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Desde los campos del Derecho y de la Ética médica se reconoce el derecho al consentimiento informado

Por: Lic. Sergio Villalta, Secretario de Asuntos Jurídicos, Instituto Libertad

En los campos del Derecho y de la Ética médica se reconoce el derecho al consentimiento informado; esto es el consentimiento de los participantes en una investigación o tratamiento médico. Consentimiento que siempre debe fundamentarse en el conocimiento como requisito legal y ético.

Para que exista ese consentimiento primero se le debe suministrar a la persona toda la información de manera completa, sobre los riesgos, peligros y efectos de una investigación o tratamiento médico.

Y en segundo lugar la persona debe estar siempre en capacidad para consentir de manera libre y explícita, para recibir o participar en la investigación o tratamiento médico.

En la 57ª Asamblea General de la Asociación Médica Mundial realizada en Pilanesberg, Sudáfrica, en octubre del 2006 se dice en el numeral 2 que:

“El médico debe respetar el derecho del paciente competente a aceptar o rechazar un tratamiento”

Y en la declaración de Helsinki de la Asociación Médica Mundial sobre Principios Éticos Para Las Investigaciones Médicas en Seres Humanos, adoptada en la 64ª Asamblea General de octubre del 2013 en Brasil se dice en el artículo 25:

“La participación de personas capaces de dar su consentimiento informado en la investigación médica debe ser voluntaria. Aunque puede ser apropiado consultar a familiares o líderes de la comunidad, ninguna persona capaz de dar su consentimiento informado debe ser incluida en un estudio, a menos que ella acepte libremente.”

Además, en la Declaración Universal sobre Bioética y Derechos Humanos de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura dice:

“Artículo 3 – Dignidad humana y derechos humanos

1. Se habrán de respetar plenamente la dignidad humana, los derechos humanos y las libertades fundamentales.

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2. Los intereses y el bienestar de la persona deberían tener prioridad con respecto al interés exclusivo de la ciencia o la sociedad.”

En el derecho internacional se plasma en diversas declaraciones o tratados, el concepto de que todo adelanto de la ciencia (así como cualquier otra aplicación tecnológica que se derive de ese progreso científico), deben estar limitados por el respeto a la dignidad de la persona humana y la protección de sus derechos y libertades.

En este sentido es evidente que la salud, como concepto universal que cuantifica el bienestar de la persona, no depende únicamente de los adelantos científicos o tecnológicos; sino también de consideraciones éticas, religiosas y culturales. Por consiguiente, la ciencia y la tecnología en el campo médico nunca deben invocarse a expensas de los derechos y las libertades de la persona.

La persona como valor

Pero más allá de las convenciones y tratados internacionales subyace algo de mayor importancia. El ser humano debe considerarse un valor por sí mismo. Y la persona está obligada a mejorar su existencia respetando por elección los valores que sustentan su vida y mediante las virtudes que logran su bienestar.

¿Y cómo se logra esto? La conocida filósofa Ayn Rand explica que este es el objetivo de la moralidad y dice:

“La moralidad es un código de valores aceptado por elección” (The Virtue of Selfishness,“The Objectivist Ethics,” Cap. 1, Ayn Rand)

Y el autor Leonard Peikoff explica:

“La moralidad es el manual de instrucciones de mantenimiento y uso que no vino con el hombre. Es la ciencia de la auto-preservación humana.” (Objectivism: The Philosophy of Ayn Rand, Cap. 7, Leonard Peikoff)

Debemos entender que ningún adelanto científico o tecnológico mejora la vida de la humanidad, si este se utiliza para cercenar la libertad de las personas. Y no importa que estos adelantos científicos y tecnológicos puedan reportar grandes beneficios a la sociedad. Porque si no resguardan los derechos y libertades del ser humano, serán cualquier cosa menos avances de la ciencia y la tecnología.

En conclusión, la moral y la reflexión ética son parte integrante del proceso de desarrollo científico y tecnológico en la medicina, por lo tanto, no pueden conculcar la libertad de la persona humana.

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