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Los espacios "pet friendly" en Costa Rica

Hacia una convivencia equilibrada y respetuosa para las mascotas y las personas

Juan-Carlos-Fallas

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Por: Juan Carlos Fallas, médico veterinario

Las zonas “pet friendly”, tanto en parques, como en comercios y espacios recreativos, han surgido en los últimos años en Costa Rica gracias a que cada vez más se integra a las mascotas en la vida cotidiana de las familias. Sin embargo, aún falta alcanzar un equilibrio real donde tanto dueños de mascotas como quienes prefieren áreas libres de estas puedan coexistir con respeto y armonía.

Este fin de semana estuve en un restaurante del área de Curridabat que se promociona como "pet friendly", compartiendo con amigos que pasan por un duelo y queríamos conversar. La realidad es que pasamos un rato incómodo debido a que a menos de 3 metros estaban otros comensales con tres perritos que no pararon de ladrarse entre ellos, como parte normal de su socialización la cual es adecuada y también respetable y deseable. Sin embargo, debe haber por parte del comercio un espacio suficientemente adecuado para generar una buena experiencia para todos los clientes del restaurante.

Personalmente estoy más preparado y acostumbrado a esos ladridos por mi profesión, pero para mis amigos no resultó igual y ojo que todos tenemos mascotas en nuestras casas y que salimos con ellos a caminar y que conviven intensamente con nuestras familias.  Para otras personas la situación fue mucho más incómoda y les hizo pasar un mal rato. Un escenario inadecuado para todos: para el restaurante y su marca que terminó generando una mala experiencia y nos cuestionaremos si ese es un buen lugar para regresar, para los clientes por supuesto, para los clientes con sus mascotas quienes no fueron bien aceptados por muchos otros en el sitio, para los colaboradores del restaurante quienes a todas luces no estaban preparados para poder dar un servicio de excelencia por no contar con protocolos claros ni con un espacio debidamente aislado que hubiese permitido el respeto a todos los asistentes.

Más que poner un rótulo de "pet friendly"

A través de los medios de comunicación vimos un incidente más de mordedura de un pitbull a un niño en un centro comercial.

Así las cosas tenemos un desafío para poder convivir de una manera respetuosa y adecuada para todos.

Yo creo que sí es posible pero, requiere que hagamos aún un poco más como personas y como sociedad.

Se ha generado debates sobre derechos y responsabilidades. Por un lado, los dueños reclaman más áreas donde puedan compartir con sus compañeros animales; por otro, hay personas que, por alergias, miedo o simple preferencia, buscan lugares sin su presencia.

Aunque existen regulaciones, como el uso de correas, bozales, recoger heces o evitar zonas restringidas, su cumplimiento es irregular.

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No se trata solo de normas, sino de cultura de los seres humanos conviviendo en sociedad, y en este caso en particular, el cuidado y las responsabilidades de los tutores de mascotas y de los dueños de establecimientos y zonas adecuadas para su convivencia: entender que los espacios compartidos requieren empatía y consideración hacia los demás.

También se trata de entender a las mascotas y ciertas razas de perros de mayor tamaño, como individuos que de manera innata o adquirida, o por desórdenes del comportamiento, pueden tener reacciones propias de su especie que ponen en riesgo la integridad de las personas, en especial las más vulnerables como son niños y adultos mayores.

Debemos entonces hacer cumplir el protocolo integral que ya se ha desarrollado por parte de diversos actores y que lo que requiere que se cumpla.

Convivencia más equilibrada con las mascotas

Podría sugerir algunos elementos que nos ayuden a que esa convivencia sea más equilibrada y satisfactoria para todos:

  1. Zonas delimitadas y señalizadas: Parques y áreas públicas con sectores definidos para mascotas y otros libres de ellas, evitando conflictos.
  2. Alimentos y mascotas: Los espacios que sean de alimentos y bebidas deben tener el espacio delimitado con las consideraciones de higiene y de control de la contaminación sonora y olfativa, que puede afectar a otros individuos en el mismo local.
  3. Educación y concienciación: Campañas que promuevan tenencia responsable, como cursos básicos para dueños de perros. Acá hay organizaciones que no podemos dejar de mencionar como ABA Animal y todo su equipo de trabajo, que ha realizado una enorme tarea de educación en Bienestar Animal, el Ministerio de Agricultura y Ganadería, MAG, con su departamento de Bienestar Aninal y el Colegio de Médicos Veterinarios, solo por mencionar a grandes actores que han influido positivamente y lo seguirán haciendo ante el reto que implica la educación social en convivencia con todas las formas de vida y en este caso en particular, en espacios públicos.
  4. Inclusión en políticas urbanas: Diseñar espacios en las ciudades que contemplen necesidades de todos, como bancos, bebederos y basureros para desechos de las mascotas.
  5. Vigilancia y sanción: Autoridades capacitadas que aseguren el cumplimiento de las normas sin llegar a la confrontación, así como la aplicación de leyes vigentes para quienes incumplen todo lo relacionado a la tenencia responsable de mascotas. Ojalá no deba llegarse a esto gracias una adecuada educación, responsabilidad y respeto de los dueños de mascotas.

Las mascotas nos pueden motivar a respetarnos más

El respeto mutuo es clave. Los dueños de mascotas debemos entender que no a todos les agradan los animales, y quienes no los tienen deben reconocer que los dueños de mascotas tenemos derecho a acceder a espacios de esparcimiento.

Las normas son herramientas, pero la convivencia depende de la voluntad colectiva para construir una sociedad más empática. No hay duda que todo ser humano que pueda convivir equilibradamente con mascotas será en mi opinión un mejor ser humano: más sensible, más responsable y más apto para dar y recibir afecto. Un aspecto cada vez más valioso en una sociedad que privilegia las apariencias a la esencia de los seres humanos. Las mascotas nos ayudan -sin duda- a ser más sensibles y eso hoy más que nunca es una oportunidad única para mejorar.

Tenemos la oportunidad de ser ejemplo en convivencia entre personas y mascotas, pero requiere esfuerzos coordinados: mejor legislación, infraestructura adecuada y, sobre todo, ciudadanos dispuestos a dialogar y ceder. Al final, como en toda interacción humana, se trata de encontrar puntos en común y actuar con responsabilidad.

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