La bicicleta se ha consolidado en Costa Rica como un medio de transporte, recreación y herramienta de trabajo. Sin embargo, el robo de bicicletas se ha convertido en un delito persistente que desincentiva la movilidad activa, afecta la seguridad ciudadana y golpea los esfuerzos de descarbonización y salud pública.

Este análisis, desarrollado por la Fundación Metro y Medio, cruza datos oficiales del Organismo de Investigación Judicial (OIJ) con una lectura territorial y socioeconómica, para entender qué está pasando, dónde ocurre y por qué.
Robo de bicicletas del 2020 al 2025
Entre el 1 de enero de 2020 y el 31 de diciembre de 2025, en Costa Rica se registraron 28.055 bicicletas robadas:
- Promedio anual: 4.676
- Promedio diario: 12,8
El año más crítico fue 2020, con 5.557 robos, seguido de 2022 con 5.422. A partir de 2023 se observa una reducción sostenida, cerrando 2025 con 3.088 casos, lo que representa una caída cercana al 44% respecto al pico de 2020.
Lamentablemente, la cantidad de robos de bicicletas ha disminuido porque también lo ha hecho el número de ciclistas. Entre el 2020 y el 2025, mientras el robo de bicicletas disminuyó en un 44%, la cantidad de ciclistas bajó un 33%. (Datos Strava); durante ese mismo período la cantidad de carros aumentó en un 40%, según el Instituto Nacional de Seguros.


Robo de bicicletas
Los datos que brinda el OIJ es por artículos robados, no por denuncias, por lo que un solo evento puede incluir varias bicicletas. Pero, ¿dónde ocurre más el robo de bicicletas? Según un análisis por provincia (acumulado 2020–2025) de la Fundación Metro y Medio, el mayor robo se da en San José. Las cinco provincias que concentran más del 80% del total nacional son:
- San José: 6.161 robos
- Alajuela: 5.507 robos
- Puntarenas: 4.218 robos
- Limón: 3.656 robos
- Guanacaste: 3.435 robos
De esta forma solo quedan por fuera Heredia y Cartago porque el patrón es claro. Los ladrones buscan:
- Alta densidad urbana
- Conectividad vial
- Zonas comerciales, turísticas y portuarias
- Mayor uso de bicicleta como transporte cotidiano o recreativo
Los cantones más afectados no siempre son los más poblados, sino los que combinan movilidad activa y oportunidad delictiva:
- Alajuela: 1.986
- San José: 1.947
- Puntarenas: 1.529
- Liberia: 1.515
- Pococí: 1.218
- Cartago: 1.071
- Pérez Zeledón: 882
- Heredia: 832
Destaca Liberia, donde el peso del turismo, alquiler de bicicletas y desplazamientos cortos genera un mercado secundario atractivo para el robo.
¿Por qué es fácil robarse una bicicleta?
Según la Fundación Metro y Medio hay falta de infraestructura, un mercado informal de venta de bicicletas, lamentablemente la ley lo estipula como un delito menor y la falta de consciencia del daño personal y social que se da con la práctica del robo y del hurto. Aunque estas razones no justifican el delito, sirven para entender su persistencia estructural:
1.Falta de infraestructura segura
- Ausencia de cicloparqueos vigilados
- Anclajes inadecuados
- Espacios improvisados en centros urbanos
2.Mercado informal activo
- Reventa sin trazabilidad
- Plataformas digitales y comercio informal
- Escasa fiscalización de segunda mano
3.Bajo riesgo percibido
- Delito visto como “menor”
- Poca probabilidad de recuperación
- Denuncias bajas frente al volumen real
4.Factores socioeconómicos
Cruzando con datos del INEC, los cantones con mayor robo coinciden con: Mayor informalidad laboral, mayor desempleo juvenil, y zonas con presión turística o migratoria.
Impacto real: más allá del robo
El robo de bicicletas no es solo una pérdida material, sino que también afecta la salud mental por el miedo que genera. Esto hace que se desincentive el uso de transporte limpio, que se aumente la dependencia del automóvil, se eleven los costos de salud pública, se afecte a trabajadores que dependen de la bicicleta y se debiliten las políticas de movilidad sostenible. Cada bicicleta robada es una persona menos pedaleando lo cual es un retroceso silencioso en sostenibilidad urbana.
Soluciones
Desde el gobierno nacional y desde los gobiernos locales se pueden realizar varios cambios y mejoras para detener el robo de bicicletas y aumentar su uso:
- Establecer un registro nacional de bicicletas (similar al de los automóviles).
- Obligar a los comercios a tener cicloparqueos seguros con anclajes certificados.
- Integrar el robo de bicicletas en los planes cantonales de seguridad y brindar incentivos para aumentar la movilidad segura.
- Aumentar la iluminación y la videovigilancia en puntos críticos.
Los dueños de bicicletas pueden también poner su granito de arena utilizando candados certificados (doble anclaje), manteniendo un registro fotográfico, y denunciando siempre, aunque parezca inútil.
La seguridad también es movilidad
Costa Rica no puede aspirar a una movilidad sostenible real si no protege a quienes eligen medios limpios y activos. El robo de bicicletas es un indicador de falla urbana, no un delito menor y para combatirlo se requiere que el afectado denuncie con datos, brindando el territorio, para promover políticas públicas y luchar por la corresponsabilidad social.
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