revistas nacionales para el uso del público. Hacen investigación sobre bibliografía nacional y especializada por temas y autores.
- Departamento de Restauración: restauran periódicos, libros, revistas, documentos con mucho detalle, paciencia y profesionalismo usando métodos y materiales especiales para dicha labor.
- Área de Circulación y Préstamo: ubicada en el tercer piso, contiene los libros, periódicos y revistas tanto nacionales como extranjeros que usualmente se dan en préstamo a los usuarios. Ahí solo tiene acceso el personal de la biblioteca y el material solicitado se manda al primer piso a través del ascensor de libros.
LA ENCRUCIJADA DIGITAL
“Preservar o transformarse (o ambas cosas a la vez)”
La pregunta que ronda todas las bibliotecas del siglo XXI no es si digitalizarse o no. Esa batalla ya está ganada por lo digital, y, de hecho, contrario a ver la tecnología como un enemigo del papel, es una herramienta útil para preservar aún mejor los documentos y ejemplares. La pregunta es otra: ¿qué se pierde en el camino y cómo se evita que se pierda?
¿Cómo redefine la era digital el propósito de una biblioteca nacional? ¿Qué tensiones existen entre la necesidad de digitalizar y la de conservar los originales físicos?
En la era digital, una biblioteca nacional continúa cumpliendo su misión esencial de recopilar, conservar y difundir el patrimonio documental de un país. La tecnología y los constantes avances en herramientas digitales, plataformas y redes de comunicación representan grandes aliados para el cumplimiento de esta misión. Gracias a ellos, es posible llegar a nuevos públicos y poner a disposición de la ciudadanía, así como de cualquier persona interesada en nuestra historia y cultura, un acervo documental cada vez más accesible.
La Biblioteca Nacional sigue siendo una institución fundamental para la preservación de la memoria colectiva y la identidad nacional. Es un verdadero baluarte cultural del país. Precisamente por la relevancia de su labor, la Biblioteca Nacional fue declarada Benemérita de la Patria, reconocimiento que refleja su invaluable aporte a la sociedad costarricense.
Lejos de existir una tensión entre la digitalización y la conservación de los documentos físicos, ambas labores se complementan y fortalecen mutuamente. La digitalización cumple un doble propósito. Por un lado, facilita el acceso a las colecciones, permitiendo que las personas consulten los materiales en cualquier momento y desde cualquier lugar. Por otro, contribuye a la conservación de los originales, al reducir su manipulación directa y garantizar su preservación para las futuras generaciones.
Este aspecto es especialmente importante porque gran parte de los documentos resguardados por la Biblioteca Nacional son únicos, no solo dentro de la institución, sino también en el país e incluso en el ámbito internacional. Es por eso que la digitalización y la conservación forman parte de una misma estrategia de protección y difusión del patrimonio documental.
Durante los últimos años hemos incorporado numerosos servicios y proyectos que no existían una década atrás. Entre ellos destacan la producción de programas de difusión patrimonial como Al Pie de la Letra, La Lectura te Transporta, Páginas Vivas y Pioneros de la Crítica, entre muchos otros. Igualmente, hemos fortalecido nuestra oferta de servicios virtuales y continuamos enriqueciendo la Biblioteca Digital con nuevos contenidos y recursos.
A través de nuestras redes sociales compartimos diariamente publicaciones sobre la historia y la cultura de Costa Rica, materiales audiovisuales y contenidos educativos. Además, transmitimos de manera virtual las actividades que se realizan en nuestras instalaciones, permitiendo que estas permanezcan disponibles para quienes deseen consultarlas posteriormente. De esta forma, personas de cualquier región del país e incluso del extranjero pueden beneficiarse de nuestros programas y servicios.
Existen diversas maneras de medir el impacto de una biblioteca nacional. En primer lugar, está su capacidad para cumplir con su misión de recopilar, conservar y difundir el patrimonio documental. Pero también evaluamos nuestro alcance mediante indicadores como el número de visitas, consultas, préstamos físicos y digitales, servicios virtuales, proyectos desarrollados, actividades culturales realizadas y el alcance de nuestras publicaciones en medios digitales y redes sociales.
Todos estos datos nos permiten valorar el impacto que tiene la Biblioteca Nacional en la sociedad costarricense y orientar nuestros esfuerzos para llegar cada vez a más personas. Confiamos en que los avances tecnológicos seguirán ampliando nuestras posibilidades de acceso y difusión.
Uno de los principales retos que me motivan como director es continuar impulsando la democratización del acceso a la información, a la historia y a la cultura de Costa Rica. Nuestro objetivo es poner estos recursos al alcance de toda la población y garantizar que las actividades culturales, educativas y de difusión patrimonial lleguen a públicos cada vez más amplios.
Queremos que más personas participen en nuestras actividades, tanto de manera presencial como virtual. Todas ellas son gratuitas y abarcan una amplia variedad de temas de interés para diferentes sectores de la población. Añadido a esto, buscamos fortalecer el trabajo conjunto con instituciones educativas, culturales, académicas y comunitarias de todo el país.
Otro desafío importante es aprovechar al máximo las oportunidades que ofrecen las nuevas tecnologías. Herramientas como la inteligencia artificial pueden contribuir significativamente a optimizar servicios, mejorar los procesos de acceso a la información y ampliar las posibilidades de difusión del patrimonio documental.
Por supuesto, también nos ocupa la protección física de las colecciones que custodiamos. En este sentido, uno de los proyectos más importantes es la implementación del sistema de detección y extinción de incendios de la Biblioteca Nacional, cuya primera etapa, afortunadamente, está próxima a iniciar. Este avance representa un paso fundamental para garantizar la seguridad y preservación de un patrimonio documental invaluable para Costa Rica y para las futuras generaciones.
Al mismo tiempo, hay una oportunidad sin precedentes. Una biblioteca digital puede llegar a lugares donde jamás llegó el edificio físico. Puede estar disponible a las tres de la madrugada para un estudiante en una zona rural. Puede ser consultada desde otro continente… ¡esta es la magia de la informática!

¿Qué servicios ha implementado la biblioteca que no existían hace diez años? ¿Cómo llega la biblioteca a personas que nunca atravesarían sus puertas físicas?
Hoy la Biblioteca Nacional llega directo a las personas. Ya no esperamos únicamente que los usuarios visiten nuestras instalaciones, sino que ponemos nuestros recursos y servicios a su alcance mediante múltiples canales. Lo hacemos a través de los servicios virtuales, la Biblioteca Digital y nuestras redes sociales, donde mantenemos presencia activa en cinco plataformas diferentes. También llegamos al público mediante visitas guiadas, tanto presenciales como virtuales, y a través de actividades culturales que se transmiten en vivo.
De esta manera, podemos conectar con personas de intereses muy diversos. Asimismo, ofrecemos talleres gratuitos, presenciales y virtuales, orientados al apoyo y desarrollo de la ciudadanía. Entre ellos destacan cursos de idiomas, tecnología, emprendimiento y actividades artísticas, que contribuyen a ampliar las oportunidades de aprendizaje y crecimiento personal.
La posibilidad de llevar nuestras colecciones y servicios a cualquier lugar del país donde exista acceso a internet constituye una de las formas más importantes de democratizar el conocimiento. Gracias a ello, podemos compartir nuestras actividades culturales, colecciones documentales y servicios con personas de todas las regiones de Costa Rica. Esperamos continuar fortaleciendo nuestra colaboración con centros educativos, casas de la cultura y diversas instituciones que trabajan en beneficio de las comunidades.
La Biblioteca Nacional requiere una inversión constante para garantizar la adecuada conservación del patrimonio documental que resguarda y para ampliar el acceso de la población a sus servicios. Nuestro financiamiento proviene principalmente del presupuesto estatal, a través del Ministerio de Cultura y Juventud. Además, hemos desarrollado y presentado diversos proyectos que nos han permitido obtener recursos complementarios. Aunque estos fondos suelen ser modestos, representan un valioso apoyo para fortalecer nuestras iniciativas.
Toda inversión destinada a la preservación y difusión de la cultura, la identidad y la historia de Costa Rica es fundamental. Permite que este patrimonio permanezca accesible para toda la población y contribuya tanto a la educación formal como a la no formal, así como al disfrute y enriquecimiento cultural de quienes se acercan a él con fines recreativos o de investigación.
Mantenemos una estrecha relación con el sistema educativo nacional. Recibimos regularmente grupos de preescolar, escuelas, colegios y universidades, tanto públicas como privadas, que participan en visitas guiadas, investigaciones y diversas actividades académicas. Además, organizamos talleres y programas educativos que fomentan el conocimiento y la valoración del patrimonio documental del país.
Nuestro principal interés es poner a disposición de todos los centros educativos, sin distinción de nivel o ubicación geográfica, la totalidad de los recursos y servicios que ofrece la Biblioteca Nacional. Del mismo modo, trabajamos en colaboración con otras bibliotecas públicas, bibliotecas municipales e instituciones culturales, compartiendo colecciones, conocimientos y servicios especializados.
Si bien muchos de nuestros recursos pueden consultarse a través de Internet, también procuramos brindar alternativas de atención a quienes enfrentan limitaciones tecnológicas. De modo que, invitamos a las personas e instituciones interesadas a comunicarse con nosotros por teléfono o mediante otros canales de contacto para encontrar la mejor manera de facilitarles el acceso a nuestros servicios.
Nuestro compromiso es que la memoria, la cultura y el conocimiento lleguen a todas las personas, sin importar dónde se encuentren.
Además de las actividades relacionadas con la lectura y la escritura, ¿qué otros programas culturales promueve y desarrolla la Biblioteca Nacional?
Uno de los pilares fundamentales de nuestra misión es la difusión. Sabemos que custodiamos verdaderos tesoros de nuestra identidad, nuestra cultura y nuestra memoria histórica. Por tal motivo, tenemos la responsabilidad de compartirlos, ponerlos al alcance de toda la población y contribuir al fortalecimiento de la educación, la investigación y el conocimiento en general.
Pero, además, la cultura también cumple una función recreativa. Todos necesitamos leer, disfrutar del arte, escuchar música y participar en experiencias que enriquezcan nuestra vida cotidiana. Por esa razón, la Biblioteca Nacional desarrolla un amplio programa de actividades culturales y educativas durante todo el año, abierto al público, gratuito y dirigido a personas de todas las edades.
Entre estas actividades se incluyen exposiciones —siempre contamos con al menos dos y, en ocasiones, hasta tres de forma simultánea—, conciertos, presentaciones de libros, conferencias, conversatorios y talleres. También ofrecemos talleres artísticos, tecnológicos y de diversas áreas del conocimiento.
Mantenemos un firme compromiso con el cumplimiento de los Objetivos de Desarrollo Sostenible. Creemos que la biblioteca debe contribuir al desarrollo integral del país, no solo desde la perspectiva cultural, sino también desde las dimensiones social y económica.
Por ejemplo, impartimos talleres para emprendedores, capacitaciones en tecnología y actividades formativas orientadas al fortalecimiento de habilidades y competencias en distintos ámbitos. Nuestro objetivo es responder a las necesidades de una sociedad en constante transformación.
Además, ofrecemos actividades tanto presenciales como virtuales. Esto nos permite llegar a personas que viven lejos, que tienen dificultades para desplazarse o que trabajan durante los horarios habituales de atención de la biblioteca.
Es precisamente en este punto donde la tecnología se convierte en una gran aliada. Gracias a ella, podemos mantener nuestras colecciones disponibles las 24 horas del día, los siete días de la semana, y llevar nuestros servicios a cualquier lugar donde se necesiten. Como solemos decir, hoy la biblioteca está a un clic de distancia.
Debido a que la tecnología cambia constantemente, procuramos adaptarnos de manera continua, dentro de nuestras posibilidades y capacidades institucionales. La tecnología evoluciona rápido y nosotros trabajamos para aprovecharla de la mejor manera posible, siempre con el propósito de brindar un mejor servicio a nuestros usuarios.
¿Cuál es el reto que más la desvela como directora y cuáles logros se han alcanzado en estos años?
Dirigir la Biblioteca Nacional representa, para mí, una gran responsabilidad, pero también un enorme honor. A lo largo de su historia, esta institución ha contado con el aporte de destacadas personalidades que han contribuido significativamente al desarrollo cultural e intelectual de Costa Rica, de manera que me siento profundamente honrada de poder servir a mi país desde esta posición y de contribuir a la preservación y difusión de nuestra memoria colectiva.
Cuando asumí la dirección de la Biblioteca Nacional ya contaba con varios años de experiencia dentro de la institución, particularmente como jefe del Departamento de Referencia. Esa trayectoria me permitió conocer de cerca las necesidades, fortalezas y oportunidades de la Biblioteca, así como participar en proyectos fundamentales como el desarrollo del portal institucional, donde se encuentran la Biblioteca Digital, los servicios virtuales, las exposiciones en línea y otros recursos de gran valor para los usuarios.
Entre los principales objetivos que me propuse al asumir el cargo estuvo el fortalecimiento de la difusión del patrimonio documental mediante un amplio programa de actividades culturales y educativas. Este esfuerzo ha incluido la realización de exposiciones, conciertos, presentaciones de libros, conferencias, conversatorios, foros, espectáculos artísticos y muchas otras iniciativas destinadas a acercar la cultura a la ciudadanía y a ampliar el acceso al conocimiento.
Por otra parte, hemos continuado impulsando los procesos de conservación y restauración de nuestras colecciones patrimoniales, conscientes de la responsabilidad que implica resguardar documentos únicos e irremplazables para las futuras generaciones. Paralelamente, hemos procurado aprovechar los avances tecnológicos y las nuevas plataformas digitales para ofrecer servicios cada vez más accesibles, eficientes e inclusivos.
Este trabajo no sería posible sin el compromiso de mis compañeras y compañeros de la Biblioteca Nacional, así como el apoyo de numerosas instituciones, organizaciones y personas que colaboran con nosotros. Un ejemplo de ello es la Asociación de Amigos de la Biblioteca Nacional, cuyo respaldo ha sido fundamental para el desarrollo de diversos proyectos e iniciativas.
A pesar de las limitaciones presupuestarias que enfrentamos, hemos mantenido un firme compromiso con nuestra misión institucional. Para ello, hemos fortalecido alianzas estratégicas con otras entidades, desarrollado proyectos de cooperación y buscado nuevas oportunidades que nos permitan seguir creciendo y ampliando nuestros servicios.
Me siento especialmente orgullosa de muchos de los logros alcanzados durante estos años. Entre ellos destacan el crecimiento constante de la Biblioteca Digital, la consolidación de nuestros servicios virtuales, el fortalecimiento de los programas culturales y educativos y la construcción de sólidas alianzas con instituciones, autores, artistas, investigadores y diversos sectores de la sociedad.
También constituyen motivo de orgullo los reconocimientos que ha recibido la institución. La declaratoria de la Biblioteca Nacional como Benemérita de la Patria representa un homenaje a la labor que ha realizado durante más de un siglo al servicio del país. De igual forma, la obtención del Premio Catedral de la Democracia, otorgado por el Tribunal Supremo de Elecciones en 2025, reafirma nuestro compromiso con la democratización del acceso a la información y el conocimiento.
Uno de los desafíos más importantes de nuestra gestión consiste en encontrar el equilibrio entre la conservación del pasado y la innovación hacia el futuro. Preservar nuestra historia es una responsabilidad irrenunciable, pero también lo es aprovechar las nuevas tecnologías para garantizar que ese patrimonio continúe siendo relevante, accesible y útil para las generaciones actuales y futuras.
Por ello, reflexionamos constantemente sobre cómo incorporar herramientas innovadoras, como la inteligencia artificial, las nuevas plataformas digitales y los medios de comunicación emergentes, para fortalecer nuestros servicios y ampliar nuestro alcance. Nos interesa explorar cómo estas tecnologías pueden ayudarnos a difundir de manera más efectiva la historia y la cultura de Costa Rica.
Un claro ejemplo de esta visión es la posibilidad de llevar conferencias, conversatorios, exposiciones y actividades culturales a públicos que antes no podían acceder a ellas, mediante transmisiones virtuales y recursos digitales. Del mismo modo, buscamos poner al alcance de todas las personas colecciones documentales con más de cien años de antigüedad, facilitando su consulta mediante plataformas de acceso abierto.
Además, procuramos apoyar el trabajo de investigadores, autores, estudiantes y creadores que generan nuevo conocimiento sobre Costa Rica. Cada investigación, publicación o proyecto cultural que surge a partir de nuestras colecciones contribuye a enriquecer la comprensión de nuestra historia, fortalecer nuestra identidad y ampliar el patrimonio cultural de la nación.
Esa es, en esencia, la razón de ser de la Biblioteca Nacional: preservar la memoria del pasado, ponerla al servicio del presente y proyectarla hacia el futuro para beneficio de toda la sociedad costarricense.

LA DIRECTORA
“La persona que cuida la memoria de todos”
Hay algo paradójico en el trabajo de quien dirige una biblioteca nacional: se ocupa del pasado de todos, pero casi nadie sabe su nombre.
Laura Rodríguez lleva ya 14 años trabajando en la Biblioteca Nacional. Tiene más de 30 años de experiencia laborando en diferentes bibliotecas a lo ancho y largo de Costa Rica. Es Bibliotecóloga de profesión con una maestría en Bibliotecas Patrimoniales y Nacionales de la Universidad Carlos III de Madrid y posee, además, una Maestría en Informática.
¿Qué la llevó a la bibliotecología en lugar de otros caminos posibles? ¿Hubo un momento concreto en que supo que quería dedicar su vida a este campo?
Creo que llegué a la bibliotecología impulsada por mi interés en la información, los documentos y el conocimiento. Siempre me ha apasionado la forma en que la información puede organizarse, preservarse y ponerse al servicio de las personas. Esa misma inquietud me llevó posteriormente a realizar una maestría en Computación, porque comprendí que la tecnología constituye una herramienta fundamental para mejorar los servicios, optimizar la gestión de las colecciones y ampliar el acceso a los documentos y recursos de información.
Al mismo tiempo, la dimensión cultural de las bibliotecas ha sido una motivación constante en mi trayectoria profesional. Las bibliotecas han evolucionado al mismo ritmo que la sociedad. Las necesidades de información de las personas han cambiado y continúan transformándose, por lo que las bibliotecas también han debido adaptarse para responder a esos nuevos desafíos. Las bibliotecas nacionales, por supuesto, no son la excepción.
Esta evolución permanente me ha permitido mantener una búsqueda constante de nuevos servicios, nuevas oportunidades y nuevas formas de llegar a públicos cada vez más diversos. También me ha impulsado a reflexionar continuamente sobre cómo preservar el patrimonio documental y cómo aprovechar las herramientas disponibles para hacerlo accesible a más personas.
Fue durante los últimos años de secundaria cuando decidí orientar mi futuro profesional hacia este campo. Más adelante, ya como profesional en ejercicio, identifiqué la necesidad de complementar mi formación con estudios en computación y otras áreas especializadas. Desde entonces, mi desarrollo profesional ha sido un proceso continuo de aprendizaje y crecimiento, que incluye estudios de posgrado en bibliotecas nacionales y patrimoniales, así como formación vinculada a la gestión cultural.
Antes de asumir la dirección de la Biblioteca Nacional, tuve la oportunidad de desempeñarme durante seis años como jefe del Departamento de Referencia. Fue una etapa muy enriquecedora, en la que impulsé la creación del portal institucional y participé activamente en el desarrollo de nuevos servicios. En aquel momento, gran parte de la atención se realizaba exclusivamente de manera presencial, por lo que comenzamos a trabajar en estrategias que permitieran abrir la Biblioteca a los entornos digitales y ampliar el acceso a los usuarios.
Esa experiencia fue fundamental para mi formación profesional y para comprender el enorme potencial que tienen las tecnologías de la información en el ámbito bibliotecario. Igualmente, la realización de una maestría especializada en bibliotecas nacionales y patrimoniales, desarrollada en conjunto con instituciones académicas de España, fortaleció aún más mi visión sobre el papel que estas instituciones desempeñan en la preservación de la memoria colectiva.
Además de mi labor en la Biblioteca Nacional, durante muchos años tuve la oportunidad de impartir clases en la carrera de Bibliotecología. Desde las aulas insistía constantemente a mis estudiantes en la importancia de adaptarse a los cambios tecnológicos y sociales, comprendiendo que la innovación no es un fin en sí mismo, sino una herramienta para mejorar los servicios y fortalecer el cumplimiento de nuestra misión.
Esa convicción sigue guiando mi trabajo hasta hoy: entender que las bibliotecas deben evolucionar junto con la sociedad, aprovechar las nuevas herramientas disponibles y continuar siendo espacios fundamentales para la preservación del patrimonio, la democratización de la información y el acceso al conocimiento para todas las personas.
Su trayectoria no fue lineal, como casi nunca lo son las vocaciones verdaderas. Hubo desvíos agradables y útiles, aprendizajes inesperados, personas que marcaron el camino.
¿Quiénes han sido sus referentes, dentro o fuera del mundo de las bibliotecas? ¿Cómo ha cambiado su visión sobre las bibliotecas desde que comenzó su carrera?
En el campo de la bibliotecología existen numerosos referentes que han dejado una profunda huella tanto en Costa Rica como en Iberoamérica y en otras regiones del mundo. He tenido la oportunidad de conocer y admirar el trabajo de destacados profesionales y directores de bibliotecas nacionales, cuyas trayectorias, visión y compromiso con la cultura han servido de inspiración para muchos de nosotros. Sus aportes continúan orientando el desarrollo de nuestras instituciones y fortaleciendo la importancia de las bibliotecas en la sociedad contemporánea.
Por supuesto, mi visión sobre las bibliotecas ha cambiado significativamente desde que inicié mi carrera profesional. Cuando me gradué, internet apenas comenzaba a expandirse y las posibilidades que hoy consideramos habituales todavía eran impensables. La transformación tecnológica nos ha abierto un universo de oportunidades para acercar el conocimiento a las personas, eliminar barreras de acceso y ofrecer servicios cada vez más innovadores.
¿Recuerda el libro que despertó en usted el amor por la lectura, y qué significó en ese momento de su vida?
No hubo un libro en particular que despertara en mí el amor por la lectura, sino muchos libros. Desde muy pequeña disfruté leer, y ese gusto nació gracias al ejemplo y la motivación de mi familia. Mi mamá y mi papá nos inculcaron el amor por los libros desde temprana edad, y esa fue una de las herencias más valiosas que pudieron darnos.
Comencé a leer siendo muy niña y nunca dejé de hacerlo. Continúo leyendo hasta hoy, aunque no tanto como quisiera debido a las responsabilidades y al tiempo disponible. Sin embargo, la lectura sigue siendo una parte fundamental de mi vida. Creo que cada etapa de la existencia tiene sus propios libros, aquellos que nos acompañan, nos conmueven o nos ayudan a comprender mejor el mundo y a nosotros mismos.
Por eso siempre recomiendo a las familias, cuidadores y educadores que fomenten en los niños el amor por la lectura. Más que una obligación o una tarea escolar, leer debe convertirse en un hábito placentero. Cuando ese vínculo se construye desde la infancia, se transforma en una fuente de disfrute, aprendizaje y crecimiento que acompaña a las personas durante toda su vida.
En cuanto a los autores o géneros que suelo releer, depende mucho del momento. A veces regreso a los clásicos; en otras ocasiones vuelvo a obras de literatura contemporánea. También disfruto mucho la lectura de textos históricos, especialmente la novela histórica, un género que me apasiona porque permite acercarse al pasado desde una perspectiva humana y narrativa.
Mis intereses de lectura son bastante variados. Leo literatura costarricense con gran entusiasmo, porque considero importante conocer y valorar la producción intelectual y artística de nuestro país. Además, disfruto de la literatura latinoamericana y universal, explorando autores, estilos y épocas muy diferentes entre sí.
Estoy convencida de que la lectura transforma a las personas. Nos enriquece intelectualmente, amplía nuestra visión del mundo y nos invita a cuestionar ideas, reflexionar y desarrollar una mirada más crítica. También estimula la creatividad, fortalece nuestra capacidad de análisis y nos ayuda a comprender mejor la realidad que nos rodea.
Pero además de todo eso, leer es una experiencia profundamente gratificante. Cada libro es un viaje hacia nuevos lugares, épocas, personajes e ideas. Es una oportunidad para crecer, emocionarse y descubrir perspectivas distintas. Por eso considero que la lectura nos enriquece no solo en el plano intelectual, sino también en el personal y espiritual.
Vivimos en una época caracterizada por una enorme cantidad de información disponible, especialmente a través de las redes sociales y las plataformas digitales. Sin embargo, esa abundancia también implica riesgos, como la circulación de noticias falsas, información imprecisa o contenidos sin sustento. De modo que, es fundamental desarrollar criterios para seleccionar, verificar y analizar lo que consumimos.
La lectura profunda y reflexiva ofrece una experiencia muy diferente. Nos permite detenernos, comprender contextos, contrastar ideas y construir conocimientos sólidos. Incluso cuando utilizamos redes sociales o medios digitales para informarnos, es importante verificar las fuentes y buscar contenidos que nos ayuden a crecer como personas y ciudadanos.
Finalmente, creo que todos podemos encontrar un momento para leer. No siempre es necesario disponer de largas horas. A veces basta con una o dos páginas al día, unos minutos antes de dormir o un espacio durante un viaje en autobús, tren o cualquier otro momento de espera. Lo importante es mantener vivo el hábito.
La lectura no exige grandes cantidades de tiempo, pero sí puede generar grandes transformaciones. Por eso siempre vale la pena abrir un libro y dejarse acompañar por sus páginas.
Se puede saber mucho de una persona por el libro que la formó. Y se puede saber mucho de una directora por cómo habla de los libros que custodia, lo cual nos deja una agradable estampa.
EL FUTURO
“Lo que viene, lo que queda”
No hay institución cultural que no se pregunte, tarde o temprano, si seguirá siendo relevante. Las bibliotecas llevan siglos respondiendo esa pregunta con hechos.
¿Cómo imagina la Biblioteca Nacional en veinte años: qué habrá cambiado y qué debería permanecer igual?
Imagino la Biblioteca Nacional dentro de veinte años como una institución aún más cercana a las personas, con servicios más innovadores y accesibles, que aproveche plenamente los avances tecnológicos que hoy apenas comenzamos a vislumbrar. No me refiero únicamente a servicios virtuales, sino también a nuevas formas de interacción mediante asistentes inteligentes, avatares, plataformas inmersivas y otras herramientas que permitan ofrecer experiencias más enriquecedoras a los usuarios.
Visualizo una Biblioteca Nacional capaz de aprovechar cada avance tecnológico para llegar a nuevos públicos, mejorar continuamente sus servicios y garantizar un acceso cada vez más amplio al conocimiento, la cultura y la memoria histórica del país. También espero que, para entonces, hayamos logrado superar algunas de las limitaciones que hoy enfrentamos, especialmente en materia de recursos para la conservación y protección de nuestras colecciones patrimoniales.
Me imagino una institución que incorpore plenamente las nuevas tecnologías en los procesos de preservación documental, restauración, investigación y difusión de la información. Una biblioteca que continúe fortaleciendo su misión de servicio público y que pueda atender las necesidades de cada ciudadano, independientemente de su ubicación geográfica o de los medios que utilice para acceder a la información.
Entre los proyectos más importantes para el futuro inmediato de la Biblioteca Nacional destaca la implementación del sistema de detección y extinción de incendios. La primera etapa de este proyecto ya está iniciando y, previsiblemente, se desarrollará en varias fases. Se trata de una inversión fundamental para proteger un patrimonio documental único e irremplazable, garantizando su conservación para las futuras generaciones.
Asimismo, visualizo una Biblioteca Nacional con mejores espacios, equipamiento más moderno y condiciones óptimas para ofrecer al público experiencias cada vez más significativas y enriquecedoras. Aunque las formas de acceso a la información continúen transformándose, las bibliotecas seguirán siendo lugares esenciales para la preservación del conocimiento, la investigación, la formación de criterio y la verificación de fuentes confiables.
La inteligencia artificial ya puede generar textos, resumir documentos y responder preguntas. Pero no puede reemplazar lo que una biblioteca hace en el fondo: ser el lugar donde una sociedad decide qué vale la pena guardar.
¿Qué rol tendrán las bibliotecas en un mundo donde la inteligencia artificial puede generar y resumir conocimiento al instante?
En ese contexto, considero que la inteligencia artificial será una gran aliada para las bibliotecas. Su potencial para optimizar procesos, mejorar la búsqueda y recuperación de información, personalizar servicios y ampliar las posibilidades de acceso es enorme. Sin embargo, no veo a la inteligencia artificial como un sustituto de las bibliotecas, sino como una herramienta complementaria que fortalecerá su labor.
Las bibliotecas no desaparecerán; por el contrario, seguirán evolucionando junto con la sociedad. Además de la inteligencia artificial, surgirán nuevas tecnologías y herramientas que contribuirán a ampliar su impacto y relevancia. Lo fundamental será mantener la capacidad de adaptación y continuar poniendo la innovación al servicio de las personas y del conocimiento.
¿Qué legado le gustaría dejar en esta institución?
En cuanto al legado que me gustaría dejar cuando llegue el momento de retirarme, espero contribuir a consolidar una Biblioteca Nacional más fuerte, más moderna y mejor preparada para enfrentar los desafíos del futuro. Me gustaría dejar una institución con bases sólidas, una visión estratégica de largo plazo y mayores capacidades para cumplir su misión.
También deseo que la Biblioteca Nacional cuente con un marco legal cada vez más robusto que fortalezca su papel como custodio de la memoria documental de Costa Rica y que le permita continuar creciendo y respondiendo a las necesidades de las nuevas generaciones.
En definitiva, aspiro a dejar una institución que siga avanzando, innovando y sirviendo al país, sin perder nunca de vista su responsabilidad fundamental: preservar la memoria de Costa Rica y ponerla al alcance de todas las personas.
CIERRE
“Por qué importa”
Hay países que han perdido sus archivos en guerras. Hay culturas cuyos libros fueron quemados por decreto. Hay lenguas que murieron porque nadie las escribió a tiempo.
Costa Rica tiene una biblioteca que lleva más de un siglo evitando ese destino y tratando de conservar nuestra historia.
¿Por qué importa preservar la crónica escrita de un país, especialmente en épocas de crisis o cambio acelerado?
La conservación del registro documental de un país es una responsabilidad que nos corresponde a todos. Existe una frase que afirma que quien conoce su pasado entiende mejor su futuro, y creo que encierra una gran verdad. En un mundo que cambia constantemente y enfrenta nuevos desafíos, nuestra historia continúa siendo una fuente de aprendizaje, inspiración y orientación.
Un ejemplo de ello ocurrió durante la pandemia de COVID-19, cuando Costa Rica celebraba el Bicentenario de su Independencia. En aquel momento difundimos numerosos documentos históricos sobre la forma en que el país enfrentó la pandemia de gripe española durante las celebraciones del Centenario de la Independencia. Aquella experiencia nos permitió recordar que generaciones anteriores también afrontaron momentos difíciles y lograron superarlos.
Conocer esos episodios históricos resultó inspirador, porque nos recordó que Costa Rica ha sabido enfrentar grandes desafíos a lo largo de su historia. Si nuestros antepasados encontraron la manera de salir adelante en circunstancias complejas, nosotros también podíamos hacerlo. La memoria histórica tiene precisamente esa capacidad: ayudarnos a comprender el presente, fortalecer nuestra resiliencia y encontrar esperanza en las experiencias del pasado.
Y así como ese ejemplo, existen muchos otros. La historia demuestra cómo Costa Rica ha sabido innovar, resolver problemas, construir consensos y convertirse en referente en diversos ámbitos. Estos logros deben servir de inspiración para que las generaciones actuales y futuras continúen construyendo un país cada vez mejor.
La última consulta que tengo para usted es sobre la importancia de la lectura y la escritura, pero especialmente de la escritura a mano. Quisiera enfocarme en este tema porque muchas personas la han ido dejando de lado debido a la tecnología y confían en que las herramientas digitales corregirán o mejorarán sus textos. ¿Qué importancia considera usted que tiene promover la escritura manual en la actualidad?
La lectura tiene una importancia trascendental en la vida de cada persona. A través de ella enriquecemos nuestro mundo interior, fortalecemos nuestra dimensión espiritual y recreativa, y ampliamos nuestra manera de comprender la realidad. La lectura nos permite viajar, conocer otras perspectivas y desarrollar formas de pensamiento más abiertas, críticas y creativas.
Por eso considero que es fundamental fomentar el hábito de la lectura desde la infancia. Siempre he creído que debemos ayudar a los niños a descubrir el placer de leer, porque la lectura no se impone: se descubre. No importa si leen un libro impreso, una tableta o un teléfono celular; lo importante es que lean. Tampoco es necesario que todos prefieran los mismos géneros. Algunos leerán historia, otros poesía, ficción o divulgación. Lo esencial es que encuentren en la lectura una fuente de conocimiento, disfrute y crecimiento personal.
En cuanto a la escritura, esta constituye una de las formas más importantes de expresión humana. Además de permitirnos comunicar ideas, emociones y conocimientos, contribuye significativamente a nuestro desarrollo cognitivo.
Diversas investigaciones han demostrado que la escritura a mano activa procesos cerebrales que no se generan de la misma manera cuando utilizamos únicamente dispositivos digitales. Para quienes crecimos escribiendo y dibujando a mano, estas prácticas fueron fundamentales en el desarrollo de habilidades cognitivas, motoras y creativas. No podemos permitir que las nuevas generaciones pierdan esos beneficios.
Existe un proceso mental asociado a la escritura manual que resulta invaluable. Aunque no soy especialista en educación, sí sé que numerosos estudios respaldan su importancia. Por ello, considero que los niños y jóvenes no deberían sustituir completamente la escritura a mano por el uso exclusivo de computadoras o dispositivos electrónicos.
De hecho, algunos países con mayores recursos tecnológicos que los nuestros han comenzado a recuperar y fortalecer la enseñanza de la escritura manual precisamente por los beneficios que aporta al aprendizaje y al desarrollo integral de las personas.
Creo que debemos tener esto muy presente. A veces nos dejamos llevar por la inmediatez de la tecnología, y quiero aclarar que no estoy en contra de ella; al contrario, incluso he estudiado computación y reconozco plenamente sus ventajas. Sin embargo, considero que el verdadero desafío consiste en aprovechar lo mejor de ambos mundos: utilizar la tecnología como una herramienta poderosa, sin renunciar a aquellas prácticas que siguen siendo fundamentales para nuestro desarrollo intelectual y humano.
Si tuviera que describir la Biblioteca Nacional en una sola imagen —no una palabra, sino una imagen— ¿cuál sería?
Elegiría memoria. La Biblioteca Nacional es la memoria de cada uno de nosotros y del país en el que hemos vivido. Es la memoria de nuestros padres, de nuestros abuelos y de quienes nos precedieron. Es el espacio donde se resguarda la historia de Costa Rica y donde permanecen las huellas de quienes construyeron nuestra nación.
Pero también es la memoria que permanecerá para nuestros hijos, nietos y las futuras generaciones. Gracias a ella podrán conocer cómo se formó el país, cuáles fueron sus grandes aportes y logros, cuáles desafíos enfrentó y cuáles errores cometió, para aprender de ellos y evitar repetirlos. La memoria nos permite comprender de dónde venimos y reflexionar sobre hacia dónde queremos dirigirnos como sociedad.
Me gustaría que la ciudadanía comprendiera la enorme importancia que tienen las bibliotecas y, particularmente, el papel que desempeña la Biblioteca Nacional en el desarrollo educativo, cultural, social e incluso económico del país. Se trata de una institución fundamental para la construcción de ciudadanía, la preservación de la identidad nacional y el acceso democrático al conocimiento.
Por otra parte, la historia de la propia Biblioteca Nacional también nos deja importantes lecciones. El edificio que albergó con anterioridad a la institución era una construcción privada de gran valor arquitectónico que, lamentablemente, fue demolida y no pudo conservarse. Las fotografías muestran un inmueble de extraordinaria belleza que, aunque ya no respondía a las necesidades funcionales de una biblioteca nacional moderna, podría haber tenido otros usos culturales de gran relevancia, como una casa de la cultura, un centro cultural o incluso un espacio complementario a la actual Biblioteca Nacional.
Esa experiencia nos recuerda la importancia de valorar y proteger nuestro patrimonio en todas sus expresiones. Debemos ser conscientes de la necesidad de conservar nuestro patrimonio arquitectónico, documental, arqueológico y cultural, porque una vez que se pierde, es imposible recuperarlo plenamente.
Cuidar el patrimonio es cuidar nuestra identidad. Es proteger la memoria colectiva que nos define como nación y garantizar que las futuras generaciones puedan conocer, comprender y valorar la historia que hemos construido juntos. Esa es una responsabilidad compartida y un compromiso que debemos asumir como sociedad.
Al salir a la calle, el ruido cotidiano vuelve, pero algo ha cambiado: ahora sabemos que ahí adentro, en ese edificio que pasamos sin detenernos, hay personas cuidando algo que nos pertenece a todos y que debemos valorar más allá de la costumbre. Es parte de todos los costarricenses y de la humanidad.
Laura Rodríguez, Directora de la Biblioteca Nacional de Costa Rica
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