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Pescadores del Golfo de Nicoya: Víctimas invisibles del Covid-19

Por: Luis Montoya Salas, Doctor en Comunicación

La actividad pesquera pareciera ser una actividad comercial para extranjeros: Japón Korea del Sur, China, España y Taiwán. Tan ausente está de la agenda PAC –  Carlos Alvarado que basta con leer su Informe del 4 de mayo pasado y conocer el estado de postración que golpea al sector pesquero costarricense.

Luego de la noticia mundial sobre la presencia de un virus pandémico al que luego llamarían COVID-19, las lanchas de los pescadores del Golfo fueron tumbadas sobre la arena de playas y manglares. Primero, por la cuarentena decretada en Semana Santa “se comieron” sus ganancias del momento. Luego, con la apertura, se dieron a la mar. Pero al regresar, nadie tenía dinero para comprar pescado, camarones y pianguas. De nuevo “se comieron la provisión dedicada a la venta. Y así los alcanzó la veda acumulando 4 meses sin ingresos propios. Y sin apoyo financiero de INCOPESCA, del IMAS, de la CNE, ni del Municipio.

Desde entonces, los piangüeros y pescadores gravitan alrededor de la nada. Sus familias se acostumbraron al gorgorear de los intestinos de sus hijos. Un almuerzo al día, arroz, frijoles y galletas de soda…  Antes, al menos comían alguna fruta. En estos meses no hay melones, ni jocotes, ni mangos.

El mar entretanto, es una lejana línea imaginaria en el horizonte. Apenas encienden los motores para que no se “engarroten”.  Y con cada semana transcurrida, aumenta su agobiante incertidumbre y sus cuestionamientos sobre la razón de ser.  Nacieron en las costas con sus manglares y sólo conocen el mar y el generoso manglar que siempre les suplió el alimento diario. Escaso, pero diario. Hasta ahora.

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Siente uno, una sensación extraña, mezcla de dolor e impotencia, al conocer el abandono extremo de nuestros prójimos, contado de sus labios con breves palabras apenas susurradas pero que en mi cerebro estallan: ¡tenemos hambre!  Esas personas tienen nombres con rostros curtidos y arrugados. Son ticos, no cifras, no estadísticas.

Entonces, cuando en otro escenario miro a los ojos y leo los labios del Presidente Alvarado, del Ministro Daniel Salas, de las Ministras de Trabajo y de Planificación no puedo evitar preguntarme ¿acaso le hablan al infinito, a la nada, o se escuchan a sí mismos en su ensoñador discurso? Porque sus cifras, sus palabras son tan vacías, tan mecánicas, tan frías y “asépticas”, inmisericordes… Como las de algún gamonal de pueblo despreocupado del ser, pues no tienen problemas de alquiler, de pagos de luz, de alimentación para llevar a sus hogares. No tienen enfrente a las personas de carne y hueso que sufren en la costa, a la espera de un milagro por misericordia de Dios.  Y sin embargo, estas gentes humildes terminan sus palabras con un “gracias benditas a Dios” cargado de un dolor que produce ardor en la garganta e irritación en los ojos, al punto del llanto.

Sin la menor duda: costas, zonas rurales y fronterizas solo figuran en el mapa geográfico de  Costa Rica.  Desde el privilegiado podio presidencial y ministerial no se le habla a la Costa Rica invisible, a la Costa Rica olvidada.  No, a esta gente tan indefensa, atada de manos y pies, sin esperanza alguna que se conformaría con “alguito que fuera”. Las figuras políticas se dirigen a los periodistas para que éstos repitan como loros ese rollo parecido al juego del “baile y el martillo”.

La solución al problema es simple

  1. Crear un cuerpo de delegados presidenciales (al menos 3) con autoridad para tomar decisiones, asignados a las zonas costeras, rurales y fronterizas.
  2. Coordinar los recursos y acciones mediante una estrategia expresa de carácter sistémico que abarque: a) mapeo de cada zona incluyendo viviendas, familias, estado socio-económico, distribución demográfica de sus habitantes; fuentes de ingreso y período, presupuestos para la parte operativa con presentadas en sendos informes técnicos a las instancias estatales involucradas en el otro extremo del sistema que cuentan con recursos humanos, técnicos, administrativos como DINADECO, IMAS, INDER, MUNICIPALIDADES, CNE, Asociaciones de Desarrollo Integral. La función de los delegados presidenciales será la de planificar el trabajo con base en objetivos de cumplimiento y dirigir a cada institución las respuestas a las necesidades de los sectores con las recomendaciones de rigor y las acciones puntuales de asignación de recursos de acuerdo con las necesidades específicas de los habitantes de cada región.
  3. Seleccionar un equipo profesional de apoyo periódico al delegado presidencial en áreas como la planificación, trabajo social, antropología, economía. Estos equipos interdisciplinarios deberían existir ya en las instituciones. De otro modo se contratarían a destajo.
  4. Evaluación periódica de la información obtenida con los vecinos de las comunidades afines de manera a no favorecer sólo a los líderes locales y sus parientes sino a toda la comunidad.

Estas recomendaciones son moneda corriente en las instituciones. Sin embargo, no se aplican en las zonas rurales, fronterizas y pesqueras del país. De otro modo, los vecinos sabrían que existe un funcionario con autoridad presidencial para actuar y decidir y a él recurrirían en casos extremos.

Desde luego, aquí se describe muy someramente una propuesta apenas dibujada para demostrar que si no llegan los billones de colones invertidos por el país en apoyo económico, social y educativo a las zonas costeras, rurales y fronterizas no es por falta de mecanismos sino por contaminación política de la voluntad para negarlos a estas zonas marginadas con escaso caudal electoral.

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