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¿Qué nos ayudará más a salir de la crisis?

Invertir en educación es vital

Por: Pablo Chaverri, académico

Algunos diputados pretenden hacer todavía más recortes al presupuesto educativo del país. Pese a que ya la educación funciona con recursos muy limitados y al sacrificio que ya se ha hecho para reducir al mínimo necesario el presupuesto público, algunos diputados pretenden mantener el pie en el acelerador del recorte, llevándolo a niveles ruinosos que implicarían el cierre técnico de los servicios. Muy probablemente, estas actitudes austericidas se plantean sin preguntarse algo esencial: ¿Qué nos ayudará más a salir de la crisis?

Seguir recortando más allá de lo que ya se ha hecho implica poner en serio peligro la continuidad de los servicios educativos en todos los niveles, y en el caso de las universidades públicas, poniendo además en peligro también la continuidad de importantes proyectos de investigación y extensión que sirven a necesidades sociales de alta relevancia, entre ellas la atención de la pandemia.

No entender el papel de la educación y de la academia frente a esta crisis conlleva profundizar y agravar los efectos negativos de la pandemia, y cobrársela a quienes menos oportunidad tienen de enfrentarla por sí solos. La única salida viable y sostenible a la crisis es la equidad, no la injusticia.

El costo de no invertir en educación

Creer que invertir en educación es costoso, seguramente ocurre porque no se ha hecho la pregunta por el costo de no hacerlo. Todavía hoy, Costa Rica está pagando el precio de no haber invertido adecuadamente en educación en la llamada “década perdida” de los años 80 del siglo pasado, que precisamente al recortar en educación recortó en desarrollo, impidiendo a gran parte de la generación joven de aquellos años alcanzar las habilidades, destrezas y conocimientos que hoy el mercado laboral les exige. La base de la solidez de una economía es su capital humano.

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Los recortes presupuestarios en el sistema educativo tienen el efecto lógico indeseable de debilitarlo, lo cual le hace perder la capacidad de contener especialmente a las y los estudiantes que más apoyo requieren para poder seguir estudiando, pues estos provienen de contextos más vulnerabilizados que atentan de diversas formas contra la continuidad de los procesos formativos. Y una vez que un estudiante sale del sistema educativo es difícil hacerlo regresar, pues el desaliento, la desmotivación, los obstáculos y las necesidades insatisfechas que lo sacaron, ponen una alta barrera difícil de superar.

Mientras estos recortes hacen las cosas más difíciles para que las familias de menos recursos puedan mantener a sus hijos estudiando debe saberse que hay una conexión muy fuerte entre el desempeño académico medido por pruebas estandarizadas internacionales en habilidades de lenguaje y matemática y el crecimiento económico. Se estima que aquellas dan cuenta de más del 70% de la variación de este último (Hanushek & Woessmann, 2012). En otras palabras: no hay desarrollo económico si antes no ha habido desarrollo educativo. Es posible además plantear que se puede esperar que esta relación educación-economía tienda a ampliarse todavía más en el futuro, pues las sociedades tienden a hacerse cada vez más dependientes del conocimiento avanzando conforme progresan, el cual requiere también de altos niveles educativos para poder dominarse apropiadamente.

Invertir en la primera infancia

La educación es un proceso progresivo y escalonado, donde lo que no es alcanzado en los niveles iniciales después constituye una carencia que se arrastra y dificulta el avance en fases subsiguientes. Hoy sabemos que la presencia de una buena educación preescolar es predictora de buenos resultados en los siguientes niveles, mientras que la falta de esta o su bajo nivel son predictores de mayores problemas para enfrentar etapas posteriores exitosamente (Busso & Inter-American Development Bank, 2017; Heckman et al., 2010; Berlinski et al., 2015). De esta forma, las y los niños con pobres habilidades de lectura al final de la primaria, continuarán luchando con esto en la secundaria y tendrán mayor riesgo de fallar académicamente, salir del sistema educativo, y tendrán también más dificultad para conseguir empleo, obtener ingresos suficientes y mantener una buena salud (Kim et al., 2020).

Es decir, las fallas en la inclusión educativa desencadenan una espiral de problemas que se suman, retroalimentándose negativamente entre sí, generando situaciones de reproducción de pobreza, exclusión y desigualdad que hacen menos viable a una sociedad.

La buena noticia es que cuando se invierte sabiamente en educación de calidad para todos y todas desde la primera infancia, los efectos positivos son múltiples y se puede contribuir a frenar los efectos negativos del círculo perverso antes descrito. Además, hay más posibilidades de que se retenga a las y los estudiantes dentro del sistema, siendo que por cada año adicional de educación, se mejoran las perspectivas futuras para el estudiante y para la sociedad, convirtiéndose esto en una estrategia ganar-ganar, pues gana el individuo y gana la sociedad (Gertler et al., 2014).

Todo lo anterior implica que debemos entender algo muy claramente: La inversión en educación pública es uno de los bienes más preciados, más eficaces y más positivos que tiene un país si sabe aprovecharla bien apoyándose en evidencia científica para conducirla (Chaverri Chaves & Arguedas Ramírez, 2020). Por lo tanto, es crucial que nuestros tomadores de decisión entiendan que se deben frenar los recortes en educación, pues con ellos las consecuencias negativas de la actual crisis se verán agravadas. 

Referencias

Berlinski, S., Schady, N. R., & Inter-American Development Bank. (2015). Los primeros años: El bienestar infantil y el papel de las políticas públicas. Inter-American Development Bank.

Busso, M., & Inter-American Development Bank. (2017). Aprender mejor: Políticas públicas para el desarrollo de habilidades. Banco Interamericano de Desarrollo.

Chaverri Chaves, P., & Arguedas Ramírez, A. (2020). Políticas Públicas Basadas en Evidencia: Una revisión del concepto y sus características. Revista ABRA, 40(60), 49-76. https://doi.org/10.15359/abra.40-60.2

Gertler, P., Heckman, J., Pinto, R., Zanolini, A., Vermeersch, C., Walker, S., Chang, S. M., & Grantham-McGregor, S. (2014). Labor market returns to an early childhood stimulation intervention in Jamaica. Science, 344(6187), 998-1001. https://doi.org/10.1126/science.1251178

Hanushek, E. A., & Woessmann, L. (2012). Do better schools lead to more growth? Cognitive skills, economic outcomes, and causation. Journal of Economic Growth, 17(4), 267-321. https://doi.org/10.1007/s10887-012-9081-x

Heckman, J. J., Moon, S. H., Pinto, R., Savelyev, P. A., & Yavitz, A. (2010). The Rate of Return to the High/Scope Perry Preschool Program. Journal of Public Economics, 94(1-2), 114-128. https://doi.org/10.1016/j.jpubeco.2009.11.001

Kim, Y. G., Lee, H., & Zuilkowski, S. S. (2020). Impact of Literacy Interventions on Reading Skills in Low‐ and Middle‐Income Countries: A Meta‐Analysis. Child Development, 91(2), 638-660. https://doi.org/10.1111/cdev.13204

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