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Concierto benéfico: Mucho con demasiado

El concierto benéfico de SIFAIS en Parque Viva demostró solidaridad, optimismo y esperanza

Concierto Maris Stella Fernández

Concierto Benéfico Maris Stella Fernández
Por: Maris Stella Fernández Brenes, presidente Fundación SIFAIS

Todavía una semana después del concierto benéfico, me cuesta calibrar la magnitud de lo que sucedió el pasado jueves 13 de agosto en Parque Viva. No es solo lo que se vio sobre el escenario. Es algo más difícil de medir: la alegría contagiosa, la calidez que se sentía con solo caminar entre bambalinas, ese ambiente de optimismo y de solidaridad que parecía multiplicarse en cada persona que se acercaba a preguntar en qué podía ayudar. Fue, literalmente, una noche de “mucho con demasiado”. Demasiada alegría para un solo espacio. Demasiada calidez para calcularla con las herramientas de siempre.

Cómo nació este concierto benéfico

La idea, en realidad, se fue cocinando a fuego lento, durante mucho más tiempo del que parece. Empezó a rondarme en la cabeza desde junio del año pasado, cuando terminamos un concierto en el Teatro Melico Salazar sin poder compartir del todo el mensaje de SIFAIS por las limitaciones propias de aquel espacio. Ahí quedó dando vueltas la idea, como una posibilidad lejana, casi una ocurrencia. No fue sino hasta febrero de este año que me atreví a plantearla en voz alta, como algo real y no solo como un sueño. Y, mientras se iba tejiendo con paciencia la coordinación de horarios de artistas y las posibilidades técnicas del lugar, fuimos llegando poco a poco al 10 de julio, que fue el día en que finalmente se acomodó la última pieza que nos hacía falta para arrancar formalmente con todos los permisos. De ahí en adelante tuvimos apenas cuatro semanas de trámite puro y duro.

Quizá lo que más me sorprende, al mirar hacia atrás, no es la logística intensa. Es la cantidad de gente que se sumó sin que nadie se lo pidiera con nombre y apellido. Hubo, sí, personas pivote: quienes sostuvieron sobre sus hombros la mayor parte del peso y sin quienes esto sencillamente no habría existido. Pero alrededor de ellas hubo decenas de personas más, cada una aportando su granito, muchas veces sin que existiera un cargo definido para lo que estaban haciendo. Los roles no estaban del todo decantados. No había un organigrama que dijera con precisión quién hacía qué. Todos aportaban, todos resolvían lo que tenían enfrente, y las figuras que terminaron descollando lo hicieron no porque ocuparan un puesto jerárquico, sino por el ímpetu con que se entregaron y por la vinculación genuina que sentían con el proyecto. Ese desorden fértil, esa manera de organizarse casi orgánica, es en sí misma otra forma de "demasiado": demasiada gente dispuesta, para las tareas formalmente asignadas.

En el escenario del concierto benéfico

La alegría se sintió también arriba del escenario. Esa noche compartieron tarima Malpaís, Gandhi, Balance Voodoo y Debi Nova —quien llegó especialmente desde Los Ángeles, donando cuatro días de su agenda— junto a más de 230 personas vinculadas a SIFAIS de una u otra manera: alumnos, exalumnos, profesores, exprofesores, voluntarios, músicos de programas aliados conformando la Orquesta de las Rebeldías Constructivas de 15 Años Sifais.

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Seis agrupaciones, todas talentosas, presentando lo mejor de sí en un espacio de apenas dos horas y media. No alcanzó el tiempo. Malpaís se quedó con las ganas de tocar tres piezas más de las que tenía preparadas junto a nuestra orquesta, porque a las diez en punto había que apagar los equipos, y aun así, ¡nadie se fue con cara larga! Fue exactamente lo mismo que ocurrió detrás de cámaras: demasiada música, demasiado talento, demasiadas ganas de seguir, para el tiempo que teníamos disponible.

Y esa misma desproporción se repitió en lo económico. Si a SIFAIS le hubieran cobrado absolutamente todo lo que ese concierto benéfico representó —artistas, sonido, producción, tarima, pantallas, seguridad, impuestos— la factura habría rondado los 395 mil dólares. A nosotros nos costó, en dinero, solo un 5%. La diferencia no la cubrió ningún patrocinador único: la cubrió una cadena larguísima de generosidad, de empresas y de personas que decidieron sumarse con lo que tenían, tal como lo hicieron también los cientos de voluntarios que llenaron cada rincón de la producción.

He dado muchas vueltas a por qué insisto en esta frase —"mucho con demasiado"— para describir lo que vivimos. Y creo que es porque ese excedente no fue de dinero, ni siquiera de talento: fue, sobre todo, de ánimo. De la sensación compartida de que algo nuevo era posible. De la calidez que se respiraba entre quienes llegaban por primera vez a ayudar y quienes llevaban quince años sosteniendo este sueño. Cuando algo se desborda así, cuesta medirlo con las herramientas de siempre. Solo puedo decir que fue mucho. Y que fue, sobre todo, demasiado —en el mejor sentido posible de esa palabra.

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