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Las conspiraciones sí existen

El Globalismo no es un slogan inventando por Donald Trump, tampoco es una ideología política.

Por: Johnny Schmidt, investigador y analista


Existe una agenda globalista mundial, liderada por caras visibles y otras invisibles pero no desconocidas. Globalismo no es sinónimo de Globalización, pero la semejanza entre ambos términos confunde a la gente y la hace pensar que sabe de lo que se está hablando cuando se menciona el Globalismo, piensan que tiene que ver con Globalización.

El Globalismo es una agenda que un grupo de personas alejadas de la política, pretenden establecer en el mundo, utilizando toda una estructura política que han venido creando en los últimos 60 años. Utilizando mucho recurso económico (que les sobra) han avanzado en el establecimiento de dicha agenda, cuyo fin último es lograr establecer un único gobierno mundial.

Desde el punto de vista internacional ya tienen lista toda la estructura, se llama Organización de las Naciones Unidas – ONU y todas las organizaciones que de la ONU se derivan, como:

Para entenderlo bien, la ONU sería el Poder Ejecutivo Mundial, y esas entidades sus ministerios. Y es que si se analiza cada uno de esos ministerios, es fácil descubrir cómo fueron creando “tratados” que cada país fue firmando y comprometiéndose a cumplir los acuerdos, que al final lo que lograron es apoderarse de las soberanías y de los recursos de cada país firmante.

El internacionalismo

Nos fueron insertando por décadas en el internacionalismo, un modelo globalizado partidario de la cooperación y la promoción mediante instituciones multilaterales de bienes públicos globales para preservar la paz, la seguridad, la estabilidad financiera y la sostenibilidad medioambiental. El modelo internacionalista limita la soberanía nacional, al supeditar los estados al cumplimiento de normas, convenciones y tratados comunes, preparando el terreno para pasar de la Globalización al Globalismo.

Las caras invisibles que controlan toda esa estructura, son apellidos bien conocidos como Rothschild, Rockefeller, Soros, Gates, Zuckerberg, o Klaus Schwab del Foro Económico Mundial y de Davos. Es decir, un grupo reducido de personas que poseen juntos posiblemente el 90% de toda la riqueza del planeta, pero que esa riqueza por sí sola no les permite lograr esa idea de poder controlar y dominar el mundo. Aunque el resto de personas nos debemos repartir apenas el 10% de la riqueza restante, somos más de 7.000 millones de personas y para ellos representamos una amenaza y un poder humano que no podrían contener si hubiese una rebelión o si nos oponemos a su plan.

Esas personas invisibles pero conocidas, no participan directamente en política, aunque son completamente influyentes en todos los procesos políticos, sociales y económicos del planeta.

Las caras visibles y protagónicas son políticos y líderes mundiales, que en la actualidad son: Pedro Sánchez en España, Ángela Merkel en Alemania, Emmanuel Macron en Francia, Boris Johnson en Reino Unido, Joe Biden en los Estados Unidos, y líderes como Charles Michel, presidente del Consejo Europeo o Tedros Adhanom director de la OMS.

Problemas globales

La técnica que más los hace avanzar es la utilizar problemas globales que requiera soluciones globales, para lo que temas como el calentamiento global, cambio climático o las pandemias les resulta demasiado conveniente, pues logran convencer a una buena parte de esos 7.000 millones de personas que un gobierno global puede resultar la mejor alternativa para enfrentar el futuro y esos problemas que ningún país podría enfrentar pos sí solo.

Muchos de esos líderes, son marionetas utilizadas para ir avanzando en su agenda, coaccionadas desde lo económico, pues les limitan el acceso al dinero que ellos controlan y son casi obligados a seguir la agenda globalista. Pero otros, sobre todo aquellos que pueden convertirse en líderes de países grandes y con mucho poderío militar y económico, son formados utilizando mecanismos de educación o adoctrinamiento donde son enviados para que se preparen como es el Instituto Tavistock que se presenta como una organización independiente sin ánimo de lucro, creada en el año 1947, que busca aplicar la investigación en las ciencias sociales en múltiples áreas: gobierno, industria, salud, educación, etc., cuando en realidad estudia e implementa la forma de controlar de forma sutil, las mentes de la población mundial a través de diferentes herramientas (la televisión, la música, la publicidad o el marketing). Resulta una gran herramienta en esos planes globalistas.   Por supuesto que cuenta con el apoyo financiero de la Fundación Rockefeller, y con el respaldo también de grupos influyentes, como el reconocido Grupo Bilderberg, que reúne anualmente políticos, empresarios líderes y realeza europea.

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Recordemos que hace apenas 45 días, 24 de esos líderes suscribieron y firmaron una petición para crear un nuevo “tratado” que pueda manejar de forma global las soluciones de tipo de global como las pandemias, cambio climático o la eventualidad de una invasión alienígena, utilizando la premisa de que “nadie está a salvo hasta que todo el mundo esté a salvo” y que para eso es necesaria una “comunidad global”.

El Ministerio de la Verdad

poynterY no olvidemos a Poynter, ese nuevo “Ministerio de la Verdad”, creado por esos globalistas para controlar toda la información que hoy circula, o al menos el 90% de la establecida formalmente. Esa que durante décadas se fue ganando el favor del público, y que para la gente son verdaderas fuentes con el prestigio suficiente para ser creíbles.  Y les ha quedado tan fácil lograr introducirse en las mentes, pues quien lee el Washington Post, o busca agencias como Reuters, la BBC o AFP, ya fue acondicionado para desechar “In límine” (ad portas o de plano) todo lo que suene a medio alternativo pues para esas mentes no son fuentes confiables y divulgan información falsa, cuando la realidad podría ser totalmente la inversa.

Poynter, además de unificar el discurso de los temas que ellos quieren hacer creíbles y aceptados, también controla a los verificadores -fact checkers y censuradores en redes sociales. Así todo aquello que no se ajuste a esa agenda, será calificada de bulo, de fake news, utilizando modismos como #NoComaCuento y por supuesto que desacreditando a los autores indistintamente de su expertise profesional,  posición política o social, simplemente todos serán en adelante, divulgadores de teorías de conspiración.

No acepto un gobierno mundial

Es claro que no acepto el establecimiento de un gobierno mundial, porque de alguna forma soy patriota y siento algo por esa tierra que me vio nacer. Así las cosas, ellos utilizan “tontos útiles” como son los progresistas, los socialistas  y cualquier otra corriente ideológica (por lo general idealista) que sigue viendo únicamente el árbol que tiene al frente sin lograr ver el bosque completo.

Toda la agenda progresista (aborto, LGTB, eutanasia, legalización de drogas, ideología de género, etc.) que ellos financian, al tratar temas tan disruptivos y polémicos, son ideales porque logran -mediante la interferencia en los procesos educativos- inculcarle a los niños y jóvenes, que todo eso son “derechos humanos fundamentales”; que lo correcto es luchar por ellos, sin darse cuenta que son una generación que simplemente está siendo utilizada por esos globalistas. Estos temas contribuyen con los objetivos paralelos que esa agenda se ha trazado, como es la destrucción de la familia, del humanismo, de la religión, y todos esos valores que nos hicieron distintos a otros seres de la especie animal.

Entre más se debiliten esos valores, más cerca estaremos del servilismo hacia esa élite globalista y más cerca de que nos puedan controlar y dominar fácilmente.  No podemos obviar, que otro gran objetivo trazado por ellos es la despoblación, un tema que lo promulgan abiertamente Bill Gates, nuestra compatriota Cristana Figueres o la francesa Christine Lagarde, quien fuera presidenta del Fondo Monetario Internacional, hoy presidenta del Banco Central Europeo.  Con el socialismo ocurre algo similar, ponen a pelear a las clases sociales, incentivan los enfrentamientos y ahí utilizan a sus infiltrados transnacionales para crear caos y desestabilizar la paz social de los países. Un claro ejemplo es lo que se ha visto en Perú y Colombia en los últimos días.

La otra cara de las ciencias políticas

Todo lo que he expuesto, no es materia de estudio en las facultades de Ciencias Políticas, y cuesta mucho que politólogos, políticos o relacionistas internacionales lo sepan, pues es evidente que en los programas de estudio y las universidades donde se preparan (también financiadas por ellos), les hicieron creer que la ONU vela por la paz y el bienestar de los países y sus ciudadanos. Este conocimiento se investiga, se amarra, se une, se deduce y se comprueba con los hechos que a diario se suscitan en el planeta, algo que se conoce como geopolítica, y que aunque suene contradictorio, resulta más fácil su comprensión y análisis a aquellos que no fuimos formados como politólogos.

Sí existen las conspiraciones

Y sí, claro que sí, sí existen las conspiraciones, han existido siempre, unas pequeñas y otras gigantescas. Algunas que incluso la realidad superó a la teoría, y les relato unas cuantas: el proyecto MK-Ultra de la CIA realizado entre los años 1953 y 1964, que consistió en la realización de experimentos con seres humanos, a los que se les administraron una serie de drogas psicodélicas en proceso de investigación sin ningún tipo de consentimiento.

Otra fue allá por los años 60 cuando la industria tabacalera anunciaba el tabaco como algo bueno para la salud y que de paso convertía a los fumadores en personas distinguidas. Muchos años después, la ciencia sacó conclusiones irrefutables sobre los daños ocasionados por el tabaco y las marcas vendedoras de cigarrillos se vieron obligadas a ser menos directas, pero sin dejar sus tácticas a un lado.

Otra conspiración que involucró a la ciencia y a la medicina, ocurrió también con el azúcar con una serie de actos bastante poco éticos al respecto acaecidos en las décadas de los 60 y 70.  En esos años se realizaron varios estudios con el fin de investigar qué factores de la dieta podían influir en el desarrollo de trastornos cardiovasculares. En un principio los dos candidatos principales eran los azúcares y las grasas saturadas, pero pronto los primeros se descartaron, dejando a las grasas como únicas culpables de todos los males del consumidor.  Varios científicos, entre ellos una editora de la revista Science y un profesor de Harvard lo confirmaron, e incluso alegaron que una dieta baja en grasas permitiría aumentar el consumo de azúcares sin riesgos para la salud. Muchos años después se descubrió que ambos habían mantenido correspondencia con la entonces llamada “Fundación para la Investigación del Azúcar” y que ésta podría haberles “subvencionado” sus investigaciones a cambio de un informe positivo. Ejemplos hay muchos otros.

Y sí, claro que sí, las conspiraciones si existen.

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