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Coherencia educativa entre mamá y papá

Se necesita tiempo para ponerse de acuerdo y mantener un solo criterio de pareja ante los hijos

Por: Ernesto González, Licenciado en Ciencias Pedagógicas
“No es justo… papá siempre me deja ver tele antes de hacer la tarea… no te quiero…”, “mamá dice que lo que usted quiera…” dice Alberto a su padre momentos después de que su madre le negara ir a casa de su amigo. Esto es lo más leve que nos puede pasar si nuestros hijos, radares de última generación, detectan falta de criterios educativos en la pareja. En realidad, no es tan difícil como pensamos. Solo se necesita tiempo para ponerse de acuerdo y una visión clara de lo que debe ser más importante para nosotros: nuestros hijos.

Es muy probable que si mamá, por ejemplo, es más benévola con los permisos, los niños acudirán más a ella, y se cuidarán de que el permiso no haga demasiado ruido como para que llegue a oídos de papá. Normalmente, si se ha llegado a esto es porque hay una disparidad de criterios educativos entre los dos progenitores.

Se debe intentar delimitar los campos de decisión y dejar claro a los niños qué tipos de permiso concede cada quién. Por ejemplo: El padre da los permisos sobre cantidades de dinero y mamá los permisos de salidas de casa, o viceversa. Y desde luego, de mutuo acuerdo, los dos se suman a las decisiones del otro. En un segundo momento puede intentarse aunar criterios para que los hijos no perciban que uno de los dos es el duro y el otro el blando. En el medio, la virtud.

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Lo idóneo sería intervenir ambos progenitores en la toma de decisiones de los hijos pero si no se puede por falta de acuerdos o criterios comunes lo mejor es delimitar los campos de actuación de cada parte, respetarlos y no intervenir bajo ningún concepto a no ser que la pareja lo pida. Es muy importante que un “no” puesto de acuerdo entre ambos, con relación a la mejor decisión, la discusión al respecto, nunca deberá ser delante de su hijo. Simplemente deberán buscar un lugar donde pensar que es lo mejor para él y comunicar la decisión conjuntamente. Por supuesto, alguno de los dos deberá ceder, pero que su hijo no note “vencedores ni vencidos” sino unanimidad.

Ganarse el respeto de los hijos a veces implica saber reconocer cuando uno se ha equivocado y pedir perdón. Es muy humano reaccionar ante los desafíos de los hijos y sus muchas estrategias “defensivas” con sentimientos muy cargados, a veces impulsivamente. No pasa nada si sabemos reconocerlo, pedir perdón y llegar a una solución intermedia. Lo mismo ocurre con la pareja. Llegar a acuerdos educativos satisfactorios para ambos padres es a menudo complicado y, en ocasiones, nos saltamos esos acuerdos. Saber reconocer nuestra falta es una manera también de unificar criterios educativos y aumentar el respeto entre la pareja, necesario si queremos que nuestros hijos nos respeten.

Los hijos deben percibir que aunque sus padres son diferentes, realmente son uno a la hora de educar. Es de vital importancia que los padres tengan tiempo para pensar y decidir las cosas siempre que sea posible.

¿Ya conversó usted con su pareja previo a la búsqueda de solución, ante la problemática que surgió de la llamada recibida de la escuela acerca del comportamiento de su hijo/a?

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