Patrocinio

Ciudades enrejadas desencadenan mayor inseguridad

Las rejas atentan contra el sentido de comunidad y el disfrute de los espacios públicos.

Catedral

Vivir en la ciudad podría concebirse como la posibilidad de tener un mayor acceso a bienes y servicios, así como mayor cercanía con centros trabajo, estudio y recreación. Sin embargo, a los costarricenses la ciudad les representa algo más: la sensación de inseguridad.

En la ciudad se vive diferente. Las fachadas enrejadas cuentan una historia que se desarrolla más allá del panorama estructural. Motivados por la necesidad de proteger sus bienes, los costarricenses optan por encerrarse tras las rejas.

Este patrón es común en algunas ciudades de América Latina. Pero, ¿realmente está protegiendo a las personas o es una acción que, contradictoriamente, está alimentando al monstruo de la inseguridad?

Seguridad o aislamiento

Para el especialista en la ciudad, arquitecto, historiador y escritor Andrés Fernández, vivir en una ciudad enrejada es la alegoría de la serpiente que se muerde la cola.

Nos protegemos porque nos sentimos inseguros, pero nos seguiremos sintiendo inseguros si no nos apropiamos de la ciudad. “La seguridad no es un tema de más o menos rejas, más o menos portones, alarmas y policías, sino de habitar la ciudad”, explica.

¿Por qué ponen rejas los costarricenses?

Habitar la ciudad implica un sentido de comunidad y de apropiación “mientras no vivamos en la ciudad, la ciudad va a ser insegura”, y el ciclo sin fin se continúa alimentando a sí mismo.

“La ciudad enrejada es un problema de percepción de inseguridad cuando en realidad cualquiera sabe que las rejas y los portones no defienden al ciudadano de nada. Los asaltos en vez de reducirse en proporción inversa al aumento del alambre navaja, han aumentado. Los robos, las violaciones, lo crímenes, en vez de reducirse inversamente proporcional al número de guardas privados, han crecido”, amplía el arquitecto.

Pero la sensación de inseguridad es un tema real. Se vive todos los días, se siente todo el tiempo, la gente se siente desprotegida en ciertos lugares a ciertas horas, las noticias cuentan historias que aterrorizan a cualquiera.

Fernández comenta al respecto que “sí hay una inseguridad real, pero a la vez hay una sensación de inseguridad que es mayor que la inseguridad misma”. El fantasma de la inseguridad es más grande que la realidad en las calles.

El cierre de espacios públicos

El fenómeno del enrejado no se desarrolla únicamente en la propiedad privada. Muchos espacios públicos han ido desplazando a los ciudadanos, convirtiéndose en zonas exclusivas que se esconden tras un intimidante portón enllavado.

Patrocinio

Es el caso de plazas como la de la Caja Costarricense de Seguro Social, la del Instituto Nacional de Seguros, la de la Contraloría en La Sabana, la del Hospital Calderón Guardia, y hasta los jardines de la Catedral Metropolitana y de la gran mayoría de iglesias. Todos espacios cerrados.

“Quizá el primer ejemplo de eso fue el campus de la Universidad de Costa Rica que, ya desde finales de los ochentas y principios de los noventas, empezó a ser cerrado con malla de gallinero. Que, aparte de que está mal, es de una vulgaridad excepcional ponerle malla de gallinero al recinto universitario que fue concebido precisamente como una ciudad jardín”, comenta Fernández.

Para el experto en ciudad, el mensaje implícito en el acto de cerrar el espacio público es efectivamente aislar al ciudadano de esa área y de lo que representa, es decirle “usted aquí no entre”.

“Te estoy excluyendo no sólo espacialmente si no te estoy excluyendo del fenómeno del conocimiento superior, con todas las implicaciones tristes que eso tiene en términos sociales. Con la Catedral te estoy excluyendo de un espacio sacro. Con la Caja te estoy excluyendo de un espacio administrativo público, con el Calderón Guardia de un espacio destinado a la salud. Y puedo seguir”.

La crítica del arquitecto es que “los entes que tienen la obligación de brindar espacio público, de hacer espacio público y de brindar la oportunidad al ciudadano, más bien han venido cerrando el espacio público”.

Promover la apropiación del espacio público

Fernández insiste en que es importante que cada ciudadano, desde una acción individual pero estimulando a la colectividad, pueda apropiarse del espacio público, poblar la ciudad y con ello darle vida a los espacios de esparcimiento que ofrece la ciudad. Es fortalecer la ciudadanía y generar un sentido de comunidad y de pertenencia.

“Con la gente joven hay mayor posibilidad de cultivar esa apropiación, porque la influencia de esa sensación de inseguridad que se vivió sobre todo en los años noventa con el famoso fenómeno de los chapulines, no los afecta. Hay mayores posibilidades de trabajar por ahí”, indica.

La ciudadanía tiene por derecho exigir espacios para el disfrute de su ciudad, misma que desde los romanos se concebía en la conjugación de dos elementos, la urbs, refiriéndose a la infraestructura, los edificios, las calles; y la cívitas, refiriéndose a las personas que la habitaban. Una ciudad donde no existe ese sentido de civismo es una ciudad muerta y abandonada.

“La parte dura es la que vendría a cambiar con mayor facilidad si trabajásemos de manera más asidua, más coherente y con políticas orientadas científicamente desde las autoridades, tanto municipales como gubernamentales con acciones tanto formales como informales que no se han hecho”, apunta el experto en ciudad.

Esta movilización, nos va a sacar de nuestro encierro tras las rejas, y si no es la solución total, sí permitiría sanar una buena parte del problema de inseguridad al establecer vivencias más comunitarias. Es traer la confianza que vivimos en el campo a nuestra ciudad.

Hay ciudades latinoamericanas que han logrado transmitir seguridad a sus habitantes, tal es el caso de Polanco en Ciudad de México, donde se ubican estas tiendas sin rejas ni cortinas metálicas, ni de día ni de noche. Algo inconcebible en las ciudades ticas donde las cortinas metálicas parecen ser una ley.

Si le interesa este tema, le recomendamos ver el Documental del cineasta Hernán Jiménez: Doble Llave y Cadena: El Encarcelamiento de una ciudad.

¿Qué le pareció esta nota?

Califíquenos de 1 a 5 estrellas

Si le pareció interesante esta nota,

¡síganos en redes sociales!

¿Cómo podríamos mejorar esta información?

Latest posts by Karla Olivares Hidalgo (see all)

Comentarios

Periodista y productora audiovisual graduada de la Escuela de Ciencias de la Comunicación Colectiva, estudiante de la Facultad de Letras de la Universidad de Costa Rica.

 

Acerca del autor Karla Olivares Hidalgo

Periodista y productora audiovisual graduada de la Escuela de Ciencias de la Comunicación Colectiva, estudiante de la Facultad de Letras de la Universidad de Costa Rica.

Artículos recomendados