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Cosmologías en conflicto

Las próximas elecciones presidenciales en EE.UU.

Por: Luis Fernando Calvo, Centro de Estudios Tepeyac

Los eventos del próximo martes 3 de noviembre, con toda certeza, sin temor a equivocaciones, marcará el rumbo de los años por venir. Y es que, con las condiciones actuales pandémicas, las próximas elecciones en Estados Unidos –y en general los tiempos actuales– huelen a Armagedón.

Qué está en juego

En definitiva, presenciamos la colisión de dos visiones de mundo radicalmente opuestas, que parten de principios antagónicos y, como es de esperarse, llegan a conclusiones muy distintas. Las próximas elecciones, y los meses de antesala, prometen ser un verdadero campo de batalla, incluyendo el concurso del coronavirus, China, la economía doméstica, Rusia y otros aderezos particularmente volátiles.

Poniendo la mirada sobre una sola cuestión, el aborto, podríamos –con pasmosa facilidad- sacar conclusiones sobre las posturas de los combatientes:

Biden – Harris

Joseph Biden ha favorecido el aborto desde que tengo memoria y la tienen los votantes en Estados Unidos. El tiquete ObamaBiden fue el mas pro-aborto de toda la historia de Estados Unidos. Bastaría recordar que de los primeros decretos ejecutivos que firma Obama es el que suspende la “Mexico City policy”, una disposición que impide el financiamiento de Estados Unidos para la causa del aborto a nivel internacional. Primera acción de Obama: apoyar el aborto fuera de sus fronteras.

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Biden, en tiempos recientes, ha marcado con claridad la cancha. No ha tenido empacho en decir que lamenta la decisión de la Corte Suprema de su país de permitir que las “Little Sisters of the poor”, una congregación de monjas, no esté obligada a proveer anticonceptivos y abortifacientes en sus planes de salud y en paralelo, ha prometido reestablecer esta obligatoriedad implementada durante el mandato de Obama. Una franca oposición a la libertad religiosa y de conciencia. Además, y esto es muy grave, se ha comprometido a asegurar que el aborto sea una ley federal, lo que permitiría una implementación nacional del aborto sin excepciones, tiempos de espera y demás consideraciones. Como si fuera poco, ha asumido el compromiso de eliminar la restricción al financiamiento público del aborto en su país.

La historia con su candidata a vicepresidente no es distinta. En su papel de senadora, Kamala Harris ha propuesto la reforma legal más favorable al aborto en la historia de su país. Esta reforma permitiría el aborto hasta los 9 meses, bajo cualquier razón y suprimiría toda legislación estadual que proteja la vida del nonato o restrinja el acceso al aborto. Para decirlo con claridad, Harris apoya el infanticidio, pues ha votado –en dos ocasiones- en contra de la ley de protección a los niños nacidos por un aborto fallido. Esta ley permite que los bebés que no son efectivamente abortados, reciban tratamiento médico. Estos bebés son discriminados, por Harris, durante el embarazo y en caso de que logren nacer. Para resumir su postura, Kamala Harris tiene un 100% de aprobación según la organización lobbysta NARAL.

Trump – Pence

En la otra acera, la perspectiva en este tema, es radicalmente distinta. El presidente Trump ha propuesto, tanto para la Corte Suprema de Justicia (Gorsuch y Kavanaugh), como para jueces en niveles inferiores del Poder Judicial, a candidatos con un claro registro a favor del derecho a la vida. Sus presupuestos han incluido desfinanciamiento para la realización de abortos, ha sido el único presidente en participar en la Marcha por la vida (2020) y se ha comprometido a nominar más jueces provida para la Corte Suprema. Con las dolencias de Ruth Bader Ginsburg, la posibilidad de nominar varios jueces a la máxima corte federal es amplia y con implicaciones relevantes para las próximas generaciones.

Su vicepresidente, Mike Pence, ha realizado, una gira por su país, visitando Centros de Ayuda de la Mujer, que son centros que proveen apoyo a madres pensando en abortar y que ofrecen propuestas humanizadas ante un embarazo inesperado.

Es evidente, por sus implicaciones para el “nasciturus”, como para la madre y la sociedad en general, que el homicidio infantil (aborto) debe ser un parteaguas para definir la probidad de un potencial servidor público.

Favorecer el aborto implica, necesariamente, aprobar el homicidio infantil a sabiendas de lo que es y ver para el otro lado, o implica una patente ignorancia sobre biología humana, genética y embriología, lo que comporta entonces una pobrísima tarea intelectual. La postura a favor del aborto es por tanto inexcusable, más para quien desea ostentar el cargo público más importante a nivel internacional.

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