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El dilema de Brague sobre el aborto

Por: Luis González Porras, escritor

Rémi Brague es un intelectual francés que expresó en una entrevista que “el deseo de no tener un hijo no implica el derecho al aborto”. Una frase inquietante, que plantea un dilema, legal y humano relacionado con el aborto en sí mismo y con el acto médico.

Una mujer embarazada, por ejemplo, desea finalizar su embarazo, y considera al ser que está en su vientre como su hijo(a), tiene padre, abuelos, posibles hermanos, expectativas de vida, rostro, sexo e, incluso un posible nombre, Margarita, como la abuela, si es niña. Sabe que ella es su madre. Conserva las fotos de los distintos ultrasonidos. Guarda ropita y cajas de pañales. Sólo esperan que nazca.

Otra mujer, igualmente embarazada, desea interrumpir su embarazo. Para ella no es hijo(a). Es simplemente “material biológico desechable”. Es “producto”. Un amasijo de células desordenadas. Incluso pudiera considerarlo un obstáculo incómodo o un parásito que le impide su vida normal. En esta situación de poder desigual, el Estado le permite cumplir su deseo de no tenerlo. En ese momento deja de ser un tema de derechos, aunque el derecho privilegie al más frágil de una relación, la víctima potencial, su hijo(a): Ahora le permite hacerlo. La eventual victimaria ahora tiene mejores derechos que la víctima, su propio hijo(a). Negando el valor y sustento de los derechos humanos, además de impedir a ley actuar y judicializar la conducta, definida como delito en el propio código penal.

Estar en el útero equivocado

Para la primera, es hijo(a) humano(a). Tanto el niño o la niña como la madre poseen derechos y asistencia médica especializada. Ella protege a esa persona como una leona frente al mundo. La segunda no. Este otro ser humano no es tratado igual, ni ante la sociedad ni frente a la ley, con el beneplácito del Estado. Brota inmediatamente ese dilema antropológico, legal y médico. Pasa de ser una decisión médica a una decisión política del poder de turno.

El sólo hecho de concluir el embarazo, define la naturaleza y objetivos en ambos casos: nacerá un nuevo miembro de la familia humana. Su naturaleza y comportamiento, los marcadores humanos del gestado, el nasciturus, todo indica quién es y será. No es algo, es alguien en todas las fases pre y posnatal, donde va revelando su especificidad genómica e individualidad, autonomía motriz y conductual. Presencia de una mente humana epigenética en las primeras fases, sus células madres -que tanto investigan, usan y de las cuales abusan- como netamente humanas. Durante todo el proceso gestante, manifiesta de manera continua, e ininterrumpida, una ruta de vida personal, con su propia historia, recuerdos y descendientes.

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Este niño, o niña, representa la siguiente generación del homo sapiens sapiens, como otro miembro de la especie humana. Se arropa con la misma dignidad de sus antecesores, por ser partícipe de la misma humanidad común heredada y heredable. Es especialmente exigido un cuidado especial por la sociedad y el Estado como sujeto de derechos humanos en virtud de su fragilidad y de su humanidad. Una doble tutela.

El núcleo y todo el aparato normalizador se orienta en negar “que la vida humana sea un bien en sí mismo y que, por ello, merezca protección jurídica”.  Es decir, es medio, no fin, y será un tercero quien le otorgue valor para ser tutelado. La ley, y el derecho, sólo responderían, por oficio, a la consideración del tercero, no a la ley misma. El solo hecho de plantearse una norma que despenalice mediante causales, o permita el aborto libre, ocasionaría inmediatamente ese eterno dilema para el juez o el legislador.

Al médico y a la misma madre. Quien ahora regula las conductas humanas no es la ley, como sucede en la mayoría de normativa en materia penal —donde el aborto es judicializado como un delito contra la vida humana—, ahora es un tercero.  Así opera la Norma Técnica en Costa Rica, sobre el art. 121, aunque son en su conjunto 5 artículos -no sólo el 121- que judicializan el aborto como homicidio. Se normaliza lo dicho por un tercero. Es su propia madre, quien decide qué es legal o no. Quien define su vida o su muerte, su tutela y la protección de la sociedad y el Estado. Es ella quien decide, según su deseo, si es humano o no. Si es su hijo(a) o no.

Plantear una ley, norma o protocolo que permita el aborto, será legal e ilegal al mismo tiempo, porque deja a la persona que decida su legalidad o no legalidad, según su deseo transformado en derecho. Un hueco negro en el principio de legalidad, en el orden de la razón hecha ley, por el bien común, en principio de igualdad ante la ley, proporcionalidad, en los derechos esenciales, finalmente lastimará las relaciones entre las personas, el bien común en un estado democrático, la justicia social y la humanidad de todos.

Incluso algunos países quieren ir más lejos con esta deshumanización de la ley y del derecho. Esta ilegalidad y este dilema. Donde el aborto y la eutanasia, por razones demográficas y eugenésicas, genera un encadenamiento.

Miles de bebés ejecutados

En Holanda, 650 bebés fueron ejecutados en 2013 por orden de sus padres. En un artículo publicado en el Journal of Thoracic and Cardiovascular Surgery (Revista de Cirugía Torácica y Cardiovascular), un docente de filosofía propuso que causarle la muerte a recién nacidos con discapacidad “sería moralmente aceptable, aunque aún sea ilegal en Canadá”.  En el Estado de Nueva York, el artículo 6, la nueva ley modifica el artículo 125 de la Ley Penal de Nueva York, despenalizando el homicidio de un hijo por nacer una vez pasada la semana 24ª de embarazo. Es decir, que esta nueva ley permite matar a un hijo por nacer hasta el mismo momento del nacimiento.  En Francia, recientemente, como esta pasando en otros países, la Asamblea Nacional, en su sesión del 31 de julio pasado aprobó una enmienda añadiendo el “sufrimiento psicosocial” como criterio de peligro para la salud de la mujer en el caso de la interrupción voluntaria del embarazo hasta los 9 meses.

Es tiempo de preguntarnos, qué nos está pasando como especie, como planeta, como seres humanos, aún en medio de esta severa pandemia. ¿Cómo saldremos cuando todo esto pase? ¿Temerosos, heridos, lastimadas las relaciones por el confinamiento, emocionalmente afectados, con un severo desempleo y enormes deudas personales y nacionales, pero, ¿Saldremos más humanos?

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