Por: Luis Fernando Calvo, Centro de Estudios Tepeyac

Reza el adagio popular que en la vida política todos los espacios se ocupan, no hay sillas vacías. Pareciera algo perfectamente verificable en la realidad política de los países. Pero hay sillas de sillas y algunas son genuinas sillas calientes.
El viernes anterior falleció la Juez Ruth Bader Ginsburg, quien durante varias décadas ocupó una silla en el tribunal más alto de su país, Estados Unidos, como Juez de la Corte Suprema de Justicia (CSJ). Ginsburg durante su larga prevalencia en la CSJ se convirtió en el bastión de la progresía, al defender con firmeza votos polémicos como el que permitió el aborto a demanda (Roe vs. Wade).
El progresismo tuvo en ella a una firmísima aliada a favor de su agenda. A pesar de las disparidades en sus agendas y principios, esto no impidió que Ginsburg tuviera una amistad fecunda con el Juez, también hoy fallecido, Antonin Scalia.
Ginsburg, hasta con su muerte, fue una persona distinguida, pues al fallecer en plena campaña electoral ha producido una confrontación social de pretensiones apocalípticas. Su muerte, en medio de protestas callejeras, una pandemia que se rehúsa a ceder y una campaña electoral que seguramente culminará en los tribunales, ha sido como gasolina para una hoguera con predicciones genuinamente inflamatorias. Quedan poco más de 4 semanas antes de que los estadounidenses decidan si Donald Trump seguirá en la Avenida Pennsylvania por 4 años más.
Qué está en juego
Nada menos que la conformación, conservadora o progresista, de la CSJ por los próximos 30 o 40 años. Si el presidente Trump logra nominar a un conservador para tan alto puesto, logrará consolidar una orientación conservadora de la CSJ por los años por venir, pudiendo, por ejemplo, resolver temas de derecho a la vida, portación de armas, naturaleza del matrimonio, libertades individuales, y muchas otras cuestiones tenidas en alta estima por los estadounidenses.
El Senador Mitch McConnell, republicano de Kentucky y líder de su bancada en el Senado, le ha prometido a su país que hará que el Senado vote por el nominado del presidente Trump antes de las elecciones. Los demócratas, liderados por Chuck Schumer, insisten en que debe ser el próximo presidente quien nomine al reemplazo de Ginsburg. Alegan que así como el Senado no ratificó a Merrick Garland, nominado por Barack Obama para reemplazar a Scalia en el 2016, así deben proceder los republicanos. Pero olvida mencionar Schumer que en aquel entonces y hasta la fecha, el Senado es controlado por los republicanos, es decir, Garland no fue ratificado por falta de votos, no por falta de entusiasmo demócrata.
Un sábado crucial
Este sábado 26 de septiembre es la fecha en la que Trump hará pública su decisión. Así las cosas, parece plausible que Trump nomine a Amy Coney Barrett, católica, madre de 7 hijos y ferviente provida. Al hacerlo, obligará a los demócratas a vivir una difícil coyuntura, pues si la atacan, es posible que alienen a un sector del catolicismo –especialmente votantes independientes– que verán nuevamente como el Partido Demócrata ataca de manera inmisericorde a alguien por sus posturas políticas y valores religiosos, como sucedió con Brett Kavanaugh en el 2018.
Alienar al voto católico es un riesgo que no pueden asumir los seguidores del candidato presidencial demócrata, Joseph Biden, quien se describe así mismo como católico. Además, el Comité del Senado que realiza el escrutinio está compuesto también por nada menos que Kamala Harris, compañera de fórmula presidencial de Biden.
Por el contrario, si los demócratas dejan que la nominada pase amablemente los filtros del Senado, la base de votantes demócratas, cada vez más hacia la izquierda del espectro ideológico, serán fuertemente alienados y perderán cualquier remanente de entusiasmo en relación a Biden. Esto será particularmente notorio con los llamados “Bernie bros”, seguidores de Bernie Sanders, del ala más radical de su partido.
Al avanzar con la nominación y enfrentar este proceso, Trump tendrá la oportunidad de cambiar la narrativa de los medios de comunicación de su país, volcados en su contra y enfocados en el manejo de la pandemia, en donde el desempeño de su país no ha sido el mejor. Tendrá también la oportunidad de movilizar al conservadurismo hacia una campaña de proporciones épicas. Finalmente, dado las altas tensiones entre los distintos bandos, contar con una mayoría conservadora en la CSJ le dará a Trump mayores posibilidades de ganar una posible batalla electoral dado que son muy altas las probabilidades de que estas próximas elecciones se resuelvan en en la Corte Suprema de Justicia.
Con su muerte, Ruth Bader Ginsburg le ha dado un nuevo aire y oportunidades políticas a Trump, quien con toda certeza echará mano de tan amable concesión, de donde menos se esperaría.
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