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Cómo detener el incremento de la huella de carbono de la agricultura

Uso de fertilizantes supera las 200 millones de toneladas globalmente

¿Es sostenible el incremento de la producción agrícola? Científicos de la Universidad Agrícola de China han llegado a una conclusión: reducir la intermediación humana en los procesos agrícolas.

De acuerdo con el Consorcio Internacional de Centros de Investigación Agrícola (CGIAR), la agricultura es el mayor contribuyente de gases invernaderos sin contar el CO2 y aporta hasta un 29% de emisiones totales.

En los últimos 20 años, las emisiones del gas, óxido de nitrato (N20), han incrementado un 30%, a causa principalmente del incremento en producción de cultivos y uso de fertilizantes a base de nitrógeno.

El óxido nitroso es liberado cuando el nitrógeno de los fertilizantes o materiales orgánicos se transforma por medio de microorganismos en el suelo, y es 300 veces más potente que el dióxido de carbono en cuanto al incremento de la temperatura global.

Los fertilizantes a base de nitrógeno son un tipo de fertilizantes minerales, productos de origen inorgánico que aportan al menos, un mineral esencial para el desarrollo de las plantas. Además de contribuir a la emisión de gases de efecto invernadero, el uso indiscriminado de estos fertilizantes puede llegar a contaminar cuerpos de agua y también tienden a ser sumamente inflamables.

Yuefeng Shi, agrónomo e investigador, comparó junto con su equipo los flujos de GEI a partir de cinco regímenes de manejo de cultivos de maíz y trigo, en las épocas de verano e invierno en las llanuras del norte de China

Como resultado, obtuvieron dos regímenes de cultivo con un alto potencial de reducción de emisiones sin afectar el rendimiento de los cultivos. La primera forma, presenta una reducción de la fertilización con nitrógeno, así como de riego y labranza profunda. La segunda implementaba fertilizantes de liberación controlada, menor nivel riego y sin opción labranza.

En ambos casos, se destacaba una menor intervención por parte de los productores y un menor uso de fertilizantes.

Sin embargo, el uso de fertilizantes es una realidad global, de acuerdo con la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), la aplicación de fertilizantes sobrepasó las 200 millones de toneladas en el 2018. 

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Para Chrystel Monthean, Gerente de Yara para Latinoamérica, comercializadora global de fertilizante, la solución está en impulsar mejores prácticas en el uso de los fertilizantes minerales y aplicar fuentes de nitrógeno más eficientes, tales como los nitratos, que permiten aumentar el rendimiento en cosecha y reducir el impacto medioambiental. 

La empresa, que asegura haberse comprometido con los objetivos sostenibles de la ONU, afirma que al usar fuentes de nitrógeno más eficientes, como los nitratos producidos en plantas europeas, se contamina mucho menos el aire, ayuda a mitigar el cambio climático y facilita una mayor producción de biomasa para fuentes de energía alternativas, tales como la caña de azúcar y el maíz.

“En algunas etapas de su ciclo de vida, los fertilizantes emiten gases de efecto invernadero (GEI), tales como CO2 (dióxido de carbono) y N2O (óxido nitroso). Sin embargo, los fertilizantes también estimulan la captación de CO2 por parte de las plantas y, al impulsar mayores producciones de alimento por unidad de tierra arable, ayudan a prevenir la deforestación y evitan cambios en el uso del suelo”, explica Margarita González, Directora de Agronomía de Yara para Latinoamérica.

El agrónomo Jaime Uribe aclara que si bien los nitratos son absorbidos de mejor manera por plantas y por lo general sus emisiones de gases invernadero son menores, un mal cálculo a la hora de elaborar  este tipo de fertilizante o una falla al momento de su aplicación puede llegar a ser tan dañino como otros tipos de fertilizantes nitrogenados convencionales como la urea y los sulfatos aplicados. 

Sin fertilizantes 

José Ortiz, administra una finca en donde el uso de fertilizantes convencionales está contraindicado. De acuerdo con Ortiz, al utilizar alternativas naturales no solo se ayuda a bajar la huella de carbono, sino que también se ayuda a revertir el daño ocasionado a suelos y cuerpos de agua. 

“Una de las cosas que hacemos es bajar al mínimo la compra de insumos internos que vienen de otros países y que vienen generando precisamente huella de carbono y que además generan dependencia en la operación”, explica el emprendedor. 

Para formular sus propios fertilizantes, Ortiz utiliza elementos que pueda conseguir cerca de sus cultivos como boñiga, tierra de bosque, harina de piedra, carbón y melaza. De la misma manera, utiliza plantas y productos altos en nitrógeno como las vainicas. 

Una de las razones por la que los fertilizantes nitrogenados son tan populares es por la escasez de dicho elemento en los suelos y cultivos del mundo. Bajo la perspectiva de una agricultura regenerativa, el enfoque cambia y en vez de querer fortalecer las plantas en sí, se busca devolverle vida al suelo a partir del fortalecimiento de microorganismos. 

Según Ortiz, los fertilizantes convencionales terminan dejando un excedente, el cual atrae plagas a los cultivos obligando a agricultores a comprar plaguicidas e insecticidas, aumentando su dependencia a productos nocivos para el ambiente. 

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Acerca del autor Esteban Hidalgo Pena

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