
La Organización Panamericana de la Salud (OPS) acaba de publilcar su más reciente documento técnico titulado Mejores prácticas de etiquetado frontal de productos alimentarios en la Región de las Américas, un análisis exhaustivo que compara las regulaciones vigentes en ocho países y evalúa su alineación con la evidencia científica y con el modelo de perfil de nutrientes del organismo.
El informe parte de una realidad contundente: las enfermedades no transmisibles (ENT) —como la diabetes, las enfermedades cardiovasculares y algunos tipos de cáncer— siguen siendo la principal causa de muerte y discapacidad en el continente. Estas patologías están estrechamente vinculadas a dietas no saludables y al consumo creciente de productos ultraprocesados con exceso de azúcares, grasas saturadas, grasas trans y sodio.
En este contexto, el etiquetado frontal de advertencia nutricional (EFAN) se consolida como una de las políticas más costo-efectivas para informar a los consumidores, desalentar el consumo de productos nocivos y facilitar otras medidas complementarias como restricciones de publicidad, entornos escolares saludables y políticas fiscales.
Ocho países bajo la lupa
El análisis de la OPS revisó las normativas vigentes al 30 de junio de 2024 en:
- Argentina
- Brasil
- Chile
- Colombia
- Ecuador
- México
- Perú
- Uruguay
Para la evaluación se consideraron tres grandes dimensiones: diseño gráfico, criterios técnicos y prohibiciones asociadas.
Argentina, Colombia y México lideran
Según el panel comparativo de la OPS, Argentina se posiciona como el país más alineado con las mejores prácticas, cumpliendo 10 de los 11 criterios evaluados. Le siguen Colombia y México, con siete de los 11 aspectos alineados.
Un dato clave: estos tres países adoptaron su normativa más recientemente que otros pioneros como Chile o Ecuador, lo que les permitió incorporar lecciones aprendidas y fortalecer sus marcos regulatorios.
¿Qué hace efectivo a un etiquetado frontal?
La OPS identifica como estándar más alto el uso de advertencias octagonales negras con borde blanco y la palabra “EXCESO”, ubicadas en la parte superior del envase y con tamaño suficientemente visible (hasta 30% o más de la superficie principal cuando el producto presenta múltiples excesos).
Países como Argentina, Chile, Colombia, México, Perú y Uruguay utilizan sistemas octagonales. En contraste, Brasil emplea un sistema de lupa y Ecuador mantiene el sistema tipo “semáforo”. La evidencia revisada por la OPS indica que los octágonos captan mejor la atención y facilitan la comprensión rápida del riesgo nutricional.
En términos de tamaño, Argentina y Colombia destacan con advertencias que ocupan cerca del 40% de la superficie principal en un envase de referencia de 100 cm², mientras que Brasil apenas alcanza un 7%.
El modelo de perfil de nutrientes: la pieza técnica central
Uno de los puntos más técnicos —pero determinantes— es el modelo de perfil de nutrientes (MPN) utilizado para definir qué productos deben llevar sellos.
La OPS considera como mejor práctica el uso de su propio MPN, alineado con las recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud (OMS). Este modelo permite identificar productos con exceso de nutrientes críticos y capturar adecuadamente los ultraprocesados.
Los resultados son elocuentes:
- Argentina captura el 99,3% de los productos ultraprocesados evaluados.
- Colombia, el 99,0%.
- México, el 97,3%.
- Perú y Chile rondan el 80%.
- Uruguay, 76,5%.
- Brasil y Ecuador, cerca del 63%.
La evaluación se realizó sobre una base de datos de 4.136 productos ultraprocesados clasificados según el sistema NOVA, utilizando herramientas estadísticas en lenguaje R.
Publicidad y declaraciones: el eslabón más débil
El documento señala que el componente menos desarrollado en la región es el de prohibiciones asociadas al etiquetado. Solo Argentina prohíbe completamente la publicidad y las declaraciones de propiedades nutricionales o de salud en productos con sellos.
Chile prohíbe publicidad en etiquetas con al menos un sello, mientras que México restringe publicidad dirigida a niños. En la mayoría de países no existen prohibiciones completas sobre declaraciones como “alto en fibra” o “fuente de vitaminas” en productos que simultáneamente presentan advertencias por exceso de azúcar o sodio.
¿Dónde queda Costa Rica?
Aunque Costa Rica no figura entre los países con regulación implementada al cierre de junio de 2024, el informe incluye evidencia científica relevante producida en el país.
Un estudio publicado en 2024 —liderado por investigadores regionales— evaluó distintos esquemas de etiquetado frontal en población costarricense y concluyó que los sistemas de advertencia tipo octágono generan mayor comprensión objetiva del contenido nutricional y reducen la intención de compra de productos menos saludables.
Además, Costa Rica enfrenta retos importantes en materia de ENT y sobrepeso. Datos oficiales han señalado un incremento sostenido del sobrepeso y la obesidad en población adulta y adolescente, lo que refuerza el argumento técnico para adoptar políticas estructurales como el etiquetado frontal.
El país ha discutido propuestas regulatorias en los últimos años, pero aún no ha implementado un sistema obligatorio de advertencias nutricionales frontales como el que recomienda la OPS.
Una hoja de ruta regional
El documento de la OPS no solo evalúa, sino que orienta. Entre sus conclusiones principales destaca:
- El uso del modelo de perfil de nutrientes de la OPS es la herramienta más robusta para garantizar que los productos ultraprocesados sean correctamente identificados.
- El diseño gráfico debe priorizar advertencias claras, visibles y ubicadas en la parte superior del envase.
- Las prohibiciones de publicidad y declaraciones en productos con sellos deben fortalecerse para evitar mensajes contradictorios.
- El etiquetado frontal debe articularse con otras políticas como regulación de entornos escolares y restricciones de mercadeo.
La OPS enfatiza que el etiquetado frontal no es una medida aislada, sino parte de una estrategia integral para transformar los sistemas alimentarios y proteger la salud pública.
Para países como Costa Rica, el informe representa una oportunidad técnica: ofrece criterios claros, evidencia comparada y datos regionales que pueden servir como base para una futura regulación alineada con los estándares más altos de protección a la salud.
En una región donde las ENT siguen liderando las estadísticas de mortalidad, el mensaje es directo: el etiquetado frontal no es solo información en un empaque, es una herramienta de política pública con impacto medible en la prevención de enfermedades y en la toma de decisiones de millones de consumidores.
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