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Cuánto nos costará el “Plan Nacional de Descarbonización”

Por:Sergio Villalta Solís

El “Plan Nacional de Descarbonización 2018-2050” obligará a que los buses, taxis y los ferrocarriles de pasajeros usen energías con “cero emisiones”. Todo con la intención de hacer menos atractivo el uso del automóvil como un medio de transporte.

La meta es que en 15 años el 70% de los buses y taxis sean de “cero emisiones” y que opere un tren rápido de pasajeros impulsado por electricidad.

¿Pero cuál será el costo que tendrán que asumir las empresas de autobuses y de taxis para cambiar sus flotas de vehículos? ¿Cómo impactará esto en el precio de las tarifas de los buses y taxis?

¿O debemos asumir que el costo tendrá que ser asumido por las empresas, sin poder ser trasladado a las tarifas? ¿De qué forma se podría hacer ese malabarismo contable? ¿Se hará mediante subsidios al transporte público?

Según el plan se implementará una “extensa red de recarga eléctrica” en todo el país para tecnologías de “cero emisiones”. Específicamente se menciona a las “estaciones de hidrógeno” para los vehículos que operarán con ese combustible.

¿Quién producirá ese hidrógeno? ¿Se importará todo el hidrógeno que se consuma? ¿A qué precio? ¿Será más barato que importar los combustibles fósiles?

¿Será RECOPE la que produzca ese hidrógeno? ¿Será RECOPE la que construya esa “extensa red de recarga”? ¿De dónde obtendrá RECOPE los recursos? ¿Se endeudará RECOPE para lograrlo? ¿A qué costo se va a producir ese hidrógeno en el país?

¿Será que se pretende aumentarle los impuestos a la gasolina y al diésel para financiar la producción de hidrógeno? Entonces, ¿cuál será el impacto en los costos de las empresas para operar sus flotas de vehículos? ¿Cuántos empleos se perderán?

En cinco años se quiere hacer menos atractiva las compras de motocicletas y privilegiar a las motos de “cero emisiones”. ¿Cómo se logrará esto?

¿Mediante un aumento en los impuestos que pagan las motocicletas? ¿Disminuyéndole los impuestos a las motocicletas de “cero emisiones”? ¿Y será suficiente con bajarle los impuestos para que las personas las prefieran?

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¿Y qué pasará con las empresas o personas que no puedan pagar ese aumento en el precio de las motocicletas que no son de “cero emisiones”? ¿Deberán recortar su planilla? ¿Deberán cerrar?

¿Qué pasará con las flotas de motocicletas que operan con Uber Eats, Globo, GoPato cuando sus propietarios no puedan cambiarlas por motocicletas de “cero emisiones”? ¿Cuántos empleos se perderán?

Lo mismo se pretende hacer con los automóviles que funcionan con combustibles fósiles, ya que el plan obliga a que en quince años el 25% de la flota vehicular tendrá que ser “cero emisiones”. Y finalmente al cabo del plan el 100% de todas las ventas de automóviles deberán ser de “cero emisiones”.

¿Cuántos empleos se perderán debido a las empresas pequeñas y medianas que no podrán asumir el costo de cambiar sus flotas de vehículos y decidan cerrar o establecerse en otro país?

Se quiere disfrazar como más oneroso lo que ya es económicamente más eficiente. Y artificialmente hacer más barato lo que todavía no es económicamente posible hacer. Estamos ante una falsificación de precios.

Porque de ser más eficientes y económicas las tecnologías de “cero emisiones” o de “bajas emisiones”, ya los consumidores voluntariamente las usarían. No haría falta que por ley se nos obligue a usarlas.

Intentar hacer rentable aquello que en verdad no es rentable y consumir lo que no debería consumirse en condiciones normales no puede conducirnos a la prosperidad.

¿Dónde está la evidencia que nos demuestra que los subsidios a las tecnologías “verdes” y los aumentos de impuestos a los combustibles fósiles aumentan la riqueza de todos?

Se nos dice que las tecnologías de “cero emisiones” serán cada día más rentables y su precio bajará. Entonces: ¿por qué obligar a las personas a usar esas tecnologías?

Si eventualmente los automóviles “cero emisiones” serán más rentables para las personas y las empresas, la gran mayoría los comprarán voluntariamente sin necesidad de obligarlos.

Finalmente, asumamos por un instante que todo lo que el ambientalismo predica es cierto. Supongamos que estamos ante las puertas de una tragedia ecológica.

¿Por qué deberíamos suponer que las soluciones que nos tratan de imponer son las mejores? ¿Por qué deberíamos confiar ciegamente en que las soluciones son siempre más regulaciones, más impuestos y más gasto estatal? Ahora más que nunca necesitamos de un alto grado de escepticismo.

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