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En la banca estatal se fomenta la lectura

Bromas aparte, la banca estatal debe cambiar para mejorar

Por: Ramón Yglesias, abogado
En la banca estatal debe promoverse un programa de estímulo para que los funcionarios se comprometan con el cliente. Si no se hace, la banca estatal tiene pocas posibilidades de crecimiento. He aquí una anécdota para ilustrarlo.

Desde hace varios años administro la cuenta bancaria de una asociación en un banco del Estado. Como firmamos varios, quise simplificar los trámites para hacer las transacciones en línea y dejar de firmar cheques. Entonces, llamé a la persona encargada y le expliqué que quería abrir una cuenta empresarial. En ese momento noté un cierto retorcimiento de ojos que no entendí pero de todos modos le pedí iniciar el trámite.

El cumplimiento de los requisitos fue bastante complejo, aunque debo admitir que me brindaron toda la ayuda que pudieron y finalmente, luego de un año de procedimientos la cuenta se había abierto. Sin embargo, en ese momento se presentó otro inconveniente. Había vencido el nombramiento de los directores y la entidad había nombrado otros distintos. Además, por el tiempo transcurrido debía actualizar nuevamente la información de ingresos.

Nos dimos a la tarea, tratando de resolver los conflictos. Una funcionaria de la agencia cercana me ayudó y eso facilitó cumplir el procedimiento. La cuenta se abrió con las firmas de las personas autorizadas. ¡Qué maravilla! Ahora podríamos hacer las transacciones en línea y no sería necesaria enviar los cheques a firmar.

Ingresé a la página como administrador, domicilié las cuentas y verifiqué los autorizados. Todo estaba en orden. Quise realizar la primera transferencia, pero no se pudo. Entonces me comuniqué con el banco para pedir asesoría.

Luego de la espera de costumbre y de los varios intentos de llamada, logré conversar con la persona encargada de banca empresarial. Muy amablemente la funcionaria me fue indicando todos los pasos que debía realizar y finalmente llegamos al mismo punto donde yo había llegado. Le expliqué que todo eso lo había realizado pero que no podía realizar transacciones. Como no pudimos realizar ninguna transacción ella me sugirió comunicarme con la ejecutiva de la cuenta bancaria para que me asignara una persona que brindara la inducción. La ejecutiva es la jefe de la misma sucursal cercana donde completé la apertura de la banca empresarial. Entonces, con la ilusión de poder resolver la situación en poco tiempo la llamé por teléfono pero nunca contestó.

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Bueno. Como ella es la jefe de la sucursal, probablemente estará muy ocupada y no oye o no atiende el teléfono. Decidí enviarle un mensaje por correo electrónico. Pasó un día y pasaron otros y no recibí respuesta. Claro, tal vez le llegó el mensaje a la bandeja de correo no deseado o simplemente no lo vio.

Entonces, llamé a la funcionaria de esa agencia que antes me había ayudado y le expliqué la situación: lo que yo quiero es que un funcionario del banco me pueda dar una inducción, me traslado donde digan o lo espero cuando se disponga. La funcioanria me aclaró que esos funcionarios están en teletrabajo y que no puedo ir a ninguna sucursal. Entonces le pedí que coordinara una cita para que me visitara y me explicó que ella no puede hacerlo.  “Ah! ¿Bueno, pero su jefe sí podría, verdad? Sí claro. Excelente, entonces necesito que usted le pida a su jefe que conteste el mensaje que le envié por correo electrónico.” El silencio al otro lado del teléfono fue revelador. Ni una palabra. Claro, ¿cómo puedo pretender que una subalterna le indique a la jefe que existe un correo electrónico que debe contestar para ayudarle a un cliente? Entendí que eso no se podía.

Sin embargo, me brindó una alternativa: “Le puedo enviar el instructivo. ¡Claro!” Recibí el instructivo y es un libro electrónico en PDF de 80 páginas. Se ve que el banco quiere fomentar la lectura.

De todos modos, leímos el libro y no hemos podido realizar ninguna transacción.

En ese momento, recordé el consejo que inicialmente me había dado alguien: “Es mejor hacerlo en ese banco estatal porque ahí tenemos la cuenta y los fondos estarán más seguros que en un banco privado.” Sabio consejo que se ha verificado: si continuamos manejando el dinero mediante la banca empresarial, los fondos estarán muy seguros porque no podemos realizar ninguna transacción.

Entonces, a seguir haciendo cheques, al fin y al cabo, eso le da trabajo a la imprenta que hace los cheques, al mensajero que los lleva para firmar y depositar y podemos llevar un control más riguroso de la cuenta en forma escrita.

Por supuesto, estamos haciendo los trámites para abrir la cuenta empresarial en un banco privado, aunque ya cumplimos con la lectura que el banco nos asignó. Honestamente, prefiero otro tipo de literatura.

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