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Ayudar a quien lo necesita resulta una necesidad imperiosa

Qué es ser altruista

Por: Ernesto González, profesor

Una de mis primeras adaptaciones en el ámbito académico ante un nuevo entorno país (Nicaragua, 1993), fue el impartir clases de bachillerato (o preuniversitario) a estudiantes bajo la modalidad sabatina. Su característica predominante resultaba el ser jóvenes entre 20 y 45 años que por razones diversas (esencialmente trabajo, que en su momento los condujeron al abandono de sus estudios) no habían podido cursar sus estudios en el momento adecuado.

Lo positivo, la continuidad de los estudios ligados a la perseverancia (firmeza y constancia) y salir adelante donde no importaba tanto el “soporte” de lo que debían aprender ya que algunos de ellos tenían a su favor el componente de la práctica, pero necesitaban una certificación legal como valor agregado.

Un punto a su favor resultaba la madurez de los mismos –por ser mayores de edad, además de la búsqueda de un título- avalado por un alto interés. Esto no restaba limar determinadas “asperezas” como eran estudiar sistemáticamente, la puntualidad en llegar a clases (6:00 pm), entrega de tareas, así como adaptarlos a un sistema de evaluación riguroso: evaluaciones escritas y orales en cada encuentro, además de los tradicionales exámenes escritos en sus períodos correspondientes preestablecidos.

La modalidad nocturna para ellos resultaba realmente estresante ante la prioridad trabajo versus estudio, lo que conllevó a que algunos de ellos/as me solicitasen “clases extra”. Entiéndase clases fuera del horario normado y en particular fines de semana (sábado o domingo). A lo cual acepté.

Nos vimos en lo que sería en ese momento la entrada al garaje, saqué la mesa del comedor, sillas, taburetes, acompañado de una pizarra – algo dañada – que el director de la escuela me había prestado. La idea era que trajeran las dudas y las respuestas posibles las discutíamos entre todos.

En el primer encuentro al concluir después de unas tres horas aproximadamente (8 a 11 am), me preguntó uno: ¿cuánto le debemos profesor por cada hora? Les respondí: ¡Nada…el haber asistido y demostrado su interés, además de haber aprendido como me demostraron!

La respuesta tal vez no satisfizo al pequeño colectivo ya que esa no era la costumbre personal (de la que me había formado en mi país natal). Rompía un esquema, el cual no me interesaba, además de constituir un riesgo equívoco de ante un cobro indebido e innecesario (más allá de las necesidades que tuviese), pudiese ser muy mal interpretado ligado al compromiso de ser aprobado.

“Gracias”, respondieron y cuando ya casi se retiraban, les dije: ¡Un momento, ya se cuánto les cobraré! ¡Asistiré a su graduación! El cobro será mi presencia.

Han pasado años de esta anécdota y aún recibo “cobros” morales de agradecimiento.

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Por cierto, esto me llevó a definirme como una persona altruista cuyo significado es: “Persona desinteresada por otra, que hace las cosas simplemente por el deseo de ayudar, no porque nos sentimos obligados o porque lo dicta una religión.”

¿Lo es usted docente, director, gerente?

¡Le ayudo! Aquí tiene 10 características de una persona altruista:

·         Dedica tiempo a los demás

·         Comparte

·         Es detallista

·         Es empático

·         Ayuda a los necesitados

·         Protege el amor

·         Cuida el medio ambiente

·         Promueve la paz

·         Se pone en los zapatos del otro

·         Piensa primero en los otros

Aplíquelas y gracias.

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