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Un seguro de desempleo en Costa Rica

Por: Max Loría, ex-viceministro de Paz

Hace unos días vimos la noticia de un joven estadounidense quien, luego de un desperfecto en su vehículo, decidió caminar 32 kilómetros para llegar temprano a su primer día de trabajo. Al muchacho le había costado un tiempo conseguir esa oportunidad laboral, y pese a la dificultad de movilización, estaba dispuesto a aprovecharla para el bien de su familia. Toda la noche caminó para llegar temprano al trabajo.

Es bueno que las personas tengan su empleo. El trabajo dignifica al ser humano. En el trabajo damos lo mejor de cada uno de nosotros para el bien nuestro, de nuestra familia, de nuestro empleador (si es del caso) y de la sociedad. Una aspiración de las políticas públicas es que todas las personas puedan tener empleo.

Alarmantes cifras de desempleo

Un seguro de desempleo en Costa Rica
Foto: Brad McKay (fines ilustrativos).

Según la última Encuesta Continua de Empleo del Instituto Nacional de Estadística y Censo (INEC), en Costa Rica el 10% de la población está en condición de desempleo. Son 229.082 compatriotas que no encuentran trabajo. Es el porcentaje más alto desde el 2012. El problema del desempleo aparece siempre como uno de los principales en el país.

De los desempleados, la gran mayoría son personas con experiencia (84%). El 41% son personas entre los 15 y 24 años, mientras el 28% tienen entre 25 y 34 años. Es decir, el 69% de las personas desempleadas son jóvenes. El 32% tienen la secundaria incompleta y el 23% sí completó sus estudios de secundaria. Hay además un 20% de personas con primaria completa y un 11% de personas con título universitario.

Las cifras preocupan. Esto tiene consecuencias muy serias para cada una de estas personas y sus familias, pero también para la sociedad en su conjunto. Solo por mencionar un dato en materia de seguridad ciudadana, un estudio del Banco Interamericano de Desarrollo había encontrado que “el incremento de un punto porcentual en la población desempleada aumenta el recuento de homicidios en 1,66” (Villalta 2016). Es decir, una buena parte de la crisis de seguridad que tiene el país, se explica por el aumento considerable en las cifras de desempleo.

Un seguro de desempleo

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Es verdad que nuestro Estado Social de Derecho tiene logros muy importantes y de gran beneficio para los habitantes. La educación pública gratuita y obligatoria, la atención en salud, la universalización de la seguridad social y la misma Red Nacional de Cuido son conquistas sociales que mucho nos han costado, y que conforman toda una red de protección social a los que más necesitan. Hemos construido un país realmente solidario, que ciertamente debe mejorar la gestión de muchos servicios, pero que con orgullo los pueden prestar a los costarricenses.

Pero debemos avanzar, y con las cifras de empleo que hemos visto, la creación de un seguro de desempleo público puede ser el siguiente gran paso de nuestro país solidario y siempre preocupado por el que menos tiene. La creación de la cesantía, otro gran avance de nuestro sistema de apoyo social, se pensó en un inicio con objetivos similares, aunque ciertamente sigue cubriendo solo una parte de la población desempleada.

El tema debe analizarse con mucha más profundidad. El perfil de la persona que reciba esta ayuda debe precisarse con detalle. Algunas personas desempleadas han recibido la cesantía y no tendría sentido apoyarle de nuevo. También muchas personas estarían en una condición donde no han terminado sus estudios secundarios, y más bien correspondería analizar si cabe apoyarle con una beca del sistema de “Avancemos” para que lo pueda hacer.

La ayuda del Estado debería otorgarse solo por cierto tiempo, de manera que no acostumbre al beneficiario a vivir del incentivo, y deje de buscar trabajo. Durante ese tiempo debería tener un compromiso serio de ayuda a la comunidad y de capacitación en temas de empleabilidad o formación técnica. Aquella frase de que el Estado “no debe regalar el pescado, sino enseñar a pescar” es cierta, pero también el mismo Estado debe ayudarle a aprender y a facilitar como hacerlo.

El monto es también importante, de manera que no sea tan alto para que también se convierta en un incentivo para no trabajar, pero tampoco tan bajo que no resulte finalmente una ayuda para satisfacer sus necesidades básicas.

Por supuesto que un proyecto como este, dependiendo de su alcance, tendría costos financieros importantes, y no podemos obviar la situación del Estado en esta materia. También es verdad que existen instituciones y recursos que podrían sumarse a la iniciativa, simplemente priorizando el tema del empleo dentro de los programas que ya tienen. Por ejemplo, el Instituto Nacional de la Mujer, el Consejo de la Persona Joven y hasta el Patronato Nacional de la Infancia podrían aportar a la atención de las poblaciones que les corresponde. Hay también recursos de FODESAF que se habían invertido en una interesante iniciativa denominada “Empléate”, que bien podría ser la plataforma de lanzamiento de este proyecto.

Generar empleo es ciertamente una capacidad que debe tener la empresa privada. El Estado debe crear el entorno que facilite esto y los esfuerzos públicos se han concentrado en eso. Pero Costa Rica puede también apoyar a las personas desempleadas con transferencias directas y condicionadas. Como dije, este puede ser el siguiente gran paso de nuestro Estado Social de Derecho.

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