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La Casita Azul

Un lugar emblemático en La Granja, en San Pedro de Montes de Oca.

Nombre del restaurante: La Casita Azul
Ubicación: San Pedro
Calificación:  
Fecha de visita: lunes 17 de diciembre
Tiempo de comida: almuerzo
Rango de precio
(por persona, sin bebida):
¢4,000 +
Oferta gastronómica: comida típica costarricense
Ambiente: casual, informal

20 años de comida casera

Este emblemático lugar en el Barrio Roosevelt en San Pedro abrió sus puertas hace más de 20 años para cautivar los paladares de sus comensales. Desde sus comienzos se ha caracterizado por ofrecer una oferta gastronómica de cocina criolla y los platos típicos más queridos por los ticos.

Guaria almorzó en La Casita un lunes. Al llegar estaba casi lleno y continuaban entrando y saliendo comensales. Cuando el mesero le recitó las opciones de bebidas naturales, a Guaria se le iluminaron los ojos cuando escuchó fresco de Limón Dulce y no dudó en ordenarlo. Guaria -como muchos de nosotros- creció muy cerca de sus abuelas en uno de los pequeños y emblemáticos barrios de San José, San Cayetano. Desde ahí empezó su amor por la cocina, viendo y ayudando a sus abuelas cocinar y también comiendo limones dulces sentada en la acera con sus amigos del barrio. Se llevó una muy grata sorpresa al comprobar que el fresco de limón dulce estaba como el de su abuela, con el dulce perfecto y acabado de hacer.

Sopa de pollo para el alma

De cortesía ponen en la mesa tortillas tostadas hecha en casa con pico de gallo, chile y el típico encurtido de berenjena de La Casita Azul. Le tomó algo de trabajo decidir cuál plato fuerte ordenar, los casados y demás platillos de las otras mesas se veían y tenían un aroma deliciosos. Finalmente se decidió por una sopa de pollo.

Cuando le sirvieron su plato, reconoce que su impresión no fue la mejor, ya todos sabemos que la comida entra por los ojos, se veía algo grasosa. Pero al probarla, se transportó nuevamente a la cocina de su abuela, era la típica sopa “quita males”, las verduras finas y al dente, el pollo desmenuzado fino y la sustancia con muy buen sabor. El plato venía acompañado de tortillas palmeadas hechas en casa y con arroz blanco. El arroz, no está tan entero y suelto como debería, pero sabía bien. La porción: muy generosa.

El servicio puede mejorar

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Aunque su dueña estaba ahí, saludando y atendiendo a sus comensales, y eso se agradece siempre; el mesero que llegó a atender a Guaria no tenía conocimiento del menú.

Cuando Guaria se sentó en la mesa, el individual estaba puesto al revés y al darle vuelta para ponerlo correctamente, se dio cuenta de que estaba sucio y que hasta un hueco tenía. Los cubiertos también estaban mal puestos.

Es un lugar con historia y con muchos años, pero hay detalles que se podrían cuidar más. Por ejemplo, el baño no tenía papel para secarse las manos.

Poca accesibilidad

No es accesible para personas en sillas de ruedas o problemas de movilidad, ya que su única entrada son unas escaleras. El espacio es pequeño por lo que, no es recomendable para grupos grandes ni familias con niños. El parqueo es en media calle, pero siempre se encuentra espacio.

La verdad es que a pesar de los detallitos de limpieza y servicio, Guaria disfrutó mucho de su comida y del lugar. Así que seguro que volverá pronto, no solo porque lo dicen las “Reglas del Juego” sino porque se quedó antojada de comerse un casado.

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Chef, foodie y eterna curiosa de la gastronomía.

 

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