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El problema de los medicamentos falsos

Por: Franklin Binns, Farmacéutico

La falsificación de bienes es una práctica ilegal con cierta tendencia a quedarse en la sociedad de consumo. La venta de artículos falsos o adulterados en el mercado negro es un reto regulatorio. Entender las implicaciones de esta práctica se hace aún más difícil, si no existen espacios de diálogo y de reflexión, mucho menos, si no existen iniciativas políticas, iniciativas público-privadas que ayuden a dimensionar el problema y sus efectos en la salud y la economía de los costarricenses.

En el caso de los medicamentos es aún más complicado, pues en el centro de la fabricación de un medicamento, hay un paciente que lo necesita.

El comercio ilícito de medicamentos

Recientemente, se publicó un informe de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) relacionado con el mercado de medicamentos falsificados, el cual describe con rigurosidad científica y con evidencias, el alcance global del comercio ilícito de estos bienes, el cual ha alcanzado valores de hasta US$431 billones anuales.

En nuestro país, ya en 2014 se afirmaba, según Atlantic Council, que el problema del contrabando (incluidos los bienes de consumo no farmacéuticos) era más grande que el problema del tráfico de drogas ilícitas, lo que le cuesta al país hasta US$100 millones cada año en ingresos fiscales perdidos.

Costa Rica estuvo envuelta en Affpower

Uno de los casos más impactantes y ajenos a la agenda de los medios de comunicación, se dio en 2007. Año en que se desmanteló en los Estados Unidos, toda una organización llamada Affpower que operaba una red de distribución farmacéutica en línea a nivel mundial. En Costa Rica se ubicaba la sede administrativa de Affpower y el departamento de atención al cliente. Esta operación global generó más de 1 millón de pedidos de recetas en dos años, o sea más de US$126 millones.

Si de mercado negro de medicamentos se trata, existen dos sitios específicos para el comercio ilícito de medicamentos en Costa Rica: Uno es el mercado virtual. Basta con acceder a las redes sociales más conocidas y teclear el nombre del medicamento que se requiere y hasta ofrecen descuento y transporte gratuito en la GAM. El otro sitio son los espacios públicos tales como el Parque La Merced donde podrá encontrar antibióticos, analgésicos, antivirales, etc.

Un estudio de la Global Initiative against Transnational Organized Crime (GIATOC), junto con el Think Tank Atlantic Council, entrevistó a vendedores anónimos que frecuentaban dicho espacio público y estos afirmaban que su ingreso a ese “negocio de venta”, se había logrado de manera fortuita como una manera de obtener ingresos.

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Hace algunos meses, recibí en mi sitio de trabajo, el decomiso de cerca de 30 productos farmacéuticos que la Policía Municipal de San José envió para su respectivo análisis. Todos ellos de Caja Costarricense del Seguro Social y con la etiqueta que aún indicaba el nombre de la paciente. Todo un paquete de medicamentos que terminaría siendo vendido en las calles y sin seguridad de su inocuidad y de su efectividad curativa.

Nuestra legislación hasta cierto grado no es ajena a esta realidad, y bajo la Ley General de Salud y los reglamentos técnicos centroamericanos, se ha creado una barrera técnica altamente restrictiva para que al mercado nacional no ingresen productos de mala calidad o productos falsificados. Es decir, los falsificadores, ni se atreven a presentar su dossier para aprobación por las autoridades, pues fácilmente serían detectados.

Por otro lado, la Gerencia de Logística de la CCSS cuenta con el Laboratorio de Normas y Calidad de Medicamentos, el cual lleva más de 40 años de verificar la calidad de los medicamentos que compra la CCSS y aunque su enfoque no va en la detección temprana de productos falsificados, sí colabora en evaluar la calidad de cuanto los médicos prescriben a los costarricenses.

Soluciones deben venir de varios flancos

A pesar de lo anterior, el problema del mercado negro de medicamentos, es multifactorial y requiere una serie de discusiones aún pendientes en los estratos de la política y la sociedad civil.

Vale la pena enarbolar algún ideario que oriente las acciones a seguir. En este sentido, el fortalecimiento del aparato legislativo para tener leyes más fuertes y restrictivas ante el comercio ilícito que ya corre por nuestra sociedad se vuelve esencial. La creación de normas técnicas para evaluar la autenticidad de los insumos medicamentosos. La formación de la población costarricense para que denuncie las ventas ilícitas. La incorporación de tecnología como la inteligencia artificial aplicada a la trazabilidad de los bienes de consumo más importantes, como los medicamentos.

Una última solución y no menos importante, es la creación de un espacio técnico de análisis y verificación de la identidad y la calidad de los medicamentos, el cual sería una organización con independencia de sus funciones del Estado y sin conflictos de interés con organizaciones ligadas al crimen organizado. Sería además, autosuficiente y dotada de todo un arsenal tecnológico que permita evaluar en cuestión de minutos, la autenticidad de lo que hay en la calle, y por qué no, con el apoyo de la misma industria farmacéutica nacional y transnacional.

Es cierto que la participación de Costa Rica en la Operación Pangea en conjunto con INTERPOL, y mediante la Comisión Nacional contra Productos Ilícitos Falsificados (CoNaPif), en donde se reúne a actores relevantes de todo el gobierno, incluidos, entre otros, el Ministerio de Salud, las fuerzas del orden, los funcionarios de inteligencia, INTERPOL, CCSS, etc., es muy importante pero no deja de ser reactiva.

El espacio técnico de análisis al que me referí anteriormente, sería la solución para integrar a todos los actores de este problema global.

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